Citrex: un gigante que dejó su huella en Puerto rico

El proceso de montaje se extendió desde finales de 1950, hasta 1963. Se mantuvo en permanente expansión y alcanzó su más alta performance en la década del 70, cuando comienza lentamente la declinación. El 30 de diciembre de 1993 se pararon definitivamente los motores.

25/07/2021 19:14

Muchas son las historias de fábricas que se erigieron como grandes moles para sostener la economía de pueblos argentinos. Misiones no es la excepción, casi en cada municipio la historia reserva un apartado para explicar el por qué de grandes edificaciones corroídas. Igual que la Capital Provincial de la Industria. Aquí, a orillas del Paraná, Citrex supo concentrar a más de una centena de operarios que hicieron de su trabajo su vida, la misma que vieron ir apagándose sin remedio. Tiempos que la docente Leonor Kuhn incluyó en sus investigaciones y compartió con Ko’ Ape.

El año 1959 marcó un hito importantísimo en el desarrollo de Puerto Rico, con la puesta en marcha de la usina generadora de electricidad, de la Cooperativa Luz y Fuerza Libertador General San Martín. Nuevos emprendimientos industriales se sumaron a los ya existentes, sentando las bases de una época dorada de la industria local, que sería recordada y añorada por generaciones.

Por entonces, llegó Citrex, considerada la fábrica de jugos cítricos concentrados más moderna e importante del país. Conformaba una sociedad anónima con capitales argentinos, administrada y gerenciada por un directorio cuyos integrantes eran de Buenos Aires y Puerto Rico. Funcionó hasta mediados de 1992 y en 1998 cerró definitivamente.

Varias fueron las entrevistas que Leonor Kuhn llevó a cabo oportunamente, entre ellas al ingeniero Piceda, quien arribó a Puerto Rico en el año 74 y estuvo hasta el 82, desempeñándose como jefe de mantenimiento y para quien trabajar en la Citrex en aquellos años significó estar en un ambiente familiar, hacerse amigos, “era nuestro mundo, no teníamos mucha relación con personas ajenas a la empresa”.

 

Crecer, crecer… Caer

Para comprender la magnitud de esta empresa, el impacto que generaba en la dinámica de la población de la ciudad y alrededores, debe considerarse, por ejemplo, que la fábrica en su punto más alto llegó a tener 240 puestos de trabajo directo, que llegaban a 320 en los momentos pico de cada temporada. A quienes se sumaban los trabajos subsidiarios que genera una empresa de estas características.

La temporada arrancaba en marzo con limones, naranja inverniz, pomelos, mandarinas, después otras variedades de naranjas, la producción iba hasta octubre a veces hasta noviembre. El receso era en diciembre, enero y febrero, cuando entraba el grupo de mantenimiento y los administrativos que hacían balances e inventarios.

Algunas cifras remiten a la envergadura de la empresa para la región y provincia: exportaba por sí sola el 70% de los jugos cítricos del país. Por día se procesaban 350 toneladas de frutas y diariamente una flota de 35 camiones dejaba la materia prima acopiada básicamente en la provincia. La fábrica consumía 120 toneladas de leña por día, para alimentar su propio generador de energía, dado que el abastecimiento de la cooperativa de luz era muy deficitario durante el máximo desarrollo fabril de la empresa.

 

 

Citrex estuvo en proceso de montaje desde fines de la década de 1950, hasta 1963, cuando se comenzó con la producción.

Al comienzo sólo se extraía jugos y la fruta exprimida con cáscara, era arrojada al río Paraná, que de lejos parecía una gran mancha amarilla derramada por un descuidado pintor. Miles de pacúes y otros peces acudían atraídos por ese manjar. Y cada vez más pescadores se amontonaban en la costa, por hobby o necesidad.

Pero nadie volvía con las manos vacías. Eran tiempos donde se pescaba de verdad y los relatos que hoy parecen fantásticos, tenían la simplicidad de lo común.

La empresa fue creciendo y en permanente expansión, por lo que puede hablarse de distintas etapas, con un directorio que fue cambiando, igual que la política de la empresa y tras haber alcanzado la más alta performance en la década de 1970, comienza lentamente su declive.

El 30 de diciembre de 1993, se pararon definitivamente los motores. Siguió funcionando un tiempo la cámara de frío, hasta vender todo, y luego sobrevino el proceso de quiebra que terminó con el cierre definitivo en 1998.

Ramón Alvarenga fue uno de los tantos trabajadores que fue parte de este gigante, desarrolló tareas administrativas y estuvo en contacto diario con información relevante sobre la marcha de la empresa. Comenzó a trabajar en Citrex a mediados del 68, por trece temporadas. Por entonces estaba como presidente de la empresa Erwin Forró, con Hilario Johann, Pablo Wertheim, Arnoldo Wertheim como directores y Enrique Giraldez, director general, equipo que permaneció hasta 1980, cuando la fábrica se vendió a Pittsburg, con el director Junge, Schocklender y otros.

Hilario Johann continuó un tiempo más para asesorar a los nuevos directores y luego también se alejó.

 

Tiempos de esplendor

En aquella oportunidad Alvarenga recordó a Leonor Kuhn que era una empresa modelo en todo sentido. “Es impresionante la movida que generó esa fábrica en Puerto Rico y en tantos lugares de la provincia donde ejerció su influencia”.

Se fabricaba jugo concentrado que en un 95% iba a exportación y, a medida que la empresa satisfacía pedidos de compradores internacionales, iba desarrollando nuevos productos, al punto que el aprovechamiento de los cítricos era integral. Desde la cáscara a la pulpa. Se elaboran distintos tipos de jugos y producían desde vitaminas, sustancias químicas, colorantes, hasta pectinas para la gelificación de las mermeladas y aceite esencial.

Se exportaba a Japón, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos e Israel, entre otros. Quien compraba producción del extranjero, mandaba un químico o técnico a la empresa, que especificaba las características que debía tener el producto y supervisaba la producción.

Puerto Rico se había transformado en el lugar de residencia circunstancial de verdaderas personalidades del mundo de la industria especializada. Técnicos altamente calificados venían en representación de sus firmas compradoras a dirigir la elaboración del producto que deseaban comprar. Normalmente esta gente se hospedaba en el Hotel Suizo, luego en una casa residencial, cerca de la fábrica construida con ese propósito.

 

La comunicación sin tecnología

Es interesante recordar cómo funcionaba la comunicación, que siempre fue un tema central en cualquier empresa, pero que hoy, con el desarrollo tecnológico, está como naturalizado acceder instantáneamente a cualquier parte del mundo. En tiempos de Citrex, que también tenía contactos con clientes de todo el mundo y con Buenos Aires, donde estaban las oficinas centrales de la empresa, no era tan sencillo.

“Lo primero que hacía por la mañana cuando llegaba, era llamar a la central telefónica local (con operadora) a pedir número telefónico a Buenos Aires, y a veces recién a mediodía salía la comunicación. Yo tenía que preparar el informe diario, desde el estado del tiempo, la producción, los embarques, despachos, completo, todas las novedades, todo. Nos comunicábamos con Buenos Aires primero por radio con una señal distintiva, ubicada en Pacheco, a partir de la cual se comunicaba luego por teléfono. Después la empresa instaló una radio B.L.U. (Banda Lateral Única) que tenía un horario convenido para transmisión diaria. Equipos similares había en Eldorado, Formosa, Salta, Tucumán Cipolletti. Estaba la teletipo (El fax de hoy en día)”, memoró Alvarenga.

No podemos dejar de mencionar a grandes rasgos, cómo era la circulación de la materia prima, hasta convertirse en producto final: “Vienen los camiones hasta la báscula, se pesa, se descarga en tolvas, por cinta transportadora va a silos, después va a las lavadoras, que lavan la fruta, las ralladoras que rallaban la cáscara para la producción de esencia, después a la exprimidora FMC (era la marca), el encargado de la FMC era el técnico Quinteros, puesto por FMC. Luego se iba a una máquina secadora con serpentina que condensaba el jugo. Las escamas deshidratadas de la cáscara se enviaban a Dinamarca, también de ahí vinieron técnicos a supervisar la producción. El jugo concentrado tiene la consistencia de la miel. Se lo envasa en tambores con doble bolsa de polietileno y se lo transporta en forma de congelado a 20° bajo cero o bien con aditivo para su mantención”, añadió entonces Ramón.

El idioma común de los técnicos más calificados, tanto japoneses como europeos, era el inglés. Tal es así que la empresa contrató a Leticia Acosta para capacitar al personal jerárquico que debía tratar con los extranjeros. Con el alemán había menos problema, ya que había personal que se manejaba con ese idioma, por ejemplo, Tito Fank, Ignacio Kuhn y otros.

Efren Rauber durante su intendencia gestionó el acceso asfaltado hasta la planta, aprovechando la presencia de la empresa “Polledo”, concesionaria de la construcción de la nueva traza de la ruta 12. Primero hasta la Plaza de la Madre, luego el tramo hasta la fábrica, eso facilitó mucho el tránsito de camiones.

 

Citrex más allá de Puerto Rico

Clemente Simon también se desempeñó en la empresa desde octubre de 1976 hasta el 30 de junio de 1980 y su experiencia en contacto con las áreas de producción de la materia prima, da un interesante panorama del desarrollo citrícola de la provincia en aquel momento.

Tenía que reportar al directorio, concretamente en la persona de don Hilario Johann, en base al relevamiento de la producción, la cantidad de cítricos que había en la provincia. Hacía permanentes recorridos prácticamente por toda la provincia haciendo censos de las plantaciones. Recuerdo que había mucho limón en aquella época, por ejemplo en Andrade, Cerro azul, Bella Vista, Cerro Corá, Taranco, Gisela, Urquiza, Montecarlo, Eldorado, en fin, prácticamente toda la provincia donde se concentraban los mayores polos de aprovisionamiento de la fábrica.

Las compras se manejaban desde la empresa o con los intermediarios o acopiadores. En Puerto Rico estaba Roberto Bolliger; en Montecarlo, Carlos Ranger; en Eldorado, Miguel Notidge y había una especie de sucursal atendida por Kappler.

Los intermediarios acopiaban, pagaban un precio al productor y la Citrex les abonaba una comisión, pero pagaba directamente al productor. En algunos casos, cuando la producción era mínima, por ejemplo una o dos toneladas, se acordaba directamente con el acopiador y éste arreglaba con la fábrica. Otra tarea era llevar a los técnicos a Formosa, por ejemplo, que dependía de Misiones. En un tiempo la Citrex tenía a su cargo en Montecarlo lo que se conocía como “Citrícola Anahí” y había que visitar las chacras, también Parejha, a cargo del ingeniero Rossi.

El objetivo de los relevamientos era tener una idea de la cantidad de materia prima con la que se podía contar en cada zafra. Esto da cuenta de la estricta planificación de la empresa que no dejaba nada librado al azar.

Misiones tiene una ventaja en los cítricos en cuanto a las naranjas que se caracterizan por el dulzor y color intenso del jugo. Eso las hizo apetecibles para el mercado internacional. En Formosa básicamente se procesaba pomelos o se modificaban jugos.

Obviamente, los permanentes viajes dentro de la vasta zona de influencia de Citrex, teniendo en cuenta que era época militar, tenían a veces sus complicaciones.

Otros compañeros fueron Tito Fank, Adolfo Velázquez, “Chino” Sánchez, Mariano Torres, “Pocho” Salvador Ramón Alvarenga, Chaní Benítez, Roque Emanuele, entre tantos otros…

El adiós, que aún duele

Esto fue Citrex desde el inicio y su etapa más exitosa, lo que significó para la economía de la región, lo que movilizaba en su conjunto. ¿Qué tuvo que pasar para que un emprendimiento industrial de semejante envergadura, sólido, aparentemente sustentable, se convierta paulatinamente en una ruina en todo sentido?

Según algunos, los cambios de directorio y su consecuente política de la empresa, con decisiones poco acertadas, podrían haber afectado el ritmo ascendente de los momentos anteriores. También es cierto, que a partir de la política económica del ministro Martínez de Hoz, en tiempos del gobierno militar, que impuso la paridad del dólar con el peso, los intereses altísimos y la famosa indexación, trajeron como consecuencia la baja rentabilidad de los productos de exportación, el endeudamiento creciente de la empresa hasta límites insostenibles.

Muchos vecinos destacados de Puerto Rico tuvieron protagonismo en Citrex, en sus diferentes etapas: ingeniero Lamarque, ingeniero Campanella, Carlos Sommer, Federico Schuster, Juan Dávola, gerente general de Citrex y de todo el área Misiones a partir del año 1980 y durante los cuales la fábrica funcionaba a pleno, y tantos otros… También personal femenino en administración, enfermería, etc.

El epílogo de esta historia es conocido por todos: centenares de empleados sin trabajo, largas luchas sindicales para obtener el pago de despidos, pérdida paulatina de grandes extensiones de cultivos citrícolas en la provincia y todo lo positivo ya mencionado.

Queda el recuerdo de una población numerosa que transitó por Citrex en algún momento, adquiriendo experiencia laboral en una fábrica modelo, que contribuyó en buena medida a ser “Capital de la Industria”. Como los tiempos económicos son cíclicos, queda la esperanza que alguna vez, nuevas condiciones permitan reeditar o crear otros grandes emprendimientos, que escriban las mejores historias de las próximas décadas. Leonor Kuhn.

FÁBRICA DESMANTELADA. Hace poco sirvió de escenario de “Moebius”, de la directora Rocío Kopp, quien buscó rescatar uno de los lugares más reconocidos en la zona por su estética, estructura, grafittis, su vista hacia el río Paraná y la frontera con Paraguay, para su cortometraje en el que cuenta la historia de una fotógrafa que descubrirá estar viviendo algo inesperado durante una jornada de trabajo. (Foto Silvia Büttner)