CANDELARIA Y GARUPÁ. A dos temporadas de su habilitación como paseo público, la costanera de la antigua capital misionera es el único espacio que tienen los vecinos de la comuna para estar en cercanías del Paraná con fines recreativos y de ocio. Sin embargo, dicen que evidencia un descuido generalizado principalmente desde el control y inseguridad. “El lugar es un descontrol. El consumo de alcohol no sólo es desmedido sino que a todas horas, y eso es lo que se puede ver, pero seguramente hay de todo”, se quejó Dolores Duarte quien vive a dos cuadras del lugar.“La mugre que queda después no se puede creer. Las veredas y sendas de la costanera son un regadero de botellas rotas y envases descartables de vino”, prosiguió la mujer.Como contracara, desde el 4 de enero último la Municipalidad de Garupá determinó por ordenanza “que dadas las condiciones de tránsito, uso de playas, sectores habilitados en la costanera de nuestra ciudad y en virtud de una mejor convivencia, se prohíbe el consumo, venta, expendio, suministro, donación o entrega en envases cerrados o abiertos, al copeo de bebidas alcohólicas a cualquier persona, durante las 24 horas del día en toda la zona de playas, y paseos que forman parte de la costanera de Garupá”.En una recorrida de incógnita de este diario fue posible establecer que distintos empleados municipales y colaboradores destinados al control, debidamente identificados para el trabajo, hacen prevención y control estricto de la norma.“¿Candelaria para cuándo?”, se preguntó de su parte Alba Cáceres quien insistió: “¿Cuándo le va a interesar a la Municipalidad la seguridad y la salud de sus habitantes? Por qué no contratan mas personal para el control con todo lo que se recauda en el estacionamiento de La Saladita”, reclamó la mujer. La Comuna de Candelaria cobra como mínimo 10 pesos en concepto de estacionamiento en la zona lindante a ese mercado mencionado y hasta 40 pesos, dependiendo del vehículo. Sin embargo la zona no está señalizada y el estado de caminos y veredas es pésimo, por lo que pudo constatar PRIMERA EDICIÓN. PeligrosoOtra vecina, Cristina Gonzales, aseguró que “la familia no tiene otro lugar cercano donde distenderse. Concurren con sus hijos que quieren pasear en bicicleta y no pueden estar tranquilos porque llegan barras de borrachos en camionetas que andan a alta velocidad”.“No hay ningún tipo de control. Desde el vamos la playa no está habilitada como tal, por lo tanto no hay guardavidas o al menos un agente municipal que vele por la seguridad”, contó. Al igual que en los paseos públicos de El Brete en Posadas y el balneario de Garupá, la empresa constructora previó la construcción de locales gastronómicos y baños públicos en las zonas de solarium. Por lo tanto, actualmente, también en Candelaria está en funcionamiento un bar con su correspondiente permiso para la venta de alcohol.“Entonces, además de toda la cerveza y el vino que ya trae la gente, en la zona también es posible comprarlo si hiciera falta”, relataron los vecinos.Otra queja importante estuvo referida al uso de los sanitarios, donde a diferencia de los otros balnearios se cobra su uso. “El que tiene para pagar entra y el que no que vaya al monte”, ironizó CáceresLa mujer no se mostró contraria a las prácticas sociales de compartir algunos tragos con amigos, pero “de ahí a que no haya un control de tránsito y de alcoholemia de parte de la Municipalidad es lamentable”, criticó la mujer. “A nosotros nos parecieron dignas de imitar las normas de convivencia impulsadas en Garupá. Ojalá que aquí, nuestros funcionarios, copien las medidas porque acá ya no se puede estar. Desde todo lo que ya nombre a los ruidos molestos por los escapes libres y la música a todo volumen, en vez de un lugar para el descanso, nuestra costanera es zona de nadie”, finalizó. Único “avance”Recientemente un grupo de vecinos autoconvocados presentó un proyecto para que la Comuna se ocupe del hermoseamiento del lugar y que al mismo tiempo designe con el nombre de Manuel Belgrano a la avenida de acceso a la costanera.“Eso no ocurrió lamentablemente. La única muestra de seguir la voluntad de los pobladores fue la colocación de un monolito con el busto del prócer, mientras que la denominación del paseo es Andrés Guacurarí, pero el día de la inauguración no se pudo hacer el acto en la costanera, no lo pudimos hacer en el lugar por la mugre y la falta de mantenimiento de los pastos, que parecían un monte”, se quejó Alberto Vera. “Si bien no fue lo que esperábamos, el acto fue muy lindo, estuvieron las escuelas e institutos terciarios, pero otra vez quedó en evidencia la falta de interés de las autoridades municipales, ya que nadie ni desde la Comuna o el Concejo Deliberante se hicieron presentes “pese a que los invitamos a todos”, aclaró Vera.





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