“Todavía se me pone la piel de gallina cuando recuerdo ese Mundial”

José Bonini (39) es una leyenda a nivel provincial y nacional. Fue múltiple campeón sudamericano y panamericano, pero en 1998 se consagró campeón mundial Junior, logro que ningún otro argentino repitió en 22 años. Por qué no estuvo en Sidney 2000 y la insólita anécdota de cuando fue modelo de Roberto Giordano.

26/07/2020 20:51

AL POR MAYOR. José y algunas de las medallas que obtuvo durante su carrera. De todos los colores e idiomas.

Durante los últimos años, de a poco, el canotaje reencontró el camino del éxito, ese que alguna vez supo desandar años atrás. Tres palistas adolescentes en la Selección Argentina de Cadetes, uno camino a los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2022 y dos en la Selección Argentina Junior. Después de un largo letargo, el río volvió a generar ilusión.

Detrás de un sueño están los pibes de hoy. Y detrás de un camino que, como nadie en la provincia y pocos en el país, recorrió en su momento José Bonini (39), todo un referente de la actividad y una leyenda del deporte misionero. Múltiple campeón nacional y sudamericano, superó todos los límites al consagrarse campeón mundial Junior, logro que hasta el momento no volvió a alcanzar otro argentino. La conquista de José sigue vigente aún hoy, 22 años después.

“El canotaje me dio todo, solo me quedó en el tintero haber participado en un Juego Olímpico”, dijo Bonini a EL DEPORTIVO, tras recordar una época dorada junto a la pala pero también la frustración que significó injusto adiós a Sidney 2000. Tanto significó aquello, que marcó la despedida de la actividad para José.

Bonini repasó su carrera desde los inicios y compartió las anécdotas más insólitas, como cuando fue modelo de Roberto Giordano y compartió pasarela con Nicole Neumann, Valeria Mazza y Catherine Fulop. O la noche en que compartió escenario con Martín Palermo y Diego Maradona. Los secretos y la carrera de una leyenda del deporte misionero.

José, ¿cómo empezaste con el canotaje?

Arranqué a los 10 años porque un vecino me invitó al Pira Pytá, a probar la actividad. En el club justo arrancaba una escuelita con el profe Claudio Colombo. Fui al club y enseguida me enganché, pese a que mi vecino al mes desapareció y me dejó en banda (se ríe). Entonces yo tomé su lugar y me puse a invitar a los otros vecinos, para no ir solo. Así, por ejemplo, se metió también Marcelo Zembruski.

¿Cuándo empezaste a competir?

En el club se armó un grupo muy lindo de chicos y padres. Y empezó a funcionar bien la actividad y a crecer. Allá por 1990 comenzamos a competir en la provincia contra Rowing, un club de Puerto Rico y Taragüí de Virasoro. Ahí vinieron los regionales, tuvimos buenos resultados y una cosa fue llevando a la otra. Empezamos a viajar a Entre Ríos, Buenos Aires, a crecer cada vez más y mejorar el nivel. Y ahí me empezó a gustar el tema de la competencia, ese desafío. El primer sueño que tenía entonces era entrar a la Selección Argentina.

Bonini, en el K-2, a pura competencia. Fue varias veces campeón nacional y sudamericano. También participó de los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en 1999.

Y ese sueño finalmente llegó…

Se fue dando, sí. Primero me llamaron para la Selección Argentina de Cadetes. Eso fue en 1996 y desde ahí integré el seleccionado hasta que dejé de remar, en 2001. Pude competir en Cadetes, Juveniles y Senior, que sería la elite. A los 16 me fui a vivir a Buenos Aires con Horacio Knacke, con el que teníamos un bote de punta siempre. Me fui allá con el objetivo de prepararme para el Mundial Juvenil.

¿Cómo fue la previa a ese Mundial?

Eso fue en 1998. Generalmente antes se hace una gira europea. Primero corrimos una regata internacional en Bochum, Alemania, la más importante de Europa. Ahí remaba un K2 con el que salimos segundos en 200 metros y terceros en 500 metros. Doble medalla. Y al mes siguiente corrimos el Mundial Juvenil en Polonia, en un K2, con César de Césare. Y ahí ganamos el oro en los 500 metros. Fue increíble y es el mayor logro que el canotaje juvenil argentino obtuvo hasta el día de hoy. Fue algo histórico. Yo tenía 17 años y eso era un anhelo para mí, nos habíamos preparado muchísimo. Fue una emoción muy grande y un sacrificio enorme, porque por ejemplo era mucho entrenamiento, la escuela la hice libre. El camino fue muy duro. Fue el logro más importante de mi carrera.

Imagino que el crono de ese oro no te lo olvidás más…

No, no (se ríe)… 1 minuto con 33 segundos. No me lo olvido más. Y eso me abrió muchas puertas, gracias a eso pasé a la categoría Senior. Y ese mismo año me dieron una beca que se llamaba Promesa Olímpica. Me la dio personalmente el presidente Carlos Menem, en la Casa Rosada. Tengo fotos en el salón blanco.

¿Qué recordás de ese podio en Polonia?

Fue increíble. Éramos las figuras de ese Mundial. Se acercaba gente de todos los países a felicitarnos. Y nosotros volábamos, caminábamos por el cielo. Como atleta, ver que izan tu bandera, escuchar el himno nacional, se te pone la piel de gallina. Yo lagrimeaba de la emoción. Todos esos recuerdos no tienen precio. Pasaron 22 años pero pareciera que fue ayer, lo recuerdo y aún hoy se me pone la piel de gallina.

Además, era inesperado ver a Argentina en ese lugar…

Es que los países de Europa son potencia a nivel mundial en canotaje. Y me acuerdo que después de la regata en Bochum, ya nos empezaron a ver con otros ojos. Mucha gente no podía creer que Argentina tuviera ese rendimiento deportivo. Por eso te digo que fue algo histórico. Y lo que son las cosas de la vida: ese año le ganamos a un montón de palistas de Alemania o Hungría que después fueron campeones olímpicos. Por ejemplo, a Ronald Rauer, un alemán que después ganó cuatro medallas olímpicas.

La gloria eterna, en una imagen. De Césare y Bonini, en el podio del Mundial Junior de Velocidad de Polonia, con la medalla de oro en el pecho. El canotaje argentino no volvió a repetir nunca más ese logro, que le valió al misionero innumerables reconocimientos a nivel nacional e internacional

Y cerraste ese año bien arriba…

Sí, sí (se ríe). Ese año fui revelación en los premios que daba el diario Clarín. Martín Palermo fue Clarín de Oro y yo salí Clarín Revelación. Y también ese año estuve ternado en los Premios Olimpia y fui reconocido como embajador del deporte misionero. Fue mi mejor año, porque también salí triple campeón argentino, en K1 1.000 metros y K2 500 y 1.000 metros; y triple campeón sudamericano, en K1 1.000, K2 500 y 100, y K4 1.000.

Te codeaste con figuras del deporte nacional y mundial…

Sí, te digo, soy hincha de Boca y esa noche de los Olimpia me saqué fotos con Palermo y Bianchi, con Cannigia, con Guillermo Vilas y Riquelme. Esa vez, en los Olimpia, también estuvo Diego Maradona, porque le dieron el premio platino al jugador del siglo. Lo que genera Diego es increíble. Supera a cualquier famoso. En el momento en el que aparece, tenés 50 personas a su alrededor. Por lo menos en ese momento, era imposible sacarse una foto con él. Es increíble lo que mueve.

¿Competiste en otro Mundial?

Sí, a los 18 pasé a Senior. Es un cambio fuerte, porque ahí ya competís con palistas de todas las edades, atletas de mucha experiencia. Y me fue bien, porque el primer año fuimos campeones sudamericanos y participamos del Mundial 1999 en Milan, Italia. Ahí, en K4 1.000 quedamos 18º a nivel mundial, nada mal. Además, ese año también pude competir en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá. Tuvimos algunos problemas y quedamos quintos, porque si no era para hacer medalla de bronce.

Ese gran amor. José y la mirada fija en el oro que ganó en el Mundial Junior de 1998. Ese triunfo lo llevó a consagrarse como el deportista revelación del diario Clarín.

Al año siguiente fueron los JJOO de Sidney…

Yo venía enfocado en participar de Sidney 2000. Se hizo el selectivo y Argentina tenía tres plazas para los Juegos Olímpicos. Primero fue Javier Correa, el Maradona del canotaje argentino, dos veces finalista olímpico y campeón mundial en Senior; segundo fue César De Césare, que se nacionalizó y ahora vive en Ecuador, donde es ídolo e incluso luego fue abanderado olímpico de ese país; y tercero terminé yo… Había clasificado a los JJOO.

¿Y qué pasó?

Bueno, vamos a la gira preolímpica, Brasil, Hungría, Bélgica y República Checa. Yo ya era parte del equipo olímpico. Y a tres meses de Sidney, me avisan que había quedado suplente por una decisión política del cuerpo técnico. Eso para mí, marcó un quiebre.

Fue una frustración muy grande…

Sí, una gran frustración. Yo era chico, tenía 19 años, y no lo soporté. Había entrenado a muerte todos los días. La vida de alto rendimiento es muy sacrificada, de mucho dolor, de mucha carga, muchas horas. Es una vida dura. Imaginate que yo a esa edad no iba al boliche, no tomaba alcohol, entrenaba hasta los fines de semana. Y después de eso, no quise remar más.

¿Hoy te arrepentís de esa decisión?

Sí, sí, pero como te digo, en su momento fue una frustración muy grande. Mi familia quería que siguiera remando, pero se me fue la energía, la pasión. Se me fueron las ganas de competir. Traté de seguir y llegué hasta marzo de 2001. Incluso llegué a viajar a un Panamericano en Estados Unidos, después fueron los JJOO y mirá cómo son las cosas que en noviembre de 2000 gané un Nacional en 200 metros a los tres que fueron a Sidney. Todo eso fue determinante, se me apagó el fuego.

¿Cómo es tu vida hoy?

Bueno, cuando largué el canotaje comencé a estudiar y hoy soy licenciado en Administración de Empresas. Trabajo en el Centro del Conocimiento desde 2007 y también doy clases en la Comercio 6 a la noche, en el Terciario. Yo fui alumno de la Comercio y hace más de diez años que estoy dando clases, así que estoy devolviendo un poco de lo que aprendí ahí.

En tus tiempos libres, ¿seguís con el canotaje?

Siempre sigo relacionado. Desde que se formó el Club Río Paraná, trato de estar y colaborar con los profes, Adrián Palamarchuk y Nico Robin. Los ayudo y a veces salgo a entrenar con los chicos. Trato de asesorar, de sumar todo lo que pueda para el deporte. Esa es mi idea, porque no me interesa ser profe ni entrenador. Quiero que Misiones sea reconocida a nivel nacional y volver a tener chicos en el nivel más alto. Aquellos años fueron una época muy linda para el deporte misionero.

Hay una anécdota más… ¿es cierto que desfilaste con Giordano?

Sí, sí (se ríe)… A fines de 2000 había salido la propaganda de un yogurt en la que estaba un grupo de palistas que gritaban “¡¿Qué somos?! ¡Tiburones!”. La cuestión es que esa empresa láctea continuó con esa promoción en el desfile de Roberto Giordano, en enero de 2001, en Pinamar. Y nos convocaron a seis de los palistas de la Selección Argentina. Nos pagaron para desfilar, pero la verdad es que hubiésemos ido gratis si querían (se ríe). Caminos por la pasarela con los remos, detrás de Catherine Fulop. Fue una experiencia insólita y muy linda. Ahí la conocimos a ella y a modelos como Nicole Neumann o Valeria Mazza. Para nosotros fue algo nuevo todo ese mundo de la pasarela.

¿Qué es el canotaje en tu vida?

Hoy es mi cable a tierra, porque salgo a remar como calidad de vida, me saco todas las energías, me hace bien. Es el deporte que me gusta y disfruto remar. Agradezco al canotaje la posibilidad que me dio de conocer el mundo, la madurez que tuve, porque siendo tan chico, todo eso me hizo madurar mucho. Pude conocer mucha gente, muchos países, que no hubiese conocido de otra manera. No me arrepiento y volvería a remar si tuviera que elegir. El canotaje me dio todo, solo me quedó en el tintero haber participado de un JJOO. Me faltó eso, siempre lo voy a desear y nunca lo voy a hacer. Como sueño, me gustaría que un hijo mío vaya a un JJOO, eso me llenaría de alegría.

Sería una especie de revancha…

Ojo, tampoco pretendo eso, no les pongo esa presión. Facundo (7) y Luciano (4) serán lo que ellos quieran ser, ellos elegirán. Yo sí les voy a enseñar todos los deportes y, si alguno se dedica a eso, sería un sueño para mí, una especie de revancha.

 

Por el mundo 

Gracias al canotaje, Bonini conoció alrededor de 20 países. Italia, Canadá, Estados Unidos, Polonia, Bélgica, República Checa, Hungría, Bélgica y Alemania son apenas algunos de los lugares en los que compitió.

En ese sentido, José confió que aprovechó cada estadía para conocer un poco más de esos lugares. “Italia me gustó mucho por la historia. En Roma, cada piedra o estatua tiene una historia de 2000 años. Ahí estuvimos casi un mes y medio, entonces los domingos, que tenía libres, salía a recorrer”, recuerda.

Pese a ese interés por la historia, Bonini también supo apreciar lo nuevo. “En Canadá y Estados Unidos te encontrás con otra cosa, con ciudades modernas de cerca de 500 años. Y es todo moderno. Son contrastes, por un lado civilizaciones de 2000 años y, por el otro, de 500 o menos”, cerró.