El eslabón perdido

Nada podrá ocultarse a la nueva conciencia pura y transparente que el hombre está adquiriendo.

25/10/2020 19:13

Los pájaros cantan tu llegada
pues presienten la madrugada.
Inclina tu cabeza y escucha:
Sale a la luz lo oculto sin necesidad de lucha,
el secreto de la humanidad guardado
que no ha querido ser revelado,
estando en su pasado,
a ella le han ocultado.
No existe fuerza que pueda detener
la verdad que puja por nacer
y es ese eslabón perdido
que en su historia quedó indefinido,
de su cadena de ADN han quitado
y de veinticuatro, veintitrés han dejado.
Al quedar su binaria escalera inconclusa,
su mente se ha vuelto confusa
oscilando en la dualidad
entre humanidad y bestialidad.
En eones de tiempo, el Sol su ADN ha restaurado,
no permitan que sea nuevamente manipulado.
Devuelvan al César sus pertenencias
y de Dios retornará su magnificencia.

 

Llegará el tiempo en que todo lo oculto saldrá a la luz, dice Jesús, y ese tiempo es ahora, pues nada podrá ocultarse a la nueva conciencia pura y transparente que el hombre está adquiriendo, dejando de tener sentido las luchas fratricidas al entender que es hijo de Dios.

En el juego de la evolución, la humanidad eligió tomar el camino largo, aquel en que una raza de víboras ofrece el fruto del árbol del bien y del mal, al aspecto femenino del hombre (Eva), para que pueda apreciar el Bien, ya que en él existía.

Para lograrlo quitaron un eslabón a su cadena de ADN, perdiendo así su divinidad y entrando al campo de la dualidad para que conociera el mal.

Confundiendo sus mentes caían a los abismos más profundos, siendo de vida en vida, el rico, el pobre, la santa y la ramera, mientras el Sol, que brilló en todas sus existencias, con la información en forma de energía electromagnética contenida en sus rayos, iba restaurando su manipulado genoma de 23 cromosomas.

Donde cada escalón de su hélice es información, para devolverle, no sólo los 24 como tienen el resto de los animales sino que, como al hijo pródigo luego de su largo y duro camino, devolverle sus hebras espirituales y con ello su divinidad y la magnificencia de Dios, por lo que las pertenencias del César, lo material y lo que a ello concierne les son devueltas por añadidura.