Guyana: volver a la vida en el país con más suicidios de América Latina

En 2014, la OMS sacudió a Guyana con la noticia de que su tasa de suicidios era la más alta del mundo. El problema era desconocido para el Estado. Ahora, las campañas, una línea directa y centros de apoyo privado han ayudado.

10/09/2020 17:36

Guyana - prevención de suicidios

Meena Wattie (de negro) saliendo del centro “Sunrise Center” en Georgetown, capital de Guyana

Guyana, un país con 780.000 habitantes en la costa norte de América del Sur, tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo.

Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 44 de cada 100.000 personas se suicidaron en Guyana en 2014, cuando el promedio mundial es de 16. En ese momento, el país ocupó el primer puesto en ese triste ránking.

Meena Wattie dirige el centro “Sunrise Center” (Centro Amanecer) que trata a personas suicidas. Hace unos años, su ahora tan confiada líder también se hundió en las tinieblas y estuvo a punto de suicidarse. Hoy, ayuda a los demás.

Hay muchas razones para esto: abuso de alcohol y drogas, violencia intrafamiliar, pobreza, poca cohesión social en una sociedad racialmente polarizada, homosexualidad criminalizada, estigmatización de los enfermos mentales y falta de infraestructura de tratamiento, por nombrar algunas.

En el caso de Meena, fueron la muerte de su esposo alcohólico y las rígidas y misóginas reglas dentro de su comunidad indoguyanesa las que la desviaron del rumbo. La pareja había vivido en una casa en la propiedad de sus suegros.

“Mi esposo murió en la medianoche, y a las seis de la mañana sus padres me echaron”, cuenta. “Caes en un agujero negro y no ves más luz. Pero, afortunadamente, tenía gente con quien hablar y eso me ayudó”.

 

Escuchar y trabajar manualmente como receta para el éxito

La psicoterapia y la discreción son la receta del éxito del Sunrise Center, que se inauguró en 2016. Las visitas domiciliarias forman parte de la oferta terapéutica, tanto como el yoga y cursos de formación avanzada en costura, cocina, artes y manualidades o cosmética.

El trabajo artesano en comunidad no solo relaja la mente y crea una atmósfera amistosa y segura, sino que también aporta una formación profesional y permite a los participantes ser más independientes económicamente. Especialmente las mujeres aprovechan la oferta. “Son más abiertas y se dejan ayudar más”, ha notado Meena.

Una de las participantes es Natiefah John, una mujer afroguayanesa de 20 años. Llego a este lugar hace tres años, tras escuchar sobre el centro en la radio. Poco antes, se había cortado las venas de las muñecas, pero sobrevivió.

Fue abusada sexualmente por primera vez a los 13 años y por segunda a los 17. Su madre tuvo que huir de la capital debido a un marido que la golpeaba. Su hermano mayor era adicto a las drogas. Y no tenían suficiente dinero.

“Aquí por primera vez pude hablar con alguien sobre mi experiencia, y fue un alivio increíble”, confisó Natiefah. La joven madre recién casada completó un curso de cosmética en el Sunrise Center y está ahorrando para montar un salón de belleza en su casa.

Guyana - prevención de suicidios

Curso de formación avanzada en costura

 

Un problema oculto

El Estado guyanés, uno de los más pobres de América del Sur, ni siquiera había notado la alta tasa de suicidios. Las familias a menudo ocultaban los suicidios de parientes por vergüenza y los certificados de defunción se emitían con eufemismos.

No fue hasta la encuesta de la OMS que la nación despertó. Se descubrió que la población indoguyanesa que vive de la agricultura es la más afectada, con el 75% de los casos. El envenenamiento y el ahorcamiento son las formas más comunes de muerte.

Según la psicóloga del centro, Caitlin Vieira, los valores familiares conservadores de los indoguyaneses, los matrimonios concertados y la poca privacidad son parte de los motivos socioculturales tras este problema. Por esa línea, se estima que una cuarta parte de los residentes del país sufren de estrés postraumático no diagnosticado, lo que genera violencia y altas tasas de suicidio.

Después del estudio de la OMS y los informes de agencias internacionales de noticias, la prensa local comenzó a informar sobre el fenómeno. Pero esto también tuvo efectos secundarios: “Al principio describimos cómo la gente se suicidaba, lo que luego generaba efectos de imitación”, admitió la periodista local Reema Natram. También se mencionaron los nombres de las víctimas, lo que estigmatizó a familias enteras y llevó a otros miembros a la muerte.

Eso cambió con un taller para periodistas. El Gobierno estableció además una línea directa contra el suicidio en 2015, que Vieira administraba hasta hace poco.

El trabajo del centro, la línea de ayuda y el trabajo de relaciones públicas de psicólogos como Vieira están mostrando éxitos visibles: el año pasado, Guyana se deslizó al cuarto lugar en las estadísticas internacionales de suicidios.

 

¿Recaída por la pandemia?

Pero la pandemia y disputas políticas están poniendo hoy en peligro el progreso. Durante meses, Guyana se vio envuelta en un conflicto electoral, y el programa de salud mental se estancó. Hasta la fecha, solo hay dos centros de terapia suicida en todo el país y solo siete psicólogos, y las donaciones al sector están disminuyendo debido a la crisis económica.

El centro Sunrise inicialmente fabricó máscaras faciales para financiarse. Sin embargo, “ahora estamos cerrados, y más gente que nunca necesita apoyo psicológico“, describe Meena Wattie. Ella y su equipo se mantienen en contacto con los pacientes por teléfono. “Si se vuelve muy crítico, también hacemos visitas a domicilio”, explica.

La psicóloga Vieira, por su parte, se siente frustrada: “Ahora mismo, cuando todos estamos bajo tanto estrés, me cancelaron las tareas, y nuestro trabajo como psicólogos ha sido declarado como sistémicamente irrelevante”. Y se pregunta: “¿Qué más necesita nuestra sociedad para darse cuenta de la importancia de la salud mental?” 

Fuente: DW