BUENOS AIRES. Habían comido un asado en familia. Después siguieron los mates. A las 18.50, mientras todos se preparaban para ir a ver a Temperley, ella salió rumbo a la parada del colectivo. Los quería acompañar, pero ya se había comprometido a dar una mano en un centro cultural. “Voy en el segundo tiempo”, prometió antes de cerrar la puerta. Fue hasta la esquina, se tomó el 501 y se bajó en la estación de Glew. Luego agarró por la calle Almafuerte, dobló en Gutiérrez y caminó unos 150 metros. Allí la encontró minutos después un vecino: estaba tirada en el piso, con manchas de sangre a su alrededor. Murió tres días después y la autopsia determinó que había recibido una puñalada en la cabeza. “Nos arrancaron a Mell y aún no entendemos por qué”, resume Marcelo, papá de Melisa Tuffner (22), a casi un mes del crimen y tras ser entrevistada por el diario Clarín.Por el ataque, ocurrido el 19 de julio, aún no hay detenidos. Aunque los investigadores manejan varias hipótesis, por ahora ninguna tuvo resultados concretos. Para la familia, mucho tuvieron que ver las desprolijidades de las primeras horas. “El vecino que la encontró le pidió a una mujer que llamara a la Policía y a los Bomberos. Tardaron 55 minutos. Después la trasladaron a la Unidad de Pronta Atención (UPA) de Longchamps, donde hicieron todo mal”, agrega Marcelo. En su casa se enteraron de lo que había pasado por un llamado de la UPA. “Sonó el teléfono en casa, cerca de las 20. Me dijeron que Melisa había tenido un accidente”, cuenta Daniela (24), una de sus hermanas. Cuando llegaron, ya la habían entubado. “Mi mujer entró a la habitación y cuando ella la vio, intentó sacarse todo. Fue la última vez que se movió”, explica el papá. Allí estuvo internada hasta la madrugada, cuando lograron trasladarla al Hospital Sirio Libanés, en Capital Federal. “El diagnóstico era que estaba borracha y que se había caído. Nosotros sabíamos que era imposible porque había estado tomando mate en casa hasta el momento en el que se fue”, remarca Lorena (25), la hermana mayor de Melisa.Nada les habían dicho hasta entonces sobre una herida de arma blanca en la cabeza. “Recién al otro día, ya en el nuevo sanatorio, un médico me agarró y me dijo que me fijara porque no había sido una caída. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que la habían asesinado”, recuerda Marcelo. Además de la puñalada en el cráneo, tenía un corte en la cara y un golpe en la frente, producto de la caída. Horas después, tuvieron que tomar la decisión más difícil. Comprendieron que la situación era irreversible, ya que la puñalada le había perforado la meninges y provocado muerte cerebral, y optaron por donar los órganos. “Desde muy chica ella había aclarado que quería eso. Siempre decía que lo importante no estaba en el cuerpo, sino en los sentimientos”, explica Daniela, madre de los dos sobrinos que tenía Melisa. La bronca de la familia también apunta al trabajo de la Policía. Aseguran que no hubo pericias en la zona del crimen y que cuando tomaron la primera denuncia afirmaron que se había caído.





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