Piedra sobre piedra, el sueño fue tomando forma

La Escuela Normal Superior Nº 12, de Bernardo de Irigoyen celebró sus bodas de oro el 24 de marzo. nació como respuesta a una necesidad de la comunidad, en una casa de madera, cedida por la policía de Misiones. en tres turnos posee una currícula de 800 estudiantes.

31/03/2021 18:37

En marzo de 1971 comenzó a dar sus primeros pasos lo que hoy se conoce como Escuela Normal Superior N° 12 y Anexo comercial. La iniciativa surgió como respuesta a la necesidad de la comunidad de contar con un establecimiento educativo de enseñanza secundaria.

En una antigua casa de madera cedida por la Policía de Misiones y ubicada al lado de la comisaría local (calle Belgrano entre Guacurarí y Ameghino), 67 alumnos dieron inicio al ciclo básico comercial de la localidad. La dirección del nuevo establecimiento fue ejercida por el profesor Gualterio Sequeira, a cargo también de las horas de geografía. Entre el personal afectado a la tarea educativa, se recuerda a Leonardo Petruk, docente de matemática, y Vilma Insúa de Belloni y a Rosa Maruñak de Sequeira, como celadoras.

En 1973, merced a gestiones de toda la comunidad, y el aporte del Gobierno provincial, fue levantado un edificio propio sobre un terreno ubicado en la manzana N° 97 (calle Constitución), que se inauguró el 15 de mayo. A partir de ese año también se incorporaron al plantel docente, los profesores Tarcisio Reckziegel, de historia, y Horacio Rodríguez, de biología y química. En 1974, el establecimiento cambió su denominación y desde entonces comenzó a llamarse Escuela Provincial de Comercio N° 9.

El 29 de noviembre de 1975 surgió la primera promoción de peritos mercantiles, integrada por trece alumnos: Beatriz Becker, Hortensia Cremonini, Carmen Frischeisen, Elsa Garayo, Norma Ibarra, Albina Leutgeb, Elida Silva Dico, Balbina Wrubel, Daniel Barreto, Mario Brítez, Fidel Brítez, Eduardo Giordano, y Alcides Junes.

El año 1978 trajo consigo la creación de la Biblioteca Pública “Mariano Moreno” y en 1981 se celebró la primera década de vida de la Escuela. Para conmemorar este acontecimiento se realizaron numerosas actividades deportivas y artísticas. En 1985 se efectuaron las elecciones del Centro de Estudiantes. En la oportunidad se presentaron tres listas: la blanca, la azul y la roja, resultando ganadora la primera. La comisión directiva quedó conformada por los alumnos: Sandra Montiel, presidente; Elena Cury, secretaria; Eduardo Camejo, tesorero; Luis Galeano, primer vocal; Gustavo García, segundo vocal; Guillermo Mander, tercer vocal, y Marcelo Orfali, cuarto vocal. Ya en 1989 se creó el profesorado de enseñanza primaria, mutando nuevamente la denominación de la escuela, que pasa a llamarse Escuela Normal Superior N° 12 y Anexo comercial.

En 1991, el establecimiento llegó a sus veinte marzos y es en ese mismo año cuando surgió la primera promoción de profesores para la enseñanza primaria. La nota de la fiesta aniversario fue la participación del primer presidente de la cooperadora escolar, Enrique Sussini, y los exalumnos de la primera promoción, Elsa Garayo y Leonardo Romero, quienes tuvieron el privilegio de cortar la torta del 20 Aniversario.

A comienzos de 1994 se creó la tecnicatura en Comercio Exterior (Resolución N° 4181 del Consejo General de Educación) en el anexo de la Escuela Normal y se dio inicio al ciclo lectivo. En 1996 la institución alcanzó sus 25 años de vida y en ese año egresó del establecimiento la primera promoción de técnicos en comercio exterior y la vigésimo segunda promoción de peritos mercantiles. El 2001 invitó a un nuevo aniversario, cumpliendo 30 años de historia en el seno de la comunidad irigoyense, acompañando la escuela el crecimiento de la ciudad. En 2011, el 22 de marzo la escuela Normal Superior N° 12 y Anexo comercial alcanza los 40 años. Y este año, en un escenario especial, llegaron las Bodas de Oro.

Nota elaborada a partir del libro histórico de la Escuela Normal y al trabajo “Seminario de la Educación: reseña histórica de la Escuela Normal Superior N° 12 y Anexo comercial”, de Laura Cristina Amarilla, Aurora Ofelia De León, Andrea Rosangela Farías y María Mercedes Zawadski, realizado en 1996, en el marco de sus estudios en esa casa de estudios. Texto publicado en el diario El Pepirí, bajo la dirección de Silvio Novelino.

 

Fecha grabada en el corazón

El 24 de marzo es un día muy especial para los exalumnos de la Escuela de Comercio N° 9, de Bernardo de Irigoyen –hoy Escuela Normal Superior N° 12 y Anexo comercial-. Pero toda ilusión de volver a juntarse, verse, abrazar, celebrar, quedó trunca por la pandemia. Los alumnos de la primera promoción querían reencontrarse, dar las gracias a la comunidad toda, y homenajear a los cuatro compañeros fallecidos (Ibarra, Cremonini, Junes y Brítez) y al primer director, Gualterio Sequeira, pero la muerte lo sorprendió el pasado 8 de marzo. Quizás el 11 de julio, durante el centenario de la localidad, pueda ser una fecha para el reencuentro soñado, anhelado, aunque poco probable por el regreso de las restricciones.

“Fue una institución anhelada por la comunidad. Forma parte de la historia de Bernardo de Irigoyen, porque fue la primera escuela secundaria que se fundó en el extremo más oriental del país, donde nace el sol, donde comienza la Patria”, manifestó Elsa “Petty” Garayo, de la primera promoción, exdiputada provincial y miembro del Directorio del IProDHa.

Contó que allá por 1970 apareció un señor, flaco, alto, de nombre Gualterio “Pechito” Sequeira. Venía desde Posadas, del seno de una familia “que le interesaba mucho la educación. De hecho, su hermana Elsa, fundó varias escuelas. Llevado por esa emoción y esa aventura de crear una escuela en un lugar lejano, llegó a Bernardo de Irigoyen y se encontró con que no había secundario”.

Empezó a hablar con los vecinos, padres, e inició un relevamiento para saber cuántos alumnos egresaron de la primaria, y no seguían estudiando. El Ministerio de Educación exigía, por ese entonces, un mínimo de 60 alumnos para que se abriera un colegio. Según Garayo, Sequeira, con la ayuda de los padres y la comunidad toda, visitó casa por casa, pero como no llegaba a los 60, recorrió los parajes, buscando a chicos que habían egresado de séptimo y quisieran estudiar. Así se completó, incluso con mayores de edad, los 60 alumnos que requería la cartera educativa.

La cuestión era que quienes vivían en los parajes no tenían medios para llegar al pueblo. El colectivo existente pasaba una vez a la semana. En la comisión pro construcción de la escuela surgió el tema de la solidaridad, y “todos hicieron posible que en las casas de los estudiantes vivieran alumnos que eran de las colonias. En la mía había seis, y tuvieron un espacio en el que alojarse, de manera gratuita”.

Cuando se culminaron los trámites en Educación, la comisión gestionó un espacio ante la comisaría. Se había hecho un nuevo local y la edificación de madera fue adaptada para albergar al primer año de esta escuela secundaria. Mientras tanto, “siguieron a mil, gestionando, pidiendo colaboración, pidiendo terreno. Se consiguió un predio precioso ubicado en altura. Tenemos que agradecer al director, a los profesores, a la comisión de padres, al pueblo, a los alumnos, que pusimos piedra sobre piedra, ladrillo sobre ladrillo, para la construcción de la escuela. Por eso es emocionante nuestra historia. Pasaron 50 años y la llevamos en el corazón como si fuera ayer, porque dentro de esa escuela pasamos los cinco años más lindos de nuestra adolescencia, de nuestra juventud, porque éramos una familia”, aseguró Garayo.

Resaltó la “sabiduría e inteligencia” de Sequeira a la hora de buscar a profesores jóvenes, recién egresados. “Un día, por casualidad se encontró en el Ministerio con una profesora de inglés recién recibida. Era Berta Espíndola. Le dijo, necesito una profesora en Bernardo, y quiero que vayamos de inmediato. Como ella no tenía cargo, aceptó la propuesta, sin saber a dónde ni cómo. Vivió allí toda su vida, y se casó con un exalumno de la escuela”, recordó. Y añadió que “Pechito” era un personaje. “Con él no había tristeza, no existía el no puedo, porque todo el tiempo incentivaba con frases como: tenemos que estudiar, adelante mis estudiantes. La semana en la que falleció nos habíamos contactado y nos daba fuerzas para seguir adelante. Era un director fuera de serie, al igual que los docentes que acompañaban su ritmo”.

La funcionaria relató que “íbamos al colegio cuando estaba en construcción por lo que pisamos piso de tierra, no teníamos ventana ni puerta, cada uno llevaba la silla y mesita de la casa, y así dábamos clases. Hacíamos fiestas, kermeses, para recaudar fondos para construir la escuela. Con ese dinero también creamos una biblioteca, y nos ocupábamos de los estudiantes que necesitaban ayuda. Nuestros padres y docentes nos inculcaron el valor de la solidaridad. Si alguno no tenía guardapolvo o zapatos, juntábamos el dinero y se lo comprábamos. Íbamos a los barrios humildes, a ayudar a los más carenciados. Eran otros tiempos, y aprendimos muchísimo del director, los profesores y la familia, sobre los valores, el reconocimiento, ante todo. Por eso nuestro homenaje a esa aventura, a nuestra escuela, a ese director que se atrevió, a nuestros padres, vecinos, a los compañeros, que colaboraron para la fundación, creación y construcción de nuestra querida escuela”.

 

Como el primer hijo

El profesor de historia, Tarsicio Reckziegel, reivindicó a aquellos que comenzaron a “hacer patria” hace 50 años en esa olvidada región de Misiones, y remarcó el desempeño de cuatro elementos fundamentales en la parte educativa. Mencionó a los alumnos, a la cooperadora y los padres, muy responsables en su tarea de alentar la creación de la escuela; el gobierno, en los aportes de la parte edilicia y la formación docente, y los profesionales, “dando lo que tenían que dar en función de cumplir los objetivos fundamentales, que es la educación y expandir la cultura, fundamentalmente en esa época, donde la penetración cultural era muy intensa. Ahora tenemos otra visión de la geopolítica, pero en aquella época había otros parámetros que valorábamos en el sentido de defender la argentinidad”.

Recordó que los primeros tiempos -como ahora-, “eran muy luchados, pero muy gratificante por el aporte de estos cuatro elementos que hacen a la educación. Los primeros tiempos fueron con todo el ánimo, como debe ser. La primera promoción, para nosotros, o por lo menos para mí, fue como el primer hijo. Fue una tarea espectacular. En mi caso tenía unos cuantos alumnos mayores que yo”.

Más allá de lo pedagógico, crearon el Club Estudiantil, que fue una herramienta muy importante para el fomento de las actividades extra curriculares, torneos, deportes, educación física. “En aquella época ya hacíamos intercambio cultural con Brasil. Lo que después se dio orgánicamente a nivel nacional, como el Mercosur, el intercambio de protocolos, en aquella época ya hacíamos intercambio escolar con Dionisio Cerqueira, Barracon. Íbamos con nuestros alumnos, y los estudiantes de allá venían a visitarnos. Fue una experiencia muy interesante”, aseguró Reckziegel, que llegó a la zona apenas recibido y comenzó la tarea docente con apenas 21 años.

Empezaron la actividad “con la dictadura de Onganía, Levington, Lanusse, trabajamos durante el tercer gobierno de Perón, y después vino la dictadura, que en mi caso fue bastante compleja. Me separaron del cargo y me lo devolvieron recién en 2009. Fue una lucha atípica porque me querían reincorporar en otro colegio, pero yo no acepté, porque no lo sentía así, pero gracias a Dios está todo en orden. Estuve aquí desde el primer momento, así que correspondía que lo hicieran acá”, comentó.

“Valoro que la ciudadanía se involucre realmente en la educación, no solamente exigiendo al Estado lo que el Estado tiene que dar, sino involucrándose con compromiso, como la participación de los padres en la cooperadora, incentivar al alumno a preocuparse más en el estudio. De poco sirve que los padres vengan en octubre o noviembre a quejarse porque el hijo lleva cuatro o cinco materias cuando durante todo el año brillaron por su ausencia. Evitar eso es, para mí, un signo de responsabilidad primero, y de calidad educativa, porque el alumno es el centro de la educación escolar”, sostuvo el docente, oriundo de Puerto Rico y recibido en el Instituto Montoya, de Posadas, que sigue “comprometido con lo que se está haciendo y aportando lo que se puede aportar”.

Reckziegel no estaba enterado de la creación de este nuevo establecimiento. Una profesora del Instituto lo inscribió y, “como tenía bastante buena puntuación en mis estudios, fui nombrado titular de todas las horas”. Tampoco conocía la localidad, por aquel entonces “un pueblito al que era complicado llegar porque solamente existía la ruta 14 desde San Pedro, que era de tierra, y de Bernardo de Irigoyen a Puerto Iguazú, por el Parque Nacional, la ruta 101, también de tierra. La ruta 17, hoy asfaltada, no existía”. Desde su Puerto Rico natal, representaba unas diez horas de viaje, si no llovía. “Ya trabajando, cuando precisábamos ir a Posadas o a Edorado, debíamos ir a Puerto Iguazú o a San Pedro, o salir por la ruta 16, que sigue de tierra, continuar hasta Puerto Piray, y tomar la ruta 12. Odiseas que fueron parte de la experiencia, de las vivencias”.

Mientras Bernardo de Irigoyen era un pueblo, la escuela fue el centro educativo, cultural, deportivo, político, social, porque todo giraba en torno a ella. Era un trabajo mancomunado. “El pueblo fue creciendo, y la escuela se transformó, de ciclo básico pasó a normal superior, hoy con tres turnos, en los que asisten unos 800 alumnos”.
Reckziegel se mostró orgulloso de haber transcurrido esta etapa porque “si uno da todo lo que tiene que dar, tiene que estar contento”.

 

Aquerenciado

Para el tres veces intendente, Edgardo Nemesio “Chichín” Aquino, “todas las épocas allí vividas, son inolvidables. Todo era sano, fue la época más linda. El tiempo pasa y más se vuelven los recuerdos. Era una comunidad chica, y todos éramos conocidos, como hermanos. De los 60 los que empezamos, terminaron 13. Muchos fueron quedando en el camino por diferentes circunstancias”. En su caso, debió abandonar en cuarto año para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, y terminó el secundario recién con la tercera promoción.

Admitió que se apegó a su tierra, “tuve oportunidad de irme y no lo hice. Me quedé en el pueblo y aquí trabajé toda mi vida. Fui electo como el jefe comunal más joven del país con 27 años, en 1983”. Se desempeña como locutor de radio. Apenas terminó quinto año, se introdujo en el mundo de la locución en la Radio LT 46, en la que lleva más de 40 años, y ejerce el cargo de director. El 24 de marzo, hubo en la emisora un programa especial “recordado las épocas vividas, con quienes formaron parte de la primera promoción, muchos de manera telefónica y algunos pocos en estudio, acatando los protocolos establecidos por la pandemia”.