Don Aleksy, el emprendedor

Llegó desde Ucrania siendo muy pequeño. El primer destino fue Paraguay, luego Posadas, más tarde Colonia Oasis y, finalmente, Jardín América, que representa un lugar “muy especial” que eligió para residir. Se siente cómodo al autodefinirse “como un empresario, emprendedor, que de alguna manera arriesga y quiere desarrollar grandes cosas”. Todo lo que hizo en su vida, “lo logró con mucho esfuerzo”.

25/08/2019 13:22

Aleksy Wasiuk Reconoció el apoyo de las entidades bancarias establecidas en la localidad de Jardín América quienes brindaron a su empresa la confianza y los recursos a modo de préstamo para que pudiera desarrollar sus proyectos de manera más rápida.

Aleksy Wasiuk nació en Lutsk, Ucrania, el 23 de julio de 1930. De pequeño vino a estas tierras donde echó raíces, puso en marcha emprendimientos y vio crecer a sus cuatro hijos y nietos.

Tras alejarse del continente europeo, allá por 1936, sus primeros destinos fueron las localidades de Carmen del Paraná y Cambyretá, en Paraguay, hasta donde llegó en compañía de sus padres, Makario Wasiuk y Senobia Sirotinski; sus hermanos, Rotislao y Víctor, y dos tíos, Timoteo y Sauka (el primero se estableció en la zona de la colonia Bello Horizonte y, Sauka, en Aristóbulo del Valle).

Después de permanecer varios años en el vecino país, en 1940 la familia emigró hacia Posadas. Formaba parte de un humilde núcleo de inmigrantes, que buscaban sostener a sus miembros con las limitaciones del idioma y del contexto socio económico de la provincia de Misiones. Por eso es que exploró muchas actividades, entre ellas, como lustrador de botas, cultivando y vendiendo verduras, y comercializando leche. Siempre con una claridad y disposición en una vida de ahorros y buena administración. En 1947 se mudó a Colonia Oasis, y en 1951, Wasiuk se casó con Erna Leichner, con quien tuvo a Oscar, Myriam, Graciela y Néstor. Entre 1953 y 1954 decidieron establecerse en Jardín América.

En las Memorias, redactadas por su hijo mayor, Wasiuk recordó que en la zona había solamente dos aserraderos, una fábrica de palos de escoba y una planta para madera terciada. Emprendedor y visionario, enseguida montó un aserradero sobre la calle Venezuela al 600 y, poco a poco, agregó la venta de cemento portland utilizando para transportar la carga los camiones propios que regresaban desde Entre Ríos y Santa Fe, hacia donde viajaban llevando madera de Misiones.

Posteriormente, a partir de 1967, comenzó a construir un local de venta de materiales de construcción en la esquina de Paraguay y Guatemala. Por los años 70, instaló el aserradero sobre avenida Paraná y Quito, y también un local de ventas para materiales de construcción sobre la calle Paraná 511. El aserradero dejó de funcionar por el año 1975/1976, y en 1977 decidió que el local de ventas de materiales de construcción se trasladara desde el centro al local actual, emplazado sobre la ruta nacional 12.

Según el mayor de sus vástagos, por el año 1952, Wasiuk armó su primer camión con partes de un viejo Dodge, motor Ford y muchas otras construidas con materiales varios, como ser maderas, chapas y hierros. Así comenzó a progresar, transportando maderas aserradas especialmente de Oasis a Posadas. Por el año 1958 compró su primer camión nuevo, un Ford 600, y puso en ejecución su proyecto para armar el aserradero propio. En unos pocos años, se equipó con maquinarias para la explotación de bosques que, con habilidad, pudo utilizarlas para extraer maderas de lugares muy difíciles que otros no podían hacerlo. A través de estos años, su emprendimiento comercial posibilitó que de tres a cuatro familias que dependían de su empresa para proveerse del sustento de vida, pasen a ser unas 35 a 40, agradecidas por las posibilidades que le otorga la empresa.

Casa Aleksy Wasiuk fue el primer negocio dedicado a la venta de materiales de construcción no sólo para Jardín América sino para una vasta zona de la provincia de Misiones, proveyendo esos materiales a poblaciones y ciudades no sólo ubicadas sobre la ruta 12 sino también sobre la ruta 14.
Hoy por hoy, goza de una trayectoria bancaria financiera, limpia de toda intimación como asimismo dentro del mundo laboral, sin litigios de ninguna índole, a pesar de traspasar muchos vaivenes y fluctuaciones de la política económica del país.

En los albores de la ciudad

En ocasión de las primeras reuniones que se efectuaron a fin de evaluar la situación y de organizar la población del incipiente municipio de Jardín América, rememoró que estuvo presente junto a su padre, Makario Wasiuk, al pie del legendario timbó que se levantaba a la vera de la ruta nacional 12, bajo cuya sombra se dio inicio al proyecto de urbanización de esta localidad, fundada el 7 de mayo de 1946. El día que él asistió era una fecha patria, estimó que un 9 de julio, y que hacía mucho frío.

Manifestó que también acompañaban esos momentos, el ingeniero Isaac Da Silva, quien imaginó e ideó la distribución de las calles en la planta urbana; Juan Enríquez, Arturo Otto, Enrique Drachemberg, Juan Massena, Makario Wasiuk y algunos otros vecinos. Por supuesto, en medio del monte que circundaba la ruta 12, no había viviendas en las cercanías. Pero Wasiuk recordó con especial interés al ingeniero Isaac Da Silva por sentirlo muy animado con el proyecto de urbanización. Fue también el mismo ingeniero quien dibujó la planta urbana de Colonia Oasis.

Por la presencia en esos momentos decisivos, al lado de su padre, se considera pionero desde un punto de vista presencial pero no de un punto de vista de tomar decisiones porque era muy jovencito y escuchaba con detenimiento lo que los demás hablaban y decían.

Lugar especial

Para este “pionero”, Jardín América representa un lugar muy especial que eligió para residir. Él vivía en Oasis, donde había una comunidad de la iglesia adventista -todos los fundadores lo eran-. La idea de esos primeros, era tener una población, una comunidad, para crear un ambiente más familiar, adecuado, más cómodo para convivir”.

Actualmente, ve a la localidad como “una zona muy progresiva, donde siempre hubo -sobre todo en los inicios- muchas culturas mezcladas, europeas, orientales. Se convivía con gente con gran capacidad de trabajo y con muchas ansias de progresar, de desarrollar, de generar no sólo trabajo sino un sustento razonable para su propio entorno familiar. “Ellos quisieron tener un buen ambiente espiritual. Mi padre fue siempre religioso como mis antepasados, mis abuelos, mis tatarabuelos, que ya vinieron de Europa identificados con la religión adventista. Siempre desearon tener un ambiente adecuado para combinar la vida espiritual, familiar, laboral y el progreso”, añadió su hijo Oscar, que es la quinta generación de esta identidad religiosa.

A su entender, prácticamente los mismos fundadores se dirigieron a Jardín América, y comenzaron a diseñar lo que sería la planta urbana. Hubo proyectos comerciales, laborales, empresariales, como la fábrica de palos de escoba de Rosalino Luis Batilana, y otros proyectos relacionados al aprovechamiento de la madera como maderas terciadas y otras que se fueron generando posteriormente pero que ya estaban en el comentario y en el deseo de la gente de emprender ese tipo de actividades.

Narró que su padre le repite con frecuencia que uno de los grandes inspiradores para la vida laboral, empresarial y demás, “fue Dale Carnegie, de quien leyó su colección de libros. Y también trabajando en la empresa que formó, primero fue maderera, dedicó mucho tiempo a la explotación de montes, con camiones, con tractores, y demás, y al menos tres aserraderos, adonde preparaba la madera y la llevaba a vender en Santa Fe, Buenos Aires, u otras provincias. Pero el concepto filosófico de la vida lo sacó mucho del autor que mencioné”.

“Él se considera visionario, pero más que nada emprendedor. Le gusta autodefinirse como un empresario, emprendedor, que de alguna manera arriesga y quiere desarrollar grandes cosas”, acotó. Y aseguró que “todo lo que hizo lo logró con mucho esfuerzo. Arrancó sin recursos económicos y los desarrolló con bastante éxito por eso pudieron con su esposa actual montar una sucursal del negocio en Puerto Iguazú que tiene muy buen desarrollo y trabaja muy bien”.

Inculcó a sus hijos el espíritu de trabajo, de responsabilidad, de seriedad, de acción, que siempre acuñó para su vida. No se cansa de repetir una frase de Dale Carnegie que dice que “el gran fin de tu vida no es el conocimiento sino la acción, y la acción perfecciona el conocimiento”. “Repitió y sigue repitiendo continuamente este interesante pensamiento, un concepto de la vida muy interesante que tomó de ese autor. Dale fue uno de los autores preferidos, alegó”.

Por cierto, Wasiuk fue y sigue siendo un gran lector, “un tremendo autodidacta. Con él se puede hablar de cualquier tema porque lee mucho, tiene una tremenda enciclopedia y dedicó toda su vida y sigue dedicando mucho tiempo para la lectura de todos los temas, principalmente de ciencia, de investigación, de filosofía, bastante de religión, todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la mente en todos los aspectos de la vida”. Puede contestar sobre naturaleza, historia, y “tiene siempre una respuesta muy interesante”, quien prácticamente no tuvo formación académica. “Ni siquiera pudo terminar la escuela primaria porque de manera precoz se dedicó a trabajar, siendo parte de una familia muy humilde y tal vez sin mayores recursos como para encarar un proyecto educativo”, expresó Oscar.

En al menos dos oportunidades, Wasiuk volvió a su país de origen, Ucrania. Y sostiene que recuerda de su niñez algunos paisajes interesantes. Si bien se embarcó hacia Sudamérica con apenas seis años, “recuerda algunas cosas”. La última vez que volvió a su tierra fue hace unos 25 años. “Buscó recordar algunos lugares donde estuvo y sobre todo unos árboles que su padre y su abuelo plantaron, algunos frutales como cerezos, ciruelos, guindas. Los encontró y tomó fotografías”.

Un apasionado de la fotografía, optaba por tomar imágenes a sus allegados antes de salir en ellas. Hace unos 50 años atrás enviaba los rollos para que fueran revelados en Panamá, Centroamérica. “Tenía buenos equipos fotográficos y quería que las imágenes fueran de buena calidad. Mandaba el material por correo y tardaban varios meses en volverlo”, recordó su hijo Oscar.