POSADAS. Con la declaración de diez testigos cerró ayer la ronda de testimoniales en el juicio oral y público que se le sigue a Jorge De Jesús (42) por el crimen de Ramona Gauto (37), perpetrado en mayo de 2010. Tuvieron que pasar casi cinco años para que saliera a la luz que en la historia clínica de la víctima consta que “temía por su integridad física y por la de su hijo”. Se lo remarcó ayer uno de los integrantes del Tribunal Penal 2 a un psicólogo que atendió a la mujer un año y dos meses antes de que fuera asesinada. Este profesional admitió que no la interrogó con respecto a los motivos de sus temores, algo que para la Justicia tal vez hubiera sido esclarecedor. Es que, cuando Gauto fue internada en el sanatorio San Miguel de Posadas, de acuerdo a los testimonios escuchados hasta ahora, los episodios de violencia con su expareja y único imputado en la causa ya eran una constante. La declaración del profesional marcó uno de los puntos sobresalientes en la séptima jornada de debate que se lleva a cabo en el Salón de Usos Múltiples del Palacio de Justicia. Allí, desde las 7.30 de hoy, está previsto el alegato de las partes -fiscalía y defensa del acusado- y posteriormente el Tribunal pasará a deliberar, antes de dictar la sentencia. “Crisis de ansiedad y angustia”Una vez relevado de su secreto profesional por la presidenta del cuerpo tribunalicio, la jueza Marcela Leiva, el licenciado en psicología Pedro Osvaldo Frías declaró que atendió una sola vez a Ramona Gauto. “Creo que fue llevada por su pareja y un hijo, yo me entrevisté con ella al día siguiente de su internación, un jueves 19 de marzo de 2009. Su estado era grave. Presentaba desorganización de la personalidad, tal como ella manifestó, tenía una crisis. Estaba preocupada por su hijo menor y por la mala relación de pareja. Presentaba sobrecarga laboral y elevados niveles de autoexigencia. No obstante, a la semana siguiente ya no la encontré, teniendo en cuenta que el médico psiquiatra le había dado el alta. Evolucionó rápidamente”, resumió el profesional. En ese tramo de su declaración, el vocal del Tribunal, el magistrado Roque González, le preguntó al psicólogo si ahondó o interrogó a la paciente con respecto a sus dichos de que “temía por su integridad y por la de su hijo”, tal como consta en el citado historial clínico. Fue entonces que el licenciado admitió que en su “metodología de entrevista con la mujer, no se incluyó profundizar en ese aspecto”. De esta manera, quedó la sensación de que la víctima no pudo expresar qué o quiénes ponían en riesgo a ella y a su primogénito. El profesor de artes marcialesAyer también declaró Daniel Carballo, quien fue por un breve tiempo profesor de artes marciales de Jorge De Jesús. El testigo dijo que el imputado “no era experto en esa disciplina, pero tenía conocimiento” y agregó que el cinturón negro que le entregaron fue “honorífico”. Completó las declaraciones un exempleado de la víctima que afirmó que “tanto ella como su expareja discutían y aparecían en el negocio con lesiones”, aunque nunca vio si se agredían mutuamente. “Alita” se desdijo sobre las llavesLa defensa del imputado, a cargo de los abogados José Luis Rey y Carlos Constristano, solicitó que comparezcan ayer numerosos testigos. Lo que llamó la atención, dentro de la estrategia desplegada por los citados letrados en el cierre de la ronda de testimoniales y a horas de que el Tribunal dicte sentencia, fue la declaración de un joven que finalmente se desdijo de lo dicho en la instrucción e hizo caer como un castillo de naipes lo que podría haber sido incluso la apertura de una nueva causa o investigación. Se trata de Javier Alvez, un empleado municipal que durante la etapa de investigación afirmó que un tiempo antes del crimen de la comerciante Ramona Gauto, un conocido suyo -identificado con el alias de “Alita” y con antecedentes penales- protagonizó un hecho extraño en plena vía pública. De acuerdo a la lectura que le hicieron al testigo, él contó que caminaba junto a su “compinche” cuando se les aproximó un “VW Fox de color blanco y vidrios polarizados”. Acto seguido, se bajó la ventanilla del lado del conductor y un desconocido le dijo: “Acá están las llaves del departamento de la panadera”, rubro al que se dedicaba Ramona Gauto. “Alita” subió al auto y Alvez dijo que no lo volvió a ver hasta un día que lo visitó en la cárcel y, al preguntarle por qué estaba detenido, le dijo: “Me hicieron la camita”, en referencia a que cometió un delito y, entre el conductor del Fox y un segundo al que no llegó a ver, por los vidrios polarizados, lo habían engañado. Pero grande fue la sorpresa de los presentes cuando Alvez dijo que “nunca” vio las llaves, sólo oyó “un sonido similar a un juego de llaves”, y que no escuchó que alguien diga que pertenecían a la panadera. La primera exPosteriormente declaró Inés Buch, la primera esposa del acusado, quien ratificó que el hijo que tiene en común con él (Emiliano) fue a buscar a su domicilio de Villa Cabello, el mismo día del hecho, unas llaves para poder ingresar al departamento de Gauto, en virtud de que era la única copia disponible. Esa declaración favoreció a De Jesús, ya que avala la versión que indica que familiares de la víctima buscaron de forma desesperada la forma de ingresar a su domicilio de la calle Colón casi Bolívar, hasta que, al lograrlo, la hallaron muerta a golpes. Además, la primera exesposa del imputado afirmó que nunca fue golpeada y que su matrimonio culminó porque “Jorge salía mucho”. También prestaron declaración ayer una vecina que tomaba mate con Inés Buch cuando el jovencito fue a buscar las llaves y una niñera de la víctima cuando aún estaban juntos con el imputado. Finalmente, estuvieron frente al Tribunal un abogado cuyo hijo iba a artes marciales en el mismo instituto que el acusado, un vecino de Gauto y De Jesús cuando vivían en Santa Rita y un policía que participó en la instrucción. Estos últimos no aportaron elementos de interés en el juicio. A
legatos: los puntos clavesLas partes expondrán hoy durante los alegatos sus mejores cartas. Con lo desarrollado en siete jornadas de juicio, se cree que la defensa buscará afirmar que nunca se presentaron pruebas concretas que vinculen a De Jesús con el crimen o la escena del hecho y cuestionarán la admisibilidad de la evidencia más firme que posee la fiscalía, es decir, la marca de una suela de zapatilla en la frente de la víctima que coincidió con las que llevaba puestas el acusado el día del hecho. En tanto que el representante del Ministerio Público Fiscal, Alberto Oliva, además de referirse a dicha prueba hallada en el cuerpo de la mujer (y otra huella similar en su departamento), tendrá muy en cuenta los numerosos testimonios que dieron cuenta de antecedentes de violencia de género contados por la misma víctima a los testigos, acusando a De Jesús. Después, el Tribunal tendrá la última palabra.





Discussion about this post