Desafío superado

Miguel Ángel Morales (63) padece cuadriplejia espástica y se recibió de abogado en la UCASal. Obereño, a los 19, apenas recibido de gendarme, un proyectil impactó en la cervical y lo dejó en silla de ruedas. Dice que con el título en mano, buscará defender los derechos “de los que no tienen voz”. Junto a los amigos, su esposa Catalina Nilda Rodríguez (48) es un pilar fundamental.

11/11/2018 17:00

Estudiar Abogacía fue para el gendarme retirado Miguel Ángel Morales (63) un desafío para tratar de ayudar a los vecinos de su barrio, el ex Caballeriza. Y el jueves rindió su última materia, Derecho internacional privado, que lo habilita a recibir el título otorgado por la Universidad Católica de Salta (UCASal).

Padece cuadriplejia espástica desde 1975, cuando prestaba servicios en Buenos Aires y un proyectil se disparó accidentalmente desde el arma de un compañero y le impactó en la cervical. Después de dos años de permanecer internado, regresó a su Oberá natal.

El jueves, tras despedirse del docente que lo “interrogó” y evaluó vía Skype por más de una hora, ya más tranquilo y muy emocionado, aseguró que esa situación “me dio, quizás, más fuerzas para salir adelante”. Aún frente a la computadora, insistió con que todo comenzó como un desafío porque “hubo muchas personas en mi barrio a las que algunos funcionarios les ponían trabas, y se necesitaba un sello para poder pelear con ellos o con esa administración. Ese desafío derivó en tener que ser abogado, tener un sello, además de saber y conocer mis derechos para poder defender los derechos de otras personas. Hay muchas personas sin voz, y son las que están sufriendo”. Añadió que al contar con el sueldo de retirado de Gendarmería Nacional “no dependo de buscar casos de cualquier estilo, sino defender lo que pueda ser bien defendido, luchando por los derechos de las personas. Es mi sueño”.

Ya pasó dos terceras partes de su vida sobre la silla de ruedas pero “eso no me impidió a seguir adelante, gracias a la familia y a los amigos. Toda esa ayuda que recibí durante este tiempo me impulsó a que hoy quiera aplicarla en otras personas. Ese es mi sueño y espero poder cumplirlo.

Aunque muchas veces llegamos con un sueño y al poco tiempo lo destruimos nosotros mismos, no al querer ser mejores sino al creernos superiores”, reflexionó. Morales quiere seguir siendo la misma persona, la que nació y se crió en el barrio, “tratando de ver cómo puedo trabajar de la mejor manera posible. Me falta la matrícula como para decir que soy abogado -de lo contrario dirán que es usurpación de título- y comenzar a trabajar de manera correcta”.

Para Morales no existe el “no puedo. No debe existir nunca. Si digo no puedo, me equivoco. No digo que quiero ser ejemplo. Pero las personas puedan prepararse, capacitarse, y me duele muchas veces el no puedo que sale de personas sanas, sin discapacidad, que a lo mejor su discapacidad es su propio yo al no buscar superarse. Desgraciadamente hay personas con discapacidad -no avergüenza decir que la tengo-. Soy una de ellas y punto. No es una capacidad diferente porque no vuelo”. Su interés radica en “seguir trabajando. Finalizo la etapa de estudiante y debe empezar la de profesional pero con un valor cristiano, con los valores morales y las buenas costumbres”, expresó.

Tiene preferencia por el derecho administrativo y no porque quiera trabajar en la administración sino “por las trabas que ponen a las personas y no les permiten trabajar como corresponde, sea a comisiones vecinales o a ciudadanos que están buscando un bien para la comunidad”.

Quien el año pasado se presentó como candidato a Defensor del Pueblo de Oberá y obtuvo 1.400 votos, opinó que existen muchas posibilidades laborales pero que “por ahora quiero descansar.

Tampoco dormirme en los laureles sino enfriar un poco mi cabeza, ver qué actividades puedo realizar y cuáles son las más productivas. Lo primero, estoy seguro, será que la empresa que presta el servicio de transporte urbano de pasajeros de Oberá comience a respetar a las personas con discapacidad como corresponde”. El nuevo profesional se quejó porque se llevaron a cabo cerca de una decena de audiencias públicas para aumentar el precio del boleto. “En todas me presenté, pero no hablaron de las normas que incumplen, a las que me había referido en ese ámbito. La empresa no tiene vehículos para personas discapacitadas y el municipio no hace nada, entonces esa será mi primera pelea. Ya vengo insistiendo con el mismo reclamo desde hace años y nadie se hace eco.

Hablo del Concejo Deliberante, del Ejecutivo municipal y la empresa, que se burla de los usuarios que tienen alguna discapacidad”.

Su pilar fundamental en este proceso fue su esposa Catalina, “la mujer que hace 30 años conozco, pero con la que nos volvimos a encontrar hace seis años y medio. Mi madre también la eligió al ir dándole el lugar para que fuera ella quien se encargue de mí y me cuide al momento que ya no iba a estar. Ella es quien está al lado mío, y eso es muy valorable. A veces uno quiere hablar de todo y se olvida de lo más importante, que es la persona que está al lado, no atrás, al lado, que es lo que más vale”.

Este hincha de Boca, también destacó el gesto de sus amigos que hicieron posible los viajes a la UCASal, ayudando a subir y a bajar la silla de ruedas de sus vehículos. Y a los otros, que empujaban su silla de ruedas desde una punta a la otra de Oberá para ver el partido de fútbol. “Eso es valedero. Eso me permitió salir de la casa, no encerrarme. Y todas esas cosas son importantes para mí. A partir de esta situación encontré los verdaderos amigos que me impulsaron. Como es el caso de los integrantes del Atalanta Fútbol Club, que me llevaban a todos los lugares y hoy nos seguimos visitando”. Gracias a ellos “hoy vuelvo a casa como abogado”.

Amor a primera vista
Catalina conoció a Miguel a los 17, cuando él ya tenía 32. Fue por medio de uno de sus cuñados, Carlos Benítez, que es director de escuela en Villa Bonita, Campo Ramón, y es amigo de la infancia del ahora abogado. Ella estaba en Campo Ramón, en casa de su mamá, cuando su pariente le preguntó si quería ir a trabajar a la casa de Morales. Su cuñado y su hermana María Esther la acompañaron hasta la casa del barrio Sistem Vick -ex Caballeriza-. “¿Podés venir el sábado, me preguntó su mamá (Lidia Serdiuk). Le respondí que sí. Preparó unas marineras tan ricas. Y me quedé para siempre. Me enamoré apenas lo vi”, recordó.

Acompañándolo, como en todas las jornadas de examen, la mujer confió que desde el primer momento intuyó “que él podía ser mi esposo, que nos íbamos a llevar bien, y así fue. Nos casamos en 2014”. Morales terminó el secundario en la Escuela Secundaria Abierta (ESA), impulsada por el Sistema Provincial de Teleducación y Desarrollo (SiPTeD) y al finalizar esos estudios planteó la inquietud de seguir la carrera de Abogacía. “Su mamá lo apoyó en todo momento. Le decía que estudiara, que la edad no era un impedimento. Y quería que nos casemos porque decía que sin papeles no sirve de nada y que hiciéramos la fiesta acá en la casa. Pero la hicimos en la Casa Paraguaya del Parque de las Naciones porque mi familia es muy grande y la de él también es numerosa. Pero cumplimos lo que ella quiso”.

“Ella -por su suegra- me decía impulsale a Miguel para que no abandone el estudio. Yo le agarraba la mano le decía usted tenga fe que Miguel va a ser lo que el quiere. Hoy para mí es una alegría muy grande”, señaló, sin poder evitar mostrarse sumamente emocionada. Delgada, menuda, Catalina también tiene un espíritu de fierro. Admitió que tiene toda “la voluntad y la fuerza para seguir luchando al lado suyo”. Aseguró que su compañero es un muy buen estudiante que “puso mucho esfuerzo, mucho empeño y Dios lo ve todo. Más aún porque él quiere servir a los más humildes, a los que necesitan un abogado. Son varios los que ya fueron a hacer consultas y él los asesoró sin problemas”. En su rol de ama de casa y mientras Miguel se ocupa del estudio, se dedica a cuidar a los animales, plantas y cultivar verduras en el extenso terreno de la Capital del Monte. A la hora del recreo, no hay nada mejor que un buen mate, películas y un poco de lectura. Ahora está feliz. “Tengo un abogado en casa”, sonríe, mientras lo abraza fuerte y lo felicita.

Abriendo caminos

El representante legal de la UCASal delegación Posadas, Héctor Damián Gadea, sostuvo que la evolución del sistema se debió, en parte, gracias a Morales. “Tomar un examen vía Skype en forma oral en un sistema a distancia no estaba pensado. A partir de la necesidad se implementó la banda ancha, la potencia de equipos, una buena cámara, el audio, y pudo rendir. Imagino que se seguirá implementando este sistema en distintas aulas del país”, acotó.

La coordinadora académica, Claudia Monzón, recordó que el reciente egresado “no podía rendir porque acá se hace en forma escrita. Y lo hizo vía Skype debido a su dificultad. Se hicieron las adaptaciones pertinentes. Fue todo un proceso. En un primer momento rendía con transcriptor, luego empezó a rendir vía Skype y ahora termina esta etapa. Morales logró su objetivo y estamos todos muy felices”, aseguró su ahora colega, egresada de la misma casa de estudios.