“Subir a un camión es lo más lindo que me puede pasar”

Damaris Giuliana Bär (24) sigue los pasos de Carlos, su papá, y de sus hermanos Leonardo y Carlitos. En un Fiat Iveco traslada containers desde Misiones hacia el puerto de Buenos Aires. En el parabrisas resalta su nombre en letras rosa flúor, y al igual que su sobrenombre: “La malcriada”.

17/08/2020 12:00

La joven creció viendo la pasión de su padre y sus hermanos por la profesión, y esa admiración por ellos, la llevó a subirse al camión. Fotos Miguel Colman

Damaris Bär sonríe. Esta feliz. Es que hace unos meses cumplió el sueño de convertirse en camionera profesional, siguiendo los pasos de su papá y mentor, Carlos, y de sus hermanos Leonardo y Carlitos -también están Federico y Mateo-. Subirse a un camión, genera en la joven una felicidad que no se compara con nada.
Durante un paréntesis en sus travesías por las rutas del país, aseguró que la vocación la contagio su papá, porque de chiquita “me subía al camión con él”.

Nacida en Leandro N. Alem, contó que Carlos Bär trabajaba como empleado de una carnicería cuando el dueño del comercio compró un camión y lo invitó a conducir. Primero hacía viajes cortos, y cuando comenzó con los de larga distancia, “yo me prendía para acompañarlo. Muchas veces cuando podía faltar a la escuela, lo hacía, y me iba con él”, comentó entre risas.

La mayoría de esos viajes eran hacia las provincias de Mendoza y San Luis, y luego subían hasta Salta. “Llevábamos pasta celulósica, y volvíamos con porotos y bórax (compuesto químico)”, aclaró. Durante esas interminables horas sobre la ruta, “iba preguntando todo, sobre los carteles, sobre todo lo que veía. Cuando era chica me daba para que manejara y él, sentado a mi lado, hacía los cambios. Después, despacito, me fue largando para que aprenda a efectuarlos yo. Mi papá tiene toda la paciencia del mundo”. Rememoró que cuando le entregó las llaves del camión por primera vez, para que saliera sola, lo había dejado en una cuesta y estaba con una carga pesada. “Probé salir en tres ocasiones, y no podía. Se me apagaba. Entonces me puse nerviosa, no quería saber más nada. Me dijo, tranquila nena, ya vas a salir. Probé de nuevo, y lo logré. Después ya quería manejar todo el tiempo”.

Damaris se largó a manejar completamente sola, cuando formó parte de una empresa de transporte. “Oficialmente lo hago desde hace dos meses. Antes era como acompañante de mis hermanos o de mi papá. De todos modos, siempre algún tramo hacía en la ruta”.

El primer viaje que le tocó en suerte fue a Buenos Aires. “Salió de improviso, de la nada. Fui todo el viaje nerviosa y volví de la misma manera. Llevé madera que cargué en Gobernador Virasoro, y fui hasta el puerto de Buenos Aires. Iba con el corazón en la mano, porque además de todas las situaciones complicadas que se presentan, como el intenso tráfico, no quería hacer ninguna macana durante el primer viaje. Eso era lo más importante. Estoy aprendiendo a manejar en Buenos Aires, nunca antes entré manejando y ahora me tuve que mandar”, aclaró entusiasta.

Al volver a Posadas, había una decena de compañeros esperándola sobre la avenida 17 de Agosto, que es donde está la sede de la empresa. “Era tranquilizador ver a mi papá que conducía su camión delante del mío, porque desde la empresa así lo habían combinado. Pero al llegar recién pude relajarme”, confió.

Después de la travesía inaugural, se repitieron varias, pero ya en soledad. “Siento que esto es lo mío ¡me encanta!. No es complicado, para mí no hay límites, no por ser mujer no puedo hacerlo. Es lo que me gusta. Estar arriba del camión me produce una felicidad inmensa. Más aún, teniendo a algunos miembros de la familia dentro de la misma empresa.

Mi papá, mi hermano, mi primo, es hermoso. Todos son re compañeros. Todo el tiempo están pendientes si necesito algo, si estoy bien, me tratan de lo mejor. No tengo quejas”, manifestó la ex alumna de la Escuela Normal Nº 1, de la Capital de la Alegría.

durante tres años, damaris formó parte del ejército argentino. su destino fue el puerto de santa cruz. “Aprendí muchísimo pero no volvería. Fue una etapa que experimenté, pero luego pedí la baja. Fue muy difícil estar lejos de la familia, fue re duro porque nunca antes me había distanciado tanto de los míos”.

Sostuvo que en todas partes “me reciben bien. Se acercan a hablar, se sorprenden todavía al ver a una mujer al volante. Si estoy medio perdida y me bajo a preguntar, me explican de lo mejor. De esa manera, ya me hice de amigos en Buenos Aires”.

Recordó que en una ocasión tuvo un percance en la ruta, antes de la ciudad de Rosario, camino a la provincia de Salta. “Había un accidente y no estaba debidamente señalizado. Como estaban los autos detenidos, y como el camión no frena igual que un auto, mi hermano, que era quien conducía, tuvo que hacer una maniobra para no embestirlos. Y nos tiramos al cantero central”. Acotó que “fue horrible ese momento. Me llevaron al hospital porque estuve con pérdida de conocimiento por unos 20 minutos y mi hermano se fracturó una costilla. Lo demás fue un caos porque llevábamos mercaderías y al volcar, se esparcieron por todos lados, y la gente se agolpaba para apoderarse de algún paquete”.

Dijo que al terminar el secundario tenía intenciones de estudiar gastronomía porque “me encanta la cocina, pero no se podía porque a papá no le daba para pagarme el Instituto y la residencia en Posadas”. Fue entonces que ingresó al Ejército Argentino, donde estuvo durante tres años. “Salí del secundario en 2013, me tomé un año sabático para viajar con papá, y en 2015 ingresé a la fuerza, y tuve como destino Puerto Santa Cruz. Siempre me gustó el uniforme y me inclinaba por ingresar a la Prefectura Naval pero surgió lo del Ejército, y entré”.

A la distancia, analizó que “tiene sus cosas buenas y malas, como todo. Aprendí muchísimo pero no volvería. Fue una etapa que experimenté, pero luego pedí la baja. Fue muy difícil, me costaba estar lejos de la familia. Fue re duro porque nunca antes me había distanciado tanto de los míos”.

Cuando pueda “me gustaría seguir gastronomía. Aunque ahora me estira un poco más la pastelería”.

Buenas referencias

Rafael Eugenio Honecker, propietario de la empresa donde trabaja Damaris, es hijo de Eugenio Alberto Honecker y nieto de Eugenio Honecker, quienes comenzaron con el emprendimiento hace veinte años. Junto a su esposa, Laura, coincidieron en señalar que “estamos contentos de poder innovar. El padre de Damaris es un excelente empleado y cuando nos habló de la posibilidad de incorporar a la joven a la flota, lo hicimos con gusto”.

En las diversas recorridas “pudimos apreciar cómo se desempeña en el volante, en ocasiones mucho mejor que algunos hombres, evitando los pozos de la ruta”.

Agregaron que algunos colegas “se ponen celosos por las atenciones que Damaris recibe. Es que por ser la única mujer aquí le apodamos “La malcriada” y le colocamos en el camión unas calcomanías de color rosa” para que la reconozcan desde lejos. Desde la empresa sostienen que Damaris se muestra emprendedora y, ella, está “agradecidísima” por la oportunidad “que me dieron”.