LEANDRO N. ALEM. Aún no se acercaron a hacer las denuncias porque saben que se van a archivar en esos cajones polvorientos de alguna habitación del fondo, adonde nadie los vea, porque casi nunca se investiga el porqué de la muerte de un perro. Aún así, querían informar de lo que sucede en algunos barrios de esta localidad: un grupo de vecinos está preocupado por la repentina ola de envenenamientos de sus mascotas y, más allá de la pérdida sentimental, temen que los que hicieron esto lo hayan hecho con oscuros propósitos y que, cumplido su cometido, puedan regresar. Es que ya son varios los vecinos que durante la semana pasada, se levantaron y encontraron a sus perros, a los guardianes de sus viviendas, con fuertes convulsiones que después terminaron en repentinas muertes. Si bien en la ciudad no hay veterinarias que realicen autopsias como para saber con exactitud qué fue lo que pasó, los profesionales les dijeron que, por los síntomas, podría tratarse de envenenamientos. La duda se suscitó porque todo esto sucedió en esos días donde el calor azotaba sin piedad. Entonces, en la búsqueda por encontrar una respuesta a lo que estaban viviendo, muchos pensaron que las muertes podrían haber sido provocadas por un golpe de calor. Sin embargo, al enterarse de que varios habían pasado por lo mismo, comenzaron a dudar de los calores. “Yo la vi convulsionar a mi perra, pero justo tuve que salir, no pude quedarme a ver cómo seguía porque tenía un compromiso. Cuando volví ya fue demasiado tarde, la encontré sin vida”, relata a PRIMERA EDICIÓN una angustiada vecina del barrio ubicado en inmediaciones de la Escuela Provincial de Educación Técnica Nº 9. Misma situación vivió una señora cuya vivienda se encuentra a pocos metros. En esta ocasión, los perros muertos fueron dos, al otro día de la muerte del primero. “Fue de un día para el otro que los encontramos así, no sabemos qué les pasó”, contó. También se enteraron que al gato de otro vecino, durante el transcurso de esos días, le habían cortado la cola. Esto último fue crucial para que determinen que no eran hechos aislados.En medio de este panorama, se enteraron que en el barrio Arturo Illia, en la misma ciudad, varias familias habían sufrido las pérdida de sus perros con la misma sintomatología. Entonces comenzó el temor de que sean hechos premeditados y que quienes hicieron esto, vuelvan a consumar hechos delictivos, mucho más fácil de llevar adelante sin la presencia de los perros que, en su mayoría, suelen ahuyentar malhechores. “Estamos preocupados, perdimos a nuestros guardianes y estas personas pueden regresar”, insistieron. Nuevos y extraños asentamientosVecinos del barrio Arturo Illia aseguraron que esta modalidad que sufren sucede sospechosamente después de la instalación de un nuevo asentamiento de personas en cercanía de su barrio. Según las fuentes consultadas, estas personas son “de Buenos Aires o de otros lados y no están acá hace mucho. Alem fue siempre un lugar tranquilo y de repente pasan estas cosas. Es, al menos, para dudar”, indicaron los vecinos.Pese a que en un principio tuvieron la intención de denunciar estos hechos, no lo hicieron. Saben que estos hechos no van a ser investigados hasta tanto no suceda algo de mayor magnitud. Mientras, varios de ellos ya buscan nuevas mascotas, pero siguen con el miedo intacto de que les vuelva a pasar lo mismo. “Por ahí traemos otros perros y de nuevo viene esta gente mala y los envenena. Entonces no sabemos qué hacer. Por lo pronto buscamos que se sepa que estas cosas están pasando en la ciudad. Que sea una advertencia para que los vecinos estemos más atentos. Ojalá no sea nada, pero no podemos estar seguros”, finalizaron.





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