“No se trata de curar una patología, sino de cuidar las emociones de los pacientes”

Hace 10 años los payamédicos de Misiones complementan medicina tradicional con risas.

27/12/2020 09:57

HACER POR AMOR. El lema de los payamédicos de Misiones es “Con amor se puede un mundo mejor”.

Mónica Alejandra Acosta es payamédica y pertenece al grupo fundador hace diez años, y serlo fue “un cambio transformativo en mi vida”, contó a PRIMERA EDICIÓN.

Su vida transcurre como la de cualquier otra persona: tiene un trabajo, una rutina diaria y cuentas que pagar. Sin embargo, cada jueves a partir de las 14 horas se saca su uniforme, se viste con colores y se coloca una nariz naranja de goma para salir a jugar.

La nariz me la pongo, pero la sonrisa en la cara se dibuja sola”, dijo. Y es que “lo único que sucede durante estos minutos es la alegría del saber que hay una personita que espera con ansias ese momento para salir de la pasividad del hospital, a través del juego”, mencionó.

A su vez, esta vocación voluntaria “me ayuda a generar un mundo de fantasías donde la realidad que tanto nos pesa, se puede ver de una manera más positiva. Me permite conectarme con el otro y me da una misión. Hace diez años que tengo la fortuna de saber para qué estoy en el mundo: para conocer y compartir con el otro”, destacó.

 

Los comienzos

En nuestro país, “los payamédicos comenzaron a gestarse en el 2002 por iniciativa del médico psiquiatra José Pellucchi. Se comenzaron a conformar grupos de personas y pacientes con las cuales él ensayaba sus obras de teatro. A raíz de esto, empezó a notar que sus obras tenían efectos positivos en el estado anímico de sus pacientes. Se observaban mejorías en su salud a partir de lo lúdico”, contó.

Esto hizo que Pellucchi se interiorice más en el tema e incorpore lo lúdico y el humor sano para contribuir al trato humanitario, generando mejorías notables en la evolución y el pronóstico de las enfermedades que presentan los pacientes.

En el 2010, se conformaron al rededor de 4.000 payamédicos en Argentina y, a lo largo de los años se fueron adaptando las actividades, la vestimenta y los colores que usaban. Uno de los cambios más notorios se dio en el 2014 cuando cambiaron el color de la nariz: “el payaso por lo general usa el color rojo, pero nosotros lo sustituimos por el naranja porque el rojo simboliza a la sangre y en un ámbito hospitalario, lo mejor es que la sangre esté dentro del cuerpo. Además, el color naranja está relacionado a la alegría, el entusiasmo y lo divertido”, explicó Acosta.

 

No son payasos

Una de las cuestiones a destacar es que los payamédicos no son payasos. “Nosotros nos capacitamos para esto, hacemos una serie de cursos para aprender las técnicas teatrales y cómo aplicarlas en el ámbito de la salud”, dijo.

Además, destacó que la principal diferencia con los payasos convencionales se da en el vocabulario que utilizan: “el payaso trabaja mucho con el humor y los chistes. Nosotros, en cambio, procuramos cuidar mucho nuestro lenguaje. Antes de decir cualquier cosa pensamos por qué lo vamos a decir y qué reacción queremos causar con eso. El lenguaje es generativo: crea mundos y realidades. Entonces nosotros tenemos que tener mucho cuidado con las palabras que usamos y evitamos cualquiera que pueda generar una connotación negativa”, explicó. A modo de ejemplo, mencionó que “no decimos chau, sino hasta luego”.

Además agregó que, a diferencia de los payasos que conocen a su público al momento de la presentación, para los payamédicos es fundamental tener un panorama general de la persona con la que se encontrarán cuando ingresen a la habitación.

Antes de entrar, mantenemos un diálogo con el personal de salud para conocer un poco al paciente, su procedencia y su patología con el objetivo de conectar con esa persona. A partir de la información que nos brinden, organizamos las actividades que vamos a hacer según la que consideremos más productiva para el paciente”, señaló.

Finalmente, contó que están recibiendo gente que quiera formar parte del grupo aunque aclaró que “siempre pedimos compromiso y mucha buena voluntad”.

 

Ver al paciente como una persona y no como un número más

“Amor y humor por un mundo mejor”. Así define José Luis Pellucchi a Payamédicos, el proyecto que creó y que encabeza.

En este proyecto, el primer paso es el PayaPase donde el personal de salud les brinda información sobre los pacientes que podemos visitar, nombre, edad, procedencia y patología por la cual se encuentra hospitalizado.

La segunda etapa es la Paya Intervención donde proceden a jugar con los “producientes” y para concluir antes de retirarse del Hospi hacen un Paya Balance de lo que fue su jornada lúdica. En este punto, debaten sobre el desempeño que tuvieron en la intervención procurando siempre hacerla más productiva para las próximas intervenciones.

Para Mónica, ser payamédico es una actividad que no sólo cambió su forma de relacionarse con los pacientes, sino con el mundo. “Me ayudó a entender la importancia de ponerse en el lugar del otro”, dijo. En este sentido, explicó que “el principal objetivo para nosotros es que el paciente sea visto como una persona y no como un número más. Por eso es tan importante aprender a ponernos en el lugar del otro, lograr la empatía.

Porque muchas veces el personal de Salud está cansado y se pierde un poco esa relación y eso influye en el estado anímico de la persona. No sólo se trata de curar la patología, sino también cuidar las emociones de las personas que están atravesando una situación difícil en el hospital”.

Lo que me llevo de una tarde de diversión, es la alegría del compartir y el saber que pude aportar con un mínimo gesto, pero que dejé algo a una persona que quizás te recuerde por el resto de tu vida. Y eso pasa de verdad, a mí me pasó muchas veces y es el único reconocimiento que me importa. Saber que pudimos acompañar de alguna manera a una persona que la estaba pasando mal y ayudarla a que esté un poquito mejor, de eso se trata”, concluyó. Se calcula que hay 5.000.000 de personas que se benefician por año de forma directa estableciendo un lazo con el payamédico.