La distancia geográfica entre el Estrecho de Ormuz y la pampa húmeda -o los yerbales misioneros- es una ficción que la economía global se encarga de demoler cada vez que hay sonidos de guerra en el Golfo Pérsico. La reciente escalada de tensión en Medio Oriente no es solo un capítulo más de la geopolítica internacional: para Argentina representa un cambio de reglas de juego en dos de sus motores principales, el campo y la energía.
“Hoy vemos los hilos finos de la globalización. Todo está tan conectado que lo que pasa en un lugar termina teniendo efectos directos sobre el resto del mundo”, explicó el magíster en Relaciones Internacionales Nicolás Mondino, integrante del Programa de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Nacional de Córdoba, en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Aunque Medio Oriente no figura entre los socios comerciales más relevantes del país, Mondino advierte que el impacto llega igual. “No son socios fundamentales para Argentina, pero lo que pase allí termina afectando nuestra economía, sobre todo por el aumento del precio del petróleo y sus derivados”, señaló.
El agro en la mira: logística y fertilizantes
Más allá de las declaraciones políticas y los alineamientos diplomáticos de la Casa Rosada con Israel y Estados Unidos, el impacto más inmediato es el pragmático. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos son compradores habituales de manufacturas de origen agropecuario (MOA), pero el conflicto pone en jaque la fluidez de las rutas comerciales.
“Esto supone, en principio, una dificultad logística”, explica Mondino. No se trata solamente de que los barcos lleguen o no a destino: la variable decisiva es cuánto cuesta que lo hagan. El aumento de los fletes internacionales y el encarecimiento del transporte son factores que el exportador argentino no puede controlar.
Sin embargo, el riesgo mayor aparece incluso antes de que la mercadería salga del país: los fertilizantes.
“Argentina es un importador importante de fertilizantes producidos en Medio Oriente, especialmente urea”, advirtió el especialista. Si el conflicto altera la producción o el comercio en esa región, el impacto en los costos agrícolas sería inmediato.
En otras palabras: la guerra podría encarecer la producción local justo en el momento en que el agro necesita recuperar competitividad.

El factor petróleo: ¿ganancia o espejismo?
La guerra de desgaste que plantea Irán tiene un arma predilecta: el precio del barril. Antes del estallido del conflicto, el crudo se movía entre los 60 y 70 dólares. Hoy ya superó los 80 dólares y algunas proyecciones lo ubican cerca de los 100.
“Ese aumento impacta directamente en los costos de transporte y en la logística comercial global”, explicó Mondino.
Para una Argentina que apuesta fuerte al desarrollo de Vaca Muerta, el escenario abre una paradoja. Por un lado, un barril caro puede representar una oportunidad: mayores ingresos por exportaciones energéticas. “El aumento del precio del petróleo podría generar un ingreso extra de divisas por exportaciones argentinas de crudo y derivados”, señaló.
Pero al mismo tiempo existe el riesgo de que esa suba termine trasladándose a la economía doméstica. Aunque desde las petroleras intentan transmitir calma, el desenlace dependerá de la duración del conflicto. “Irán sabe que no tiene el mismo poderío militar que Estados Unidos o Israel, pero sí la capacidad de jugar una guerra de desgaste y prolongar el conflicto”, analizó el especialista.
El tablero político y el rol de China
Al margen de la cuestión comercial, el alineamiento del Gobierno argentino con Israel y Estados Unidos también introduce una dimensión geopolítica en el escenario. Sin embargo, el factor más determinante podría estar en Asia.
China compra cerca del 80% del petróleo que exporta Irán, lo que convierte a Beijing en un actor clave para entender las consecuencias del conflicto. “Si la economía china se ve afectada por el costo energético o por sanciones, eso termina repercutiendo en la economía mundial”, explicó Mondino.
Y cuando la economía china se mueve, Argentina también lo siente: el gigante asiático es, junto a Brasil, uno de los principales socios comerciales del país.
A esto se suma otro dato estratégico: casi un cuarto del petróleo mundial transportado por vía marítima pasa por el Estrecho de Ormuz, una zona donde Irán tiene capacidad de influencia directa.
Un cierre parcial o una interrupción del tránsito comercial en ese punto sería un terremoto para el comercio internacional.
Argentina, entre la oportunidad y el riesgo
El resultado final de este conflicto sigue siendo incierto y para Mondino, la clave está en que los mercados reaccionan rápidamente ante escenarios de inestabilidad. “Todavía no tenemos el diario del lunes”, resumió el analista.
En momentos de tensión global, los inversores suelen refugiarse en activos considerados seguros, lo que complica a economías emergentes que buscan capitales. Pero al mismo tiempo, el aumento de los precios de las materias primas podría generar un alivio fiscal para países exportadores como Argentina.
El problema es que ese respiro llega con costos: inflación en los insumos, presión sobre el transporte y una economía global más volátil.
En un mundo hiperconectado, donde los barcos que cruzan Ormuz determinan el precio del combustible a lo largo y ancho del país, la guerra deja una certeza incómoda: la distancia geográfica ya no es una protección económica.




