James Joyce, el irlandés decisivo para la literatura argentina del siglo XX

Este miércoles se cumplen 80 años del fallecimiento del autor de "Ulises" y tres exponentes de las letras locales deconstruyen su figura.

13/01/2021 06:01

A ochenta años de la muerte de James Joyce, el autor del “Ulises”, la obra que marcó un antes y un después en la literatura contemporánea, tres autores argentinos vinculados con la escritura del escritor irlandés -Carlos Gamerro, Edgardo Scott y Luis Gusmán- dan testimonios de sus experiencias joyceanas en el mundo de la crítica, la traducción y las vivencias personales.

Gamerro, autor de una guía de lectura del “Ulises”; Scott, el traductor de la última edición de “Dublineses” y Gusmán, estudioso del autor clásico, cuya cita se resignifica en su novela “En el corazón de junio”, son tres referentes para hablar del escritor nacido en el suburbio de Rathgar (Dublín) en 1882 y que pasó décadas viviendo fuera de Irlanda. Murió en Zurich el 13 de enero de 1941 a la edad de 58 años, tras ser operado de una úlcera perforada.

“Siempre las efemérides son una excusa para poder hablar de aquello que es perfectamente actual, perfectamente vigente”, dice a Télam el escritor Scott, nacido en Lanús en 1978. “Joyce es un ejemplo: él había dicho sin falsa modestia que los académicos se ocuparían de él por tres siglos. Ya pasó uno y yo supongo que serán más de tres“, sostiene el traductor de “Dublineses”, que en marzo publicará el sello Ediciones Godot.

El “Ulises” que el año que viene cumple cien años -señalada como la gran novela del siglo XX- tiene una complejidad en su trama, en la decodificación de la historia, en las referencias literarias y culturales explícitas o implícitas, una dificultad que ha hecho que más de un lector avezado haya decidido abandonarla o leerla salteada. Sin ir más lejos era la propuesta del gran “lector” argentino Jorge Luis Borges.

Joyce ha sido uno de los autores extranjeros que más ha influido en la literatura argentina del siglo XX: su escritura, desde ‘Dublineses’ hasta ‘Finnegans Wake’, absorbe e incorpora lo mejor de las vanguardias europeas, desde el expresionismo al surrealismo, desde una posición periférica, de país colonizado y en proceso de descolonización: demuestra que la modernidad es posible en todas partes, que la vanguardia no es el coto privado de los países centrales”, analiza Gamerro.

El escritor destaca que Joyce “convirtió el inglés de Irlanda en la variedad más prestigiosa, como Borges haría luego con el español rioplatense” y precisa que el irlandés “escribe una literatura eminentemente urbana, como Arlt o Marechal y experimenta con todos los géneros, literarios y no literarios, incluyendo el cine, como Manuel Puig“.

“También interroga la relación entre literatura, activismo y militancia política, como Rodolfo Walsh, crea un mundo ficcional que se desenvuelve de una obra a otra y en el espacio entre sus obras, como harían posteriormente William Faulkner, Juan Carlos Onetti y Juan José Saer”, asevera el autor del premiado libro “Facundo o Martín Fierro”.

Scott, en su experiencia de traducir -o retraducir- “Dublineses”, cuyos relatos leyó por primera vez cuando tenía diecisiete años sin saber nada de Joyce ni de su prestigio, comprobó “una vez más” el genio del escritor: “es fácil decir ‘genio’ – la originalidad, la destreza para encontrar soluciones formales, nuevas soluciones formales para inventar la subjetividad de una época“, asegura el autor de “El exceso” .

“A Joyce y a Chejov le debemos casi toda la narrativa breve norteamericana del siglo XX, lo cual significa una parte influyente de la narrativa de todos lados. Los procedimientos que utiliza en ‘Los muertos’ por ejemplo, la manera de cambiar de cuadro anticipa el montaje de un tipo de cine de autor que todavía miramos”, analiza Scott, quien en la actualidad reside en París.

Gamerro se refiere a cómo la investigación del lenguaje de la conciencia en “Ulises”, y el de la inconsciencia, en “Finnegans Wake”, completa el proyecto de Freud y permite el de Lacan, “y no hace falta destacar la importancia que esto puede tener en la cultura más psicoanalítica de Latinoamérica”, afirma el escritor.

En otro recorte Gamerro señala que “las grandes novelas del boom, ‘Rayuela’, ‘Cien años de soledad’, ‘Conversación en la Catedral’, ‘Yo el supremo’, ‘El obsceno pájaro de la noche’, ‘Paradiso’, ‘Tres tristes tigres’ (precedidas por ‘Adán Buenosayres’), son todas versiones del ‘Ulises’ traducido a la literatura de cada uno de esos países y autores“.

Y agrega: “Ulises es la novela que les dice que un país periférico, atrasado y oprimido no tiene por qué escribir una literatura de esas mismas características, sino que puede asumir un lugar totalizador, triunfante y vanguardista“.

Desde su experiencia de crítico, Gamerro sostiene que gran parte de la literatura latinoamericana de los sesenta toma como modelo a Faulkner, en parte porque pertenece, como él, al área Caribe, y la fórmula faulkneriana de combinar literatura regionalista y rural con procedimientos modernistas de vanguardia es, sin más, la fórmula del ‘boom’, desde México al Uruguay”, pero el estudioso nota una diferencia con la literatura argentina del siglo XX, donde “el foco pasa decisivamente del campo a la ciudad, ciudad que es además una metrópoli cosmopolita, marcada por la inmigración europea”.

“Joyce, que acomete él sólo la tarea de convertir la bucólica irlandesa -la literatura del ‘revival céltico’ de Yeats y sus seguidores- en una literatura moderna y urbana, ha sido por eso, más que Faulkner, nuestro modelo”, precisa.

Scott piensa que ahora Joyce sería un escritor “cancelado”, en esta era de “escritores profesionales”, porque “entendía la literatura no como una profesión sino como un arte, y al trabajo del escritor como un trabajo artístico, poético. Pleno de riesgos y fuera de toda convención política. Es preciso -y es inspirador- recuperar la idea de artista que él tenía para los escritores. Esa idea de búsqueda perpetua, donde cada libro es una nueva aventura vital“, sostiene el traductor.

La obra del escritor irlandés está colmada de referencias de su ciudad natal, Dublin, pero, al mismo tiempo, la capital irlandesa tiene innumerables marcas del autor y sus personajes, sin embargo sus huesos, junto a los de su esposa Nora Barnacle y su hijo Giorgio, descansan en el cementerio Fluntern, en Zurich.

Fuente: agencia de noticias Telam