Señora Directora: Dicen que estamos en democracia, pero en muchos aspectos es evidente que no es tan así. Un ejemplo claro y preciso es el caso de la jubilación y es quien se sacrifica y padece sufrimientos durante años, quien termina cobrando unos míseros pesos, que ni le alcanza para comer dignamente y pagar sus medicamentos siquiera. Si sus hijos no le ayudan, morirá inexorablemente por inanición; porque un gran porcentaje de los trabajadores no llega a los 65 años de edad y los que llegan a jubilarse, muchos no alcanzan los 70 años. Es una verdadera falta de respeto ver el sufrimiento de quienes han aportado obligadamente y cumplido décadas de trabajo para que después se encuentren con una triste y lamentable realidad económica. Ahora bien, los que están ligados al poder se ríen, porque disfrutan a pleno durante su mandato y luego siguen disfrutando de la suculenta suma de dinero, que no justifica en absoluto ese derecho que se atribuyen en forma despiadada, respecto de los que realmente "ponen el hombro" para generar riquezas en beneficio del país y de la sociedad toda. Es indignante observar cuando uno va de compras como “esos privilegiados” llenan su changuito con los mejores productos alimenticios, mientras María y Juan Pueblo se resignan a comprar lo mínimo e indispensable; lo más barato), porque saben que el mes tiene 30/31 días y la inflación no perdona. Y lo más criticable es cuando el poder tiene que dar aumento de sueldo, dilata y esquiva la decisión, mientras “ellos” en silencio se asignan porcentajes desconocidos, sin importarle el resto de la sociedad. Así el país nunca levantará su nivel, ni social ni económico, porque el egoísmo y el abuso junto a la corrupción serán las trabas sin lugar a dudas. Pero quien se llena el saco en esta vida, tendrá el pesado lastre que le impedirá llegar a la vida eterna soñada y anhelada, por todo aquel que cree en el Hacedor Supremo.





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