Motos: un placer y un dolor de cabeza

Un medio de movilidad económico y ágil. Un excelente transporte que no debe ser tomado a la ligera y ser utilizado a conciencia.

19/01/2020 12:48

La motocicleta se convirtió en un aliado para el trabajador que no quiere padecer la espera y el acarreo del transporte público. También, desde hace varios años, la posibilidad de acceder a una “motito” en cómodas cuotas, hizo que brotaran miles de nuevos motociclistas. Entre el gasto del transporte y lo que valía el pago mensual, la relación costo beneficio, provocó que muchos se animaran a comprar una. Pero en muchos casos, sobre todo para los de más de 40, probablemente la última vez que hicieron equilibrio en dos ruedas fue cuando Maradona jugaba en Boca, o todavía se hacían chistes de humor negro con el vino berreta en damajuana que había matado a casi 30 personas a comienzos de los ‘90.

La crisis hizo que muchos vendieran el auto y optaran por el transporte más económico. Para ellos el tránsito es el mismo, están acostumbrados, pero hay una grandísima diferencia entre un automóvil y la moto. No se descubre nada con esta afirmación, pero en motocicleta, la confianza es la pasajera traicionera que va sentada atrás.

Para los otros, que alguna vez montaron una bicicleta y suben de categoría hacia la hermana con motor, es cierto que con un poco de confianza y a baja velocidad, a los tres días ya se le puede ir “agarrando la mano”, pero el problema radica en que no se trata solamente de no caerse. El cálculo de la distancia de frenado según la velocidad que se lleva, el peso del conductor y la calidad de la moto que se maneja, son claves para no terminar incrustado en el lateral de un auto o que algún vehículo lo levante “en pala” sobre el capot, cuando la moto frenó más adelante de lo que se pensaba.

La velocidad máxima en las avenidas (en general) es de 60 km/h. Cuando el motociclista comenzó a transitar la primera decena de metros, relativamente no existe ningún problema. Pero cuando pasó la mitad de la cuadra, se acerca a una esquina sin semáforos y sigue a velocidad constante, puede entrar a la zona de “a todo o nada”. Va a ser muy difícil que la motocicleta frene justo antes del automóvil cuyo chofer salió de golpe al cruce sin mirar si venía alguien del otro lado. Este tipo de siniestros son comunes, pero afortunadamente son más los conductores sensatos que bajan la velocidad o frenan antes de llegar a una esquina, “por las dudas”.

Si existe alguna incógnita sobre esto, bueno sería que los motociclistas probaran algún domingo, o en una calle con poco tránsito, llevar la moto a la velocidad máxima permitida y comenzar a frenar a mitad de cuadra para entender que con una frenada que no sea brusca, se puede llegar bien a la esquina para evitar una colisión. De lo contrario, si le dan al acelerador y quieren frenar cuando se dieron cuenta que un automóvil salió “de la nada”, lo que les aguarda es el asfalto caliente mientras esperan que llegue la ambulancia, siempre y cuando estén conscientes.

Así de cruda puede ser la imprudencia. Pero para ser honestos con los que manejan apropiadamente, nadie está exento de cometer un error en la conducción, o que sea el automovilista el que cometa una imprudencia y provoque que terminen en el suelo.

Sobre este punto hay que tener en cuenta el tipo de frenos que traen de fábrica las motos. Las de 110 centímetros cúbicos, que a simple vista puede decirse que son la mayor parte del parque de motocicletas, casi todas vienen con frenos del tipo tambor, que cumplen su función pero hace años dejaron de ser confiables en cuanto a la seguridad de frenado. Otras vienen con un freno a disco adelante, que suma muchísima mayor potencia de detención a la moto, pero en la rueda trasera traen también el sistema de tambor.

En modelos de mayor cilindrada de hasta 150 cc. salvo algunas excepciones, las grandes marcas tampoco ofrecen un buen sistema de frenado. Traen disco sólo en una rueda, cuando en países de Europa es obligación desde hace años. Algo similar pasó en Sudamérica y en Argentina específicamente con la obligatoriedad de los airbags en los autos. Muchas vidas se perdieron hasta que los autos comenzaron a salir “por ley”, de fábrica con esos sistemas de seguridad.

En la continuación de la temática del frenado de las motos, algo que muchos conductores tampoco tienen en cuenta es el peso que llevan sobre las dos ruedas cuando van con un acompañante. Aumenta la masa y por ende, cuando se intenta frenar, por el peso mismo la inercia es mayor y la motocicleta necesita más metros para frenar. Llevado esto al ejemplo de la velocidad máxima en una cuadra e intentar frenar en una esquina, muchos sabrán por mala experiencia que jamás se va a detener el rodado para evitar una colisión antes de llegar a un cruce de calles.

Como se mencionaba al comienzo de este texto, muchos optaron por la moto para tener un medio de movilidad más económico. Pero esto tampoco sirve como argumento para dejar que la moto se deteriore en lo que respecta a sus sistemas de seguridad. La excusa de la falta de dinero para arreglarla o circular en modo “igual anda”, sin luces, con las cubiertas lisas, o con el freno en una sola rueda, dejan en evidencia una actitud cuasi infantil de creer que nunca les va a pasar nada. Esta es una de las cuestiones por las que muchos automovilistas odian a este tipo de conductores de moto.

Porque de noche no los ven, porque con motos desvencijadas tienen muchas más posibilidades de tener un siniestro, los cuales ocurren por culpa de quien manejaba la moto, justamente por el estado de seguridad deplorable con el que se movilizan. A propósito, de noche, muchos motoqueros circulan sin luces por la ruta. Desde aquí rogamos que Dios los ilumine y se decidan a comprar un par de focos antes que continúen las tragedias.

Otra de las grandes imprudencias de los motociclistas tiene que ver con el casco. No lo usan, lo llevan como si fuera una gorra, o están los que se creen “bananas” se ponen los que son para andar en patineta. El nombre lo dice, “¡es para uso en patinetas!”. También puede pasar que está tan viejo y deteriorado que sólo sirve para que no les hagan una multa. Los cascos tienen un período de vida útil. A los tres años, esa hermosa caleta lustrosa con letras flúor ya dejó de ser segura. La cubierta interna de “telgopor”, pierde la consistencia y ante un impacto ya no sirve para absorber golpes.

Cuando el casco pasó de su etapa de vida útil, la única protección posible es para evitar que la cabeza toque el suelo o el asfalto mientras el cuerpo se arrastra instantes después del siniestro vial. Muchos creen que ese plástico que se ponen en la cabeza los va salvar “si total van despacio”. En internet hay cientos de videos donde se aprecia que aún a baja velocidad, cuando la desaceleración de la moto fue brusca por un impacto, la cabeza del motociclista pega un latigazo contra el suelo. Ni siquiera el que tiene el cuello como Mike Tyson va poder evitar que se golpee con brusquedad. Es incontrolable, y como mucho eso se logra cuando la persona se cae cuando corre a pie, nunca en una moto.

Después están los que no usan casco. Entre estos especímenes están los que no se lo colocan porque quieren que la gente vea que son ellos los que tienen una moto, o los que dicen “no pasa nada, voy acá nomás”. También encontramos los que lo llevan colocado como si fuera una gorra. Lo hacen porque les da calor o para bajárselo rápidamente si se toparon con un control de tránsito. El consejo para ellos es: si lo llevan así, mejor déjenlos en casa o regálenlo a otro que tenga miedo de morir y piense en su familia. Un casco mal puesto “vuela” cuando ocurre un siniestro. Lo que sigue es una fractura de cráneo.

En las noticias acerca de siniestros que involucraron a motociclistas, es habitual ver que el herido está tirado en un lado y el casco a varios metros de la persona. Clara señal de que lo llevaba de “adorno” o no estaba apropiadamente sujetado a la cabeza. Al respecto, también entre la fauna de imprudentes se puede encontrar a los que lo llevan apropiadamente puesto, pero el casco no tiene ningún sistema de sujeción porque premeditadamente “se lo sacaron”. Y por último los que lo llevan en el codo, “porque si el codo no se lastima salvan sus vidas”.

Una de las escenas más graves que se ven en las guardias de los hospitales son los motociclistas con fracturas expuestas, pero también cuadros grotescos de personas que sufrieron “escalpe” porque no llevaban o tenían mal puesto el casco. El efecto arrastre del cuero cabelludo contra el suelo provoca que éste se desprenda y se vaya hacia atrás, o literalmente se produzca un efecto lijado, que deja a la vista el hueso del cráneo.

Finalmente, de ninguna manera este escrito pretende incitar a que la gente deje de circular en moto o desista de comprar una si tenía esa intención. Simplemente se trata de generar conciencia a la hora de subirse a una. Son los que están más expuestos ante un siniestro y basta parar unos minutos en un semáforo para ver que muchos motociclistas no tienen conciencia del peligro que implica para ellos el estado de la moto, o no circular con elementos de seguridad apropiados. Todo esto sin entrar en otra gran polémica que son los que no respetan las normas de tránsito. No se les cae la cara de vergüenza o lo hacen ante la mirada de todos, tal vez porque se sienten poderosos e impunes.

En fin, si quien la conduce es una persona responsable, la moto es como un juguete para los más grandes. Usarla es placentero, da libertad, es económica, ágil, otorga virtudes que el automóvil no tiene. Quienes la manejan saben que no en vano existe esa frase que dice que la moto es una “compañera” o el que la tiene “la cuida más que a…”. Es fresca en verano y con una buena campera y guantes, no se la sufre en invierno, sino todo lo contrario.
A los que la tienen, disfrútenla a conciencia. A los que las van a tener, no le tengan miedo, hay una perspectiva nueva por descubrir.

P/D
Me olvidaba, quiero dejar una consulta para los automovilistas. ¿Podrían explicar por qué no usan luz de giro o la colocan cuando ya están doblando en la esquina? No me lo digan ahora, piénsenlo.

Por Lic. Hernán Centurión