Lago Atitlán, paraíso guatemalteco

Es un lago de origen volcánico. Llegar hasta allí es una auténtica aventura cuya recompensa no es sólo histórica y ecológica, también es cultural. Este es uno de los centros neurálgicos de Centroamérica, al que tanto chamanes como mochileros acuden en masa. Imperdible.

16/02/2020 16:37

Situado en el departamento de Sololá, el Lago Atitlán es uno de los atractivos turísticos más visitados en Guatemala, nominado como una de las siete maravillas del mundo. Es considerado como el lago más bello del planeta, y también se concibe como uno de los sitios más singulares.

Tiene una extensión de 130 Km2, y el color de sus aguas varía del azul profundo al verde. El lago, formado hace aproximadamente 84.000 años producto de una erupción volcánica, se encuentra a 1.500 metros sobre el nivel del mar, con una longitud de 18 kilómetros y una profundidad hasta de 341 metros, convirtiéndolo así en el lago más profundo de Centroamérica.

Los cerros y volcanes alrededor del lago ofrecen bosques densos y tupidos, donde el senderismo se puede practicar sin problemas, pudiéndose observar una gran variedad de aves, desde los poco tímidos pájaros carpinteros, hasta el Quetzal, ave nacional.

A orillas del lago están los volcanes de Atitlán, Tolimán y San Pedro La Laguna (“Los Tres Gigantes”), formando así un paisaje impresionante, y alrededor del lago pueden visitarse los municipios de Santiago Atitlán, San Lucas Tolimán, San Antonio Palopó, Santa Catarina Palopó, Panajachel y San Pedro La Laguna.

Los pueblos ofrecen diferentes ambientes a los turistas, desde la paz característica de Santa Cruz La Laguna y San Pedro La Laguna, lugares muy visitados, hasta la atmósfera festiva de Panajachel, el punto más popular de Sololá.

Los pueblos
• Panajachel es el pueblo más popular de Atitlán, y la primera parada de los afortunados que están dando la vuelta al lago. Es una suerte de Benalmádena a la guatemalteca: paseo marítimo, pero con lago; restaurantes turísticos, pero atendidos y dirigidos por familias indígenas. Puede no ser del gusto de todos, pero una parada es casi inevitable, sea para visitar el cajero o comprar souvenirs.

• San Pedro: la laguna es ideal para mochileros y almas jóvenes. No tanto quizás para familias ¿Por qué? Pues porque la definición exacta de fiesta. En San Pedro, la fiesta es reina. Además de Panajachel, éste el único pueblo de Atitlán accesible por carretera además de por el lago.

• San Marcos: La laguna. Se dice que el Lago Atitlán posee una fuerza mística irresistible y son pocos los que se resisten a su llamada espiritual a base de círculos de percusión y ceremonias de curación. Si, por tentador que suene, no se cuenta entre ellos, aun así acérquese: San Marcos tiene unas vistas privilegiadas sobre el lago que, para qué engañarnos, hasta se aprecian mejor tras una hora y media de vinyasa. ¿Qué es el vinyasa? Simplemente una forma de yoga.

• Jaibalito: es el sitio perfecto para ermitaños, solitarios y quienes quieran desaparecer del mundo durante un rato. Muchos la consideran el secreto mejor guardado de Atitlán (hasta ahora). El pueblo es accesible sólo por barco o a través de la montaña, y goza de una soledad perfecta para muchos. En materia de emociones turísticas, ofrece pozo y nada. Nada de deportes de riesgo y la vida nocturna es prácticamente inexistente. Pero si lo que busca es desconectar (literalmente: el wifi no pasa por estas tierras) pocos lugares en Guatemala se lo ponen tan en bandeja.

• Santa Cruz: perfecto para quienes disfrutan del buceo y al mismo tiempo paz y tranquilidad. No es de fácil acceso: sus cuestas podrían rivalizar con las de San Francisco, o incluso las de Vigo. El Lago Atitlán está rodeado de montañas, y en ningún otro de los asentamientos esto se ve tan claramente como en Santa Cruz. Una vez pasado el puerto, Santa Cruz introduce al viajero en el mundo maya de antaño, que se ha mantenido profundamente tradicional cual cápsula del tiempo.

Sin temor a equivocarnos, visitar este rincón guatemalteco debe ser una de las mejores experiencias que alguien que se tilde de viajero. Así que no lo dude más. Vaya y después nos cuenta cómo le fue. ¡Buen viaje!