PUERTO RICO. En el año 2007, Gladys Corach y Ramón Barbudez, dos estudiantes de la carrera de Comunicación Social de la Unam, realizaron un trabajo semiótico-antropológico sobre el cementerio de esta ciudad. Visiblemente cristiano por sus caminos principales que forman una cruz, con la imponente cruz mayor en el centro y una capilla católica de cuatro puntas representando el ojo que todo lo ve, marca el comportamiento histórico de la Iglesia Católica y su hegemonía en la comunidad.Con católicos y alemanes enterrados hacia el sector donde nace el sol y los criollos y protestantes del lado opuesto, desde su principio esta comunidad marcó las diferencias de manera muy clara: lo que los separó en la vida, que los siga separando en la muerte. “Más que semiótico fue un trabajo antropológico el que hicimos al principio porque fuimos a ver las posiciones de las tumbas, recorrimos más de 500 aproximadamente y lo primero que notamos fue cómo estaba dividido el cementerio. En la parte donde sale el sol los alemanes católicos y donde el sol se oculta los criollos y protestantes, a pesar de que también estos últimos fueron europeos”, explicó Corach a PRIMERA EDICIÓN. Si bien la parte más aceptada de la historia de Puerto Rico cuenta que su progreso se lo debe a los colonos de origen europeo, ¿por qué a los suizos se los puso también en la parte donde cae el sol? Se preguntaron a medida que avanzaban en su investigación.Y fue la tumba de un familiar de Corach la que ofreció una respuesta convincente: “La tumba de mi bisabuelo me dio una pista, porque era suizo y su tumba estaba junto con la de los alemanes. Con eso entendimos que la división era principalmente una cuestión de religión y como secundario era la nacionalidad, porque a diferencia de los demás suizos, mi bisabuelo era católico, por eso su tumba se encontraba entre los alemanes y no entre los suizos que eran todos protestantes”. El trabajo también encuentra un significado en la capilla del cementerio, diseñada con cuatro puntas, un simbolismo muy fuerte que representa el control permanente, comportamiento propio histórico del catolicismo y la hegemonía de la iglesia. Por otro lado, los criollos escogían con más frecuencia los nichos, en tanto los europeos las tumbas. De los cuarenta nichos que tiene el cementerio local, solamente uno es de un extranjero, los demás son todos de criollos.EstudiosLa semiótica, estudia los signos, los comportamientos y las formas de comunicarse de los seres humanos tanto en lo verbal como en lo no verbal. Y en este aspecto, continuando con su formación académica, en el 2012 Gladys Corach profundiza su experiencia con la ayuda en esta oportunidad de Liliana Borge.“En este segundo trabajo lo que hicimos fue investigar los ritos, las prácticas, las costumbres que se puedan reflejar de la historia de Puerto Rico, en el cementerio. Y lo primero que se destaca es cómo todas las prácticas de la vida, si traslada a la muerte, todo sigue igual sin que nos demos cuenta”, explicó Corach. Uno de los aspectos más destacados de la Capital de la Industria, de la Ciudad de Los Lapachos, es su particular espíritu de competencia. Desde jardines y casas, hasta camionetas y lanchas, siempre se compite por tener lo mejor, y eso se traslada al cementerio. Costosos jardines privados que pretenden ostentar ser el mejor y más grande, quien no puede tener un jardín trata de destacarse con una tumba, tanto paraguayos como criollos; suizos y alemanes, todos mantienen sus costumbres y su cultura en su lugar de descanso, como si se tratara de una última intención de que no se pierda la memoria.El alemán tiene la costumbre de ir al cementerio a limpiar, y lo hacen con muchas ganas, dejan una flor y una vela (en algún recipiente para que no ensucie) y se van. El criollo no tiene esta costumbre, no se ocupa tanto en limpiar, sino que acostumbra pasar tiempo con su familiar fallecido, rezando y conversando. Si bien la tumba de los criollos no suele ser del mismo material de los europeos, tiene muchas flores y muchas imágenes del fallecido o de la familia, no se preocupan tanto ni por la limpieza ni por la estética pero sí se ocupan en que la tumba esté decorada con recuerdos”. “Por otro lado encontramos que los criollos llevan cosas y le dejan a su familiar, escriben y dejan cartas con sus sentimientos, a los niños les dejan juguetes o peluches; esto no acostumbran los europeos”, explicó.A simple vista, sin mucho detenimiento tal vez estas diferencias no se logren identificar, pero luego de un trabajo de investigación como el realizado por Corach, Barbudez y Borge, se logra definitivamente entender que lo que fuimos en vida nos sigue en la muerte; que nuestra cultura y contexto nos forma y nos identifica aún cuando ya partimos de este mundo.ModernidadEn el nuevo sector del cementerio, en una idea tal vez moderna de cortar con toda particularidad e individualidad, intentando enterrar al muerto con su historia y su cultura, todas las tumbas son iguales en un formato idéntico. Al respecto, Gladys Corach opinó: “Si bien parece que es más organizado y estético, creo que con este tipo de intervenciones se elimina parte de la historia y de la identidad de una comunidad porque cada tumba cuenta una historia, una cultura, una costumbre, una forma de vida. No digo que esté mal, pero creo que con este tipo de tumbas se termina con la identidad de la persona que descansa en ese lugar, hoy el cementerio es un gran texto histórico cultural que te dice todo, pero si las tumbas van a ser todas iguales esto se va a perder”, opinó. Los días 1 y 2 de octubre, Gladys Corach y Liliana Borge van a exponer su trabajo en el quinto encuentro antroposemiótico a desarrollarse en Posadas, y será la primera vez que se exponga en un encuentro de esta naturaleza la historia y la cultura de Puerto Rico expresada en un cementerio.





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