La apertura de sesiones ordinarias en el Congreso volvió a mostrar el estilo político que Javier Milei eligió para gobernar: un escenario donde la liturgia institucional se mezcla con el espectáculo.
Hace exactamente una semana, el presidente protagonizó una Asamblea Legislativa reconvertida en show político. Con tribunas colmadas de militantes libertarios y un clima de arenga permanente, Milei desplegó un discurso cargado de provocaciones, burlas y acusaciones contra la oposición. La escena tuvo momentos que parecieron más cercanos a un recital partidario que a una exposición de gestión.
En medio de cánticos como “Panic Show”, el presidente se lanzó contra el peronismo, la izquierda y distintos referentes opositores con calificativos que incluyeron desde “manga de ladrones” hasta “parásitos” o “bestias ignorantes”. La militancia replicó el tono desde las gradas con consignas hostiles mientras el mandatario cerraba su intervención con el eslogan inspirado en Donald Trump: “Hagamos a la Argentina grande nuevamente”.
El episodio no fue solo un gesto de estilo político. También funcionó como una escenografía donde el oficialismo intentó consolidar su relato económico en un contexto donde los indicadores confirman señales menos optimistas que las proclamadas desde la Casa Rosada.
Porque detrás del espectáculo retórico aparece una pregunta inevitable: ¿qué muestran realmente los números de la economía?
La historia económica reciente ofrece antecedentes conocidos. Durante el final del gobierno de Mauricio Macri, cuando la actividad todavía no lograba despegar, el discurso oficial empezó a hablar de “brotes verdes”: señales de recuperación que nunca terminaban de consolidarse en la vida cotidiana. Hoy el relato parece recorrer un camino similar.
El Gobierno celebra indicadores interanuales positivos como prueba de que la economía entró en una fase de crecimiento. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC registró en 2025 un aumento del 4,4% respecto del año anterior. Pero la lectura de ese dato exige mirar la base de comparación.
La economía venía de un 2024 atravesado por una fuerte contracción derivada del ajuste fiscal, la caída del ingreso real, la paralización de la obra pública y la reducción del crédito. Sectores como la construcción, el comercio y la industria registraron descensos pronunciados.
En ese contexto, la mejora posterior puede generar tasas interanuales positivas sin que eso implique necesariamente una expansión sólida de la actividad.
El ejemplo más simple ayuda a entender el fenómeno: si una economía cae de un nivel 10 a un nivel 5 pierde el 50%. Si luego vuelve de 5 a 10, el crecimiento estadístico es del 100%, aunque el punto de llegada sea el mismo desde donde comenzó la caída. Ese efecto base aparece cada vez con más fuerza en los indicadores actuales.
La recaudación como muestra
Uno de los termómetros más claros para medir el pulso de la economía real es la recaudación tributaria. En febrero, los recursos tributarios alcanzaron los 16,2 billones de pesos, según informó la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). El dato muestra un aumento nominal del 20% interanual, pero al descontar la inflación se traduce en una caída real cercana al 9%.
Se trata del séptimo retroceso consecutivo en términos reales. El principal impuesto del sistema, el IVA -directamente vinculado al consumo- recaudó $5,4 billones, con una baja real del 13,7%. El deterioro del mercado interno aparece como el factor central detrás de esa contracción.
Otros tributos replican la misma tendencia. El impuesto a los débitos y créditos bancarios registró una merma real del 7,7%, mientras que los ingresos por Seguridad Social cayeron 5,5% en términos reales. Incluso los tributos vinculados al comercio exterior reflejan un deterioro significativo: las retenciones a las exportaciones se desplomaron cerca de 40%, en parte por la reducción de alícuotas dispuesta por el propio Gobierno.
De acuerdo con estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la recaudación nacional acumulada del primer bimestre de 2026 habría caído 8,7% en términos reales. El dato no es menor. Cuando el consumo cae, el impacto no solo se siente en la actividad privada. También golpea directamente la caja del Estado y, por extensión, la de las provincias.
La industria como ejemplo
Otro sector que muestra con claridad las tensiones de la economía es la industria. Según el INDEC, la actividad manufacturera retrocedió 3,9% interanual en diciembre, consolidándose como uno de los sectores más rezagados del proceso económico actual. El deterioro generó un movimiento inusual entre las provincias del Norte Grande. Representantes industriales de Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán se reunieron recientemente en San Miguel de Tucumán para plantear un reclamo conjunto. El diagnóstico fue contundente: el entramado productivo regional atraviesa un escenario de “incertidumbre creciente que pone en riesgo la continuidad de muchas actividades”.
Los empresarios solicitaron declarar la emergencia industrial para el Norte Grande y reclamaron medidas como financiamiento productivo, alivios impositivos y políticas que ordenen el ingreso de importaciones. El temor no se limita a los balances empresariales. Como advirtieron los industriales, cuando una fábrica cierra en el interior del país “no se pierde únicamente una línea de producción: se pierde arraigo, empleo y desarrollo territorial”.
La calle como pulso
Mientras los indicadores económicos se deterioran, las encuestas comienzan a reflejar un cambio en el clima social. Un relevamiento de la consultora Zuban Córdoba realizado a 1.500 personas en todo el país muestra que la principal preocupación de los argentinos ya no es la inflación, sino el ingreso.
El 28,5% de los encuestados señala a los bajos salarios y la pérdida del poder adquisitivo como el principal problema económico. La falta de empleo aparece en segundo lugar con 22,7%, seguida por la inflación con 17,7%. Para los jóvenes de entre 18 y 30 años, la preocupación dominante es directamente la desocupación, que alcanza 34,5%.
El diagnóstico del consultor Gustavo Córdoba resume el momento: Argentina atraviesa un período de “ansiedad de ingresos”, donde la discusión económica dejó de centrarse exclusivamente en los precios para enfocarse en la capacidad de las familias para llegar a fin de mes.
En paralelo, los cierres de empresas y los recortes de personal empiezan a multiplicarse. En las últimas semanas, se conocieron casos resonantes como el cierre de la histórica fábrica de neumáticos Fate o el de firmas textiles y alimenticias, además de recortes en grandes compañías.
El contraste entre el relato oficial de recuperación y la percepción cotidiana empieza a generar una brecha difícil de disimular.
Absorbiendo el impacto
Ese escenario nacional también tiene consecuencias concretas en las provincias. En Misiones, la tasa de desempleo pasó de 2,7% en el tercer trimestre de 2023 a 4,8% en el mismo período de 2025, según datos del INDEC. Aunque el nivel sigue por debajo del promedio nacional, el aumento refleja un deterioro del mercado laboral.
La situación se agrava por la caída de los recursos que llegan desde la Nación. En febrero de 2026, las transferencias automáticas enviadas a la provincia registraron una caída real interanual del 7,8%, mientras que el acumulado del primer bimestre muestra un retroceso del 7,7%. El motivo es el mismo que golpea a todo el país: la caída de la recaudación de IVA y Ganancias, los dos tributos que explican cerca del 94% de la masa coparticipable.
A eso se suma la reducción de subsidios nacionales. Las cooperativas eléctricas de la provincia ya advierten que el nuevo esquema limitará el subsidio energético a 150 kilovatios por hogar, lo que obligará a muchas familias a pagar el resto del consumo a tarifa plena.
En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, el presidente de la Federación de Cooperativas Eléctricas de Misiones, Ángel Kuzuka, fue directo: “Las cooperativas no podemos hacernos cargo de ese subsidio que deja de pagar la Nación”. En paralelo, el dirigente reveló que la morosidad en el pago de las facturas prácticamente se duplicó en los últimos seis meses, un indicador que refleja con claridad el deterioro de la capacidad de pago de los hogares.
En el terreno
El gobierno de Javier Milei logró consolidar una narrativa política potente, basada en la confrontación permanente y en un relato económico que promete una recuperación y que, cada dos o tres meses, corre las expectativas. Mientras el espectáculo político ocupa el centro de la escena, los datos muestran una realidad más compleja. La recaudación cae, la industria reclama asistencia, el empleo se debilita y las provincias empiezan a sentir con mayor intensidad el impacto de las decisiones macroeconómicas.
La economía argentina, como tantas veces en su historia, vuelve a moverse en esa zona donde el relato de crecimiento convive con señales de enfriamiento en la actividad. Y en ese contraste entre el escenario y los números, entre la tribuna y la calle, empieza a definirse la verdadera dimensión del momento económico.





