De la noticia al contenido y de la ética al clic

La lógica que trajo la universalización de Internet con el afán por generar tráfico a sus sitios web a costa de los pilares fundantes del periodismo se convirtió en un signo de época para los principales medios de comunicación, lo que potenció la superabundancia de información en una sociedad que mientras más demanda más se desinforma.

05/04/2021 15:18

La lógica que trajo la universalización de Internet con el afán por generar tráfico a sus sitios web a costa de los pilares fundantes del periodismo se convirtió en un signo de época para los principales medios de comunicación, lo que potenció la superabundancia de información en una sociedad que mientras más demanda más se desinforma, pero también contribuyó a una mayor desregularización laboral y alteró las formas de construir una noticia, según plantean Luciano Sáliche y Andrés Correa en “Clics, precarización y resistencia en el periodismo”.

El segundo título de la editorial Síncopa es la foto en movimiento de un campo que en los últimos años ensanchó sus disputas éticas y profesionales reformulando muchas de sus premisas conceptuales. Dividido en cinco capítulos, el volumen toma como punto de partida el escenario político reciente, desde el debate por la comunicación durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el ajuste de los medios públicos con la gestión de Mauricio Macri, hasta los efectos de la pandemia.

El libro también explora el paradigma que trajo el negocio por la atención en Internet y las estrategias de los medios para convocar a sus lectores en una inmensidad de contenidos que esperan ser captados con un clic, ya que a medida que el algoritmo moldea las preferencias se perpetúa “la comodidad del antagonismo”. La paradoja de la desinformación en una sociedad que peca de sobreinformación, el descreimiento en los medios y la cultura de la posverdad, son algunos de los fenómenos que recupera este ensayo.

Pero no todo es sombra: “Clics….” también alumbra las resistencias para “pensar el periodismo por fuera de la lógica empresarial de la sobreproducción y el clic a toda costa”, señalan Luciano Sáliche (Chivilcoy, 1988), licenciado en Ciencias de la Comunicación, director de la revista Polvo y delegado gremial por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires; y Andrés Correa (Mar del Plata, 1985), redactor independiente y también licenciado en Ciencias de la Comunicación.

¿En qué medida la eficacia de la polarización mediática, tan propia de la contienda en las redes sociales y retomada por los principales medios, puso en cuestionamiento valores o principios clásicos del periodismo?

Luciano Sáliche: El otro día Mario Portugal planteaba algo interesante: con Internet, después de medio siglo de dominio de la televisión, volvimos a leer, pero nos olvidamos cómo hacerlo porque estamos inmersos en la cultura de la imagen y la forma en que leemos es pasiva y acrítica. La eficacia de la polarización tiene que ver con eso y muchos medios lo suelen usar a su favor: es más fácil apelar a la indignación del lector con un buen título que abrir un debate, brindar argumentos, invitar a pensar. Y a más clics, mejor cotización en el mercado publicitario. Pero es Internet la que impone esa lógica donde el algoritmo te bombardea con contenidos afines. Esa sensación de batalla permanente hace que la práctica periodística se erosione a tal punto que el periodista se robotiza y trabaja en función de la viralización.

Mientras la “lógica del clic” modifica las variables con las cuales se pensaba el periodismo ¿de qué modo impacta eso en el afán de obtener la “atención” de los lectores?

Andrés Correa: La “lógica del clic” hace que los medios amplíen el criterio de lo que puede ser noticia y estas comienzan a teñirse de un concepto más amplio como el de contenido. En Internet todo es medible y para llamar la atención de los usuarios, las empresas saben que no alcanza con las noticias sobre la coyuntura política y económica, aquellas que convierten al periodismo en un servicio público para la ciudadanía. Nosotros hablamos de “poner de pie a la pirámide”, ya que históricamente el periodismo trabajó con la lógica de la pirámide invertida, es decir, con la información más importante en el título y la bajada, pero en Internet lo más importante en general se reserva para el cuerpo de la noticia, obligando al usuario a ingresar al enlace si quiere completar la información.

Escriben que “en la era digital del periodismo, el contenido descentraliza la noticia tiñendo todo de entretenimiento”, ¿cómo combinar entretenimiento y periodismo adaptándose a los consumos del presente?

A.C.: Joao Canavilhas habla del webperiodismo como un nuevo paradigma para generar contenido en el cual se utilizan todas las potencialidades que ofrece Internet: texto, imagen, sonido, video, hipervínculo, interactividad, y de esta manera se le ofrece al usuario la posibilidad de que haga el recorrido de lectura a su gusto. Esta sería una posibilidad, pero para crear las noticias de esta manera se necesita tiempo, lo que escasea en las salas de redacción. En el fondo, la discusión se reduce a las condiciones de trabajo: mientras más precarización, mientras más volumen de contenido, mientras más producción en serie, menor será la calidad periodística.

Y en ese punto, sostienen que el periodismo es un actor clave en el caudal informativo de Internet pero que eso no se tradujo en mejoras laborales ¿cómo leer este panorama con la precarización vinculada a la desregularización del mercado laboral con el auge del mundo digital?

L.S: La precarización de los trabajadores de prensa se ubica en un contexto general que muchos definieron como “uberización de la clase obrera”: el auge de plataformas que llevaron a la práctica la prédica de la época: autoexplotarse. Salarios bajísimos, derechos mínimos y voluntarismo: para llegar a fin de mes hay que hacer jornadas laborales larguísimas. Dentro de este escenario, en el periodismo creció la figura del freelance o colaborador que trabaja por notas. En general se paga poco y es casi imposible obtener un salario digno haciendo periodismo freelance. Internet como “terreno nuevo” posibilita esta precarización aunque el problema de la desregulación laboral es la retirada del Estado, que deja a los trabajadores librados a los caprichos del mercado.

Y en esta desregulación que hace que haya mucha oferta de noticias y donde la primicia ya no es un plus diferencial de los medios de comunicación ¿se complejiza el rol de el o la periodista?

A.C: Sí, se ha complejizado y en diferentes sentidos. Producto de la desregulación de sus tareas, hoy se habla del periodista orquesta: aquel que ya no sólo escribe, investiga y realiza nuevas hipótesis, sino que también se le exige que realice otras tareas como retocar fotos o editar videos. Pero también está la exigencia de escribir para un medio digital, con lo cual es clave saber cómo lograr un buen posicionamiento en los motores de búsqueda y conocer cómo funcionan los algoritmos de las redes sociales (desde hace un tiempo Facebook comenzó a sancionar a los titulares “clickbait”, carnada para el clic). Entonces el periodismo digital compite con las redes sociales por las primicias y la atención de los usuarios, pero también necesita de ellas y Google para mejorar el alcance de sus noticias.

Si el periodismo tiene un lugar preponderante en el caudal informativo de la red ¿cuáles creen que son los retos?

L.S.: El primer reto es comprender el escenario y preguntarse qué es el periodismo hoy: si el “guardián de las noticias”, un curador de información, un opinador serial o un replicador de todo lo que existe. Pero sin periodistas, sin trabajadores de prensa, no hay periodismo. El gran desafío quizás sea poner al periodismo delante del mercado y no atrás. Los medios autogestivos y su búsqueda de independencia ofrecen una buena resistencia. También la organización sindical: la lucha por mejores condiciones laborales genera, en última instancia, una mejor calidad periodística. Para hacer buen periodismo, para que exista esa posibilidad, hay que terminar con la precarización y también dejar, al menos por un rato, la fascinación por los likes y la polarización fácil. Quizás después llegue esa ética, con la inteligencia y la sensibilidad como motores vitales.