Ante todo cantar

La voz de Micol Ortas despierta sentimientos. Con 28 años, la cantante compone letras donde relata algunas vivencias en las cuales existió violencia de género. “La música me devolvió las ganas de luchar por mi felicidad”.

13/09/2020 20:54

En el escenario, Micol Ortas despliega elegancia y poesía. Su mirada tiene una potencia que se sabe dulce y a la vez, atractiva.

Y su voz tiene cierto magnetismo que despierta sentimientos. Además de cantante, Micol es compositora por lo que tiene una atrapante relación entre su escritura y su estar en el escenario: en escena baila poesía, y en la escritura pone el cuerpo.

Nació en la frontera entre Brasil y Uruguay, sus padres son uruguayos y la criaron en Brasil hasta los 6 años cuando se instalaron en Misiones. Es así “que mi lengua materna es bilingüe; portugués y español. Ya desde que era niña soñaba con estar arriba de los escenarios”.

Sus raíces brasileñas le dieron una perspectiva musical al estilo bossa/jazz: “aunque actualmente canto de todo”.

De adolescente cantaba en la plaza con sus amigos: “Llevaba la guitarrita y me ponía a sacar rock nacional de oído, era puro disfrute y amistad”. Hasta que un día, cuando tenía 17 años su mamá la llevó al programa “El Anfitrión”, conducido por Osvaldo de la Fuente en Canal 12, donde cantó “una piba con la remera de Greenpeace”, de los Redondos.

Ese video, que se encuentra en YouTube y tiene más de 17 mil reproducciones, le abrió las puertas de la sociedad artística posadeña. Porque después de esa presentación “me llamaron varios músicos para ofrecerme ser vocalista de sus bandas. Pero no me animé, me sentía inexperta”, dijo con gran humildad.

“Al poco tiempo quedé embarazada de mi primera hija Danna, de 9 años. Y me dediqué a ser mamá, a estudiar Martillera Pública y Comunicación Social y a trabajar en una inmobiliaria. Durante mi embarazo me invitaron a cantar en la banda ‘El Rito’ donde conocí a Marcelo Fernández (guitarrista), un gran amigo que me apoyó en mi arte y me insistió a que me animara a mostrar mis canciones”.

Pero Micol, quien era apenas una adolescente, se encontraba en un momento difícil. “Embarazada, pequeña, sola. Sentí que mi mundo se derrumbaba y mi sueño estaba totalmente frustrado, y eso era sólo un condimento, yo había llevado una infancia bastante fuerte, en casa se vivió violencia de género, la cual me hacía sentir inestable emocionalmente, muy sola. Escribía canciones para aislarme de ese dolor. Esas canciones aún seguían guardadas en mi intimidad. El embarazo joven y de una persona que conocía hacía muy poco, la cual también repitió la historia de maltrato que ya había vivido en mi hogar, me llevaron a sumirme en un dolor punzante. Pero yo creo en Dios, creo en sus milagros y apareció en mi vida un compañero que me cuidó durante mi embarazo y con el cual luego tuve a mi segunda hija Alexia, de 4 años”.

Al poco tiempo de conocer a su compañero de vida, Micol se animó a seguir su verdadera pasión: cantar. “Armé una banda con Marcelo Fernández; ‘Fora da Lei’, banda de música brasilera. Me devolvió las ganas de luchar por mi felicidad, me contuvo”.

Por siete años tocaron en Fora da Lei, una banda que le dio experiencias en escenarios y principalmente “nos ganamos el cariño y el respeto de nuestros compañeros músicos y del público que nos seguía. La banda pasó por muchas formaciones, finalmente terminamos tocando con Marcelo Mottola y Marcelo ‘Tico la Ieja’ Pérez”.

Pesé a todo, Micol consideraba que todavía no terminaba de crecer, “me faltaban herramientas para extender mi vuelo al alcance que mi alma siente. La angustia me había llevado a aumentar de peso y me sentía estancada. Sentía una voz en mi interior que me invitaba a independizarme, a creer en mi propia visión”.

En 2015 participó en el programa “Abre Caminos” de Canal 12, el cual ganó. Y ese mismo año fue madre por segunda vez, de Alexia: “me dediqué al 100 por ciento a la maternidad y a la facultad”.

Por dos años estuvo fuera de los escenarios. Aunque la maternidad es un pilar fundamental en su vida, “que me llena de amor y felicidad, yo sentía que en mí había algo más para dar al mundo”.

Micol quería crear, expresarse y gritarle al universo que “del dolor se puede ser resiliente”. Ella quería construir su propio camino, “aunque sentía que con el cuerpo obeso cargaba todas mis limitaciones y mis miedos, me propuse adelgazar. Estudié nutrición por mi cuenta y bajé 53 kilos”. Lograrlo fue un gran triunfo y desde ese instante sintió que debía retomar su misión: la música.

Y si bien la cuarentena fue complicada para todos y principalmente para los artistas, Micol tuvo la oportunidad de actuar en el primer recital con protocolos de cuidado responsable: “El Auto-Reci”, en el Parque del Conocimiento.

“Participar en ese evento fue una experiencia única, el público estaba dentro de sus autos. Finalmente, mis compañeros de banda de funk ‘WonderFunk’ me acompañaron en un repertorio fenomenal. Compartimos escenario con grandes músicos del Rock local: ‘El Rito’ y ‘La corte de Sr. Manga’. El público enloqueció, tocaban bocinas y aplaudieron, se sintió una energía increíble. Tremenda experiencia, inolvidable”.

También en cuarentena, empezó a grabar su voz en programas de grabación; “comencé a explorar el mundo de componer en los programas, me contacté con Nicolás Troche, productor y guitarrista, quien hoy es mi compañero en este sueño”.

Actualmente trabaja en seis canciones que se grabarán en noviembre “y si Dios lo permite en enero 2021 estrenaremos mi primer EP (formato de disco actual)”, adelantó a Revista SextoSentido.

 

Infima Infinita

“Es un espacio para sanar a otros”, así lo describe Micol. Este proyecto “surge de mi corazón y de mi mente en el proceso de cuarentena, lo iniciamos junto a la diseñadora gráfica Carolina Benítez”. En Infima Infinita, Micol dicta clases de canto.

“Al mismo tiempo estamos trabajando en conjunto con amigas que van tras sus sueños, de dedicarse cada una a su arte, a lo que aman. Estamos en un espacio de contención mutua y de poderoso sentimiento de empatía y crecimiento. Más adelante, en el espacio se dará clases de yoga por Claudia Sanabria, de música para niños por Dahyana Dapper y taller reciclado y manualidades por Mayra de León. Mi mano derecha en la organización es Melody Frías, coach ontológica, y es quien me dio la motivación para estructurar el grupo de trabajo. El espacio aún no se ha inaugurado ya que nos encontramos en la etapa de construcción del proyecto. Me llena el alma saber que se puede sanar a través de la música.”