“Tenemos la suerte de tener la historia bastante fresca”

El 80 aniversario del Club Japonés de Jardín América, encontró a la institución con una comisión directiva conformada por jóvenes que cimentan su trabajo en la experiencia y el conocimiento de los mayores. La entidad nipona tiene más años que la localidad misma. Fue fundada en 1939 cuando la ciudad de las diagonales vio la luz recién el 7 de mayo de 1946.

03/06/2020 11:02

La celebración del 80 aniversario de la Asociación Japonesa del Alto Paraná Nipponjinkai trajo consigo vientos de cambio dentro de la institución. La conformación de una comisión directiva, integrada en su mayoría por jóvenes, pero en un trabajo sustentado en la sabiduría y experiencia de los mayores, promete significativos avances para la comunidad nipona.

Para Raúl Kamada (33), es una “responsabilidad y un orgullo” regir el destino de la entidad desde el año pasado. Y la primera prueba de fuego fue formar parte de la organización de los festejos del aniversario. “Eso nos hizo investigar un poco. Hay muchas cosas que los jóvenes no sabíamos de nuestra historia. Una de las particularidades es que nuestra asociación tiene más años que la ciudad misma. Fue fundada en 1939 cuando Jardín América vio la luz recién el 7 de mayo de 1946”, comentó.

“Es poco común ver a tantos jóvenes dentro de una comisión de una Asociación Japonesa”, dijo, y destacó que “estamos trabajando en conjunto con los grandes y no tan grandes. Todos estamos aprendiendo de esta transición. Nos toca asumir esta responsabilidad que aceptamos. La verdad es que dieron muchas cosas entre el 2019 y este comienzo de año”. Lamentó que muchos de los inmigrantes, socios fundadores, “ya no están entre nosotros. Hace dos años tuvimos la triste pérdida de nuestro último socio fundador, Kojiro Sasaki, quien nos podría hablar sobre los primeros tiempos del club”. Se había establecido en las colonias Sol de Mayo y Primavera, a unos quince kilómetros del casco urbano.

Un hombre destacado de la colectividad fue el doctor Tadayoshi Kamada. En 1954, comenzó a trabajar en la enfermería del Puesto de Gendarmería de Jardín América, convirtiéndose en el Primer médico en la zona. El hospital local lleva su nombre. Su hijo Jorge, sigue los pasos.

Una vez fundada la ciudad, muchas de las familias se vinieron a radicar más cerca del centro. Según el joven Kamada, hay varias versiones respecto a porqué se establecieron en estas colonias, pero la principal es por la practicidad que tenían para producir y por la fertilidad de las tierras allí adquiridas. “Había posibilidades de conseguir terrenos. Muchos vinieron de la zona de Oberá, Los Helechos, Santa Ana, Gobernador Roca, Colonia Luján. Saizuke Hase y Kentaro Katogui fueron unos de los pocos que se establecieron en esta zona directamente al llegar a Misiones”, acotó.

En sus chacras empezaron con la producción de yerba mate y la extracción de madera. Depende la época, también plantaban tomates o cosechaban tung. Actualmente muchos hijos siguen los pasos de sus ancestros. “Es como toda historia de inmigrantes donde la mayoría viene sin nada y busca prosperar en un nuevo lugar. Algunos tenían su oficio, como el de carpintero. Pero se fueron rebuscando, no sabían el idioma y ese era uno de los inconvenientes, una barrera bastante difícil”.

De todos modos, “tenemos la suerte que la mayoría de las familias que residen en la zona son inmigrantes, sus edades oscilan entre los 55, 60, 70 años, lo que hace que tengamos la historia bastante fresca. Cuando vinieron al país, tenían entre tres y cinco años. Si bien no se les escucha hablar fluido el castellano, se sienten parte de la Argentina. Es que más del 90% de su vida transcurrió aquí”.

Mantenerse activos
Contó que dentro de la provincia existen cuatro asociaciones (Posadas, Oberá, Garuhapé o Colonia Luján y Jardín América). Representan una ventaja respecto a otras provincias donde los clubes se aglutinan en la capital y el asociado que quiere acceder a un curso, por ejemplo, debe trasladarse hasta ese punto. El Club Japonés de Jardín América registra un total de 168 socios activos, que pueden utilizar la cancha de fútbol y el salón de fiestas, a fin que las todas las actividades se concentren en un solo lugar (es el caso de la escuela de idioma y el grupo de tambores japoneses “Ryuujin Daiko”, que posee una trayectoria de 14 años y es el segundo en antigüedad del país, después de Buenos Aires).

Una de las premisas que la novel comisión tuvo a la hora de programar, fue buscar reflotar todas esas actividades que quedaron en el camino dentro de la sede hace quince o veinte años. “Muchas cosas se fueron perdiendo con el paso del tiempo. El año pasado logramos todas las tareas que nos propusimos. De tener dos o tres actividades principales por año a tener una por mes. Fue uno de los logros que hizo que muchas de las familias que no frecuentaban el club, volvieran a hacerse presentes. Hay muchas que ya no se festejaban. Algunas pudimos retomar, y con eso hicimos que activemos un poco dentro de la comunidad”, agregó, animado.

Si bien llegaron desde distintos lugares, la mayor parte de las familias que residen en Jardín América provino de la isla más grande que se halla al Norte de Japón, de la prefectura de Hokkaido.

Mencionó que la actividad principal es la Fiesta Provincial de las Colectividades las Raíces que cada octubre se lleva a cabo en Jardín América, además de las conmemoraciones tradicionales de Japón, como la de homenaje a las personas de la tercera edad -son 21 personas mayores de 70 años asociadas al club-; un día deportivo (undoukai), con actividades al aire libre, o los tradicionales almuerzos, previos a Raíces, donde se arma el programa del evento. Es en esa oportunidad donde pueden lucir sus trajes típicos. “Gracias a Raíces, tenemos un día en el que podemos usar la ropa tranquilamente. Lucirla. En Japón es habitual ver a alguien con una ropa que nosotros usamos unicamente para la Fiesta de las Colectividades o en una o dos actividades dentro de la Asociación. Es poco frecuente ver en la calle a alguien vestido, por ejemplo, con un kimono”.

Otros de los encuentros giraron en torno al inicio de año (shinnenkai) y al cierre del año (bonenkai), y a la presencia del embajador de Japón en Argentina, Takahiro Nakamae, que el año pasado tuvieron “la fortuna de recibir”. Relató que en esa ocasión, los mayores pudieron dialogar con el embajador, quien les preguntó porqué se les ocurrió salir de Japón y venirse a un mundo nuevo, que desconocían, en una época en la tenían que abrir caminos por medio de machetes para establecerse en un lugar. “Todos manifestaron su conformidad de haber terminado en la provincia de Misiones”, alegó Kamada.

 

Distintas realidades
A entender del titular del Club Japonés, la mayoría de sus paisanos tienen casi la misma historia que cualquier inmigrante. Por situaciones que se dieron en su lugar de origen, decidieron buscar una prosperidad en otro lugar. La mayoría de las migraciones se produjeron en época de guerra. Japón tuvo muchas guerras civiles, invasiones por parte de Estados Unidos, de Rusia y, “si tengo que buscar un común denominador, la mayoría vino en busca de una nueva vida, una mejor vida, de lo que estaban pasando en ese momento, en esa época, cuando decidieron emigrar. A partir de ahí cada familia tiene su realidad. Algunos vinieron por contacto, porque ya tenían algún familiar acá y podía hacer de nexo”, narró.

Citó el caso de quienes se establecieron en Colonia Luján, a pocos kilómetros de Garuhapé, “donde directamente se establecieron como colonia, vinieron varias familias juntas y se radicaron en un terreno que fue adquirido por el Gobierno japonés. Esa es otra realidad. La mayoría, si tengo que definir o buscar un motivo, es en busca de una mejor vida por la situación que estaban viviendo en ese momento en Japón”.

 

Tarea silenciosa
Kamada, quien como otros de su edad, mamó la cultura y las tradiciones como si estuvieran en el país del “sol naciente”, aseguró que hay muchas cosas que contar sobre la historia de los primeros. Entre otras cosas, porque “la comunidad convivió con todo el proceso de nacimiento y crecimiento del pueblo. Los relatos de la colonización, de la fundación, están muy ligadas a las actividades del pueblo. Como es el caso de la Cooperativa de Productores Yerbateros de Jardín América Limitada, que se gestó en la colonia Sol de Mayo y que está conformada por muchos socios japoneses”. Sin ir mas lejos, el actual presidente de esa entidad, Naritoshi Mikami, es parte activa de la colectividad.

 

Al hablar de su vivencia personal, indicó que “como todos vivíamos dentro del pueblo, fuimos a la escuela japonesa, que nos queda cerca. El 100% de los chicos, compañeros míos, amigos míos, asistieron a clases de idioma. Así como acá es usual estudiar ingles de manera extracurricular, nosotros en esa época cursábamos hasta dos veces a la semana. Cuando íbamos, terminábamos las clases a las 12 y teníamos que limpiar la escuela, unos los pisos, otros los pupitres, los restantes los sanitarios. Nos enseñaron de esa manera. Era una educación distinta”.

“Estamos viendo un cambio generacional pero tenemos la fortuna de mantener la cultura. Dentro de cada familia se mantienen las tradiciones, si no hay una arrocera dentro de una familia japonesa, es raro. El arroz es fuente de consumo principal. Se siguen manteniendo los platos, quizás no sea la comida habitual pero para las fiestas u ocasiones específicas (incluso las fechas patrias argentinas) aparecen ciertos platos tradicionales. Tenemos la suerte de mantener la cultura intacta en lo que respecta a la comida”, confió.

Admitió que no quedan muchos jóvenes descendientes en la zona. Es que hay varios que se fueron a trabajar a Japón y ya no volvieron. Otros se radicaron en Buenos Aires en busca de un mejor futuro. “Los que estamos acá nos dedicamos, por lo general, al comercio o al rubro agroforestal”, agregó.

 

Actividades más destacadas
El primero en llegar a la tierra colorada fue Sugimoto Sigesaburo (1914 a Apóstoles) y la familia Kashiwagi Zenkichi (1923 a Loreto, desde Virasoro, Corrientes). Luego comenzaron a llegar los colonos japoneses directamente de Japón o procedentes de Perú, Chile y Brasil. Se radicaron en Santa Ana, Loreto, San Ignacio, Gobernador Roca, Corpus, Naranjito, Puerto Leoni, Colonia Tabay, Corpus y Puerto España. Con el fin de estrechar la amistad y confraternidad entre japoneses, en 1938 finalizaron los preparativos para formar la Asociación, y en enero de 1939 se realizó la asamblea constitutiva de la Asociación Japonesa del Alto Paraná (Alto Paraná Nipponjin Kai). Se efectuó en Loreto, en la casa de Kashiwagui Zenkichi, quien fue electo presidente.

Durante los años venideros, se efectuaron diversas colectas y donaciones, entre otras, para ayuda a la retaguardia de la Guerra; para asistir a los damnificados por el terremoto de San Juan; para los damnificados de la Segunda Guerra Mundial; para el sanatorio de Cosquín, Córdoba (construido y administrado por Asociación Japonesa en Argentina), donde se atiende a enfermos de tuberculosis pulmonar. De esta manera también se colaboró con los damnificados de la tormenta e inundación en Buenos Aires; con los japoneses residentes al sur de esa provincia, que sufrieron daños por el granizo, y con damnificados del Terremoto de Perú. En 1962 se resolvió la construcción de la sede social de Alto Paraná Niponjin-kai y se adquirió un terreno en Colonia Tabay. En 1966 se realizó la reunión preparativa para crear la Federación de Asociaciones Japonesas de Misiones. En 1967 se adquirió el terreno para edificar la sede en el centro de Jardín América. El 12 de diciembre se inició la Escuela de Idioma Japonés Alto Paraná Nihongo Gakuen.

En 1972 se construye el nuevo edificio para la sede social, y se recibe subsidio de la Embajada de Japón para levantar aulas para Escuela de Idioma Japonés. En 1980 se obtuvo la Personería Jurídica a nombre de Club Social y Deportivo Alto Paraná Niponjin Kai); en 1984, Seinembu organiza “El tor-neo de Amistad”, y el 2 de diciembre de 1989, se celebra el 50º aniversario del club.

En 1992 se inicia la “Fiesta de las Raíces”, organizada por alumnos del ISFDC. La colectividad fue representada por la socia Emilia Nishino. En 1993 se levantan nuevas aulas para Nihongo gakko, y en 1995, se recibe subsidios de JICA para la construcción de aulas. En 1996 se refacciona y amplía la sede social y se construyen sanitarios. En 2000 se refacciona el frente del edificio, se amplía la cocina y el salón hacia la calle Surinam. El 11 de junio se hizo el 1° Mochitsuki Taikai. En 2006 se inicia el Grupo Wadaiko “Ryujin Daiko”, y en 2011, se concretó la colecta por Higashi Nihon Daisinnsai de Japón (terremoto y tsunami en el Noreste de Japón).