“A nadie se le va a multar, se apela a la sensatez de cada uno”

La misionera Liliana Nuño Silva analizó el impacto del coronavirus en un país que apostó a la conciencia social más que a las restricciones legales. Suiza padece un rebrote y por eso se exige el uso de barbijos por primera vez en la crisis

20/07/2020 14:30

Liliana Nuño Silva - Suiza

VERANO SUIZO. Instalada desde hace años en Zúrich, hace cuatro o cinco que no pisa Argentina y Misiones.

Mucho se escuchó hablar sobre cómo se había implementado la estrategia sanitaria en Suiza, que hasta ayer tenía 33.492 casos confirmados de coronavirus, con 30.100 recuperados (una tasa altísima) y 1.688 muertes.

PRIMERA EDICIÓN quiso saber cómo viven esta realidad los misioneros, y por eso el programa “Aire de Sábado”, que se emite por la FM 89.3 Santa María de las Misiones, se contactó con Liliana Nuño Silva, una posadeña que vive en ese país europeo.

Su lugar de residencia es Zúrich, que está muy cerca del Norte de Italia. “En un primer momento no se sabía mucho del virus y entonces la gente tenía mucho miedo, se quedaba en su casa”, contó.

De todas maneras aclaró que, a diferencia de otros países, “nunca hubo un lockdown (confinamiento) total: se recomendaba quedarse en casa y durante un tiempo se cerraron todos los restaurantes y otros rubros no esenciales, pero nosotros podíamos ir a caminar, a pasear, a hacer hiking (excursionismo) a la montaña, los niños podían ir a jugar al parque…”, enumeró Liliana.

De hecho, “las guarderías nunca cerraron, porque en este país muchas veces pasa que a los niños los cuidan los abuelos y (manteniendo abiertos los jardines) se quería evitar poner en riesgo a la población adulta”, explicó la misionera, quien en su caso personal, en cambio, “tengo una niña pequeña de 3 años y no la mandamos: quedó con nosotros hasta que se inició la fase 1, se aplanó la curva y era todo más seguro”.

 

Un paso atrás

La estrategia suiza para combatir la expansión del COVID-19, muy alabada desde distintos sectores fue siempre confiar en el buen criterio de la población y se basó en “la recomendación a la población de cómo comportarse: de tener cuidado, de entrar al supermercado o la farmacia en tandas, la distancia en las colas… pero a nadie se le va a multar por hacer algo que no debería, se acude siempre a la sensatez de la persona, que entienda que es un riesgo”, detalló Nuño Silva.

Pero -advirtió- “ahora los números han cambiado: veníamos con promedios de 5 a 10 casos por día y hace dos semanas hubo un pico, sobre todo en la zona de Zúrich, y se empezó a marcar 160 casos diarios. Ahora estamos en unos 100 casos por día, y por eso desde el 6 de julio se exigió el uso de las máscaras protectoras en el transporte público”.

En cualquier caso, agregó, “acá hay muchos bares, está el río en el centro de la ciudad y uno puede ir a bañarse… Eso está lleno de jóvenes, uno al lado del otro. Los lugares para ir a bailar están abiertos y están teniendo muchos problemas con eso, porque se hace un seguimiento a través de una aplicación donde uno deja los datos de dónde va y cuando aparece un caso, (las autoridades) tienen que contactar a 300 o 400 personas; y muchas veces la gente deja información incorrecta y no se puede contactar a la mayoría. Entonces, hay una alta chance de que quizás en el corto plazo no se pueda ir a bailar tampoco”, advirtió Liliana.

 

Flexibles pero no exentos de crisis

En cuanto a la actividad económica, Liliana indicó que “no hubo casi restricciones, los dos primeros meses había una exigencia un poco más grande y se pidió que la gente tratara de trabajar desde la casa, pero por ejemplo la construcción no paró, los frigoríficos tampoco, la gente podía ir a la oficina… Lo único que se pedía era respetar la distancia mínima”.

En comparación con otros países europeos, el Estado suizo “ayudó mucho” durante la crisis, según Nuño Silva. “Por ejemplo la pandemia impactó muy fuerte en el negocio del turismo, de manera que desde el Gobierno tuvieron que asistir a ese sector aportando parte de los sueldos de los empleados; aparte, éstos fueron forzados a trabajar menos horas, para llegar a un salario mínimo, pero evitar que las empresas quiebren. A pesar de ello, se está despidiendo personal para mantenerse en pie”, lamentó.

No obstante, completó, “en este país, cuando vos tenés un sueldo, pagás un seguro de desempleo, que podés cobrarlo cuando quedás sin trabajo; el monto te cubre casi todo el sueldo por dos años”.

 

Colegios, casi lo primero en volver

Respecto a la actividad escolar, relató que “en un principio no querían cerrar los colegios. Si bien empezó la cuarentena, se siguió mandando a los niños a clases un tiempo más. Pero después, como creció mucho el miedo porque no se conocía el virus, hubo dos meses donde los niños permanecieron en casa. En general estuvieron haciendo homeschooling”.

Pero es una de las primeras cosas que volvió a la normalidad por el hecho de que consideran que los niños no son un grupo de riesgo”, remarcó.

Y ahora que entraron en el período de vacaciones de verano, “la realidad es que la gente se harta de la situación y, si bien aquí no hubo esa situación de cuarentena total, la gente tiende a moverse. Muchos tratan de ir a otros países”, describió Liliana.