POSADAS (Por Esteban Abad). Dicen los biógrafos que “Ramón Méndez, hijo de Marcos Méndez y Rita Altamirano, quedó huérfano de padre a los trece años, y siendo el único varón de cinco hermanos; hizo trabajos de campo, domador, jockey de cuadreras, tropero del Alto Paraná”.De la estancia a las multinacionales del discoY cuentan que “nació el 25 de mayo de 1933, en la estancia “Del Carmen” de Itaembé , departamento de Ituzaingó, provincia de Corrientes”, a la vera del arroyo del mismo nombre y que forma el límite entre Misiones y Corrientes.“Fue -comentan -, tocando la guitarra en fogones cuando descubre los encantos del bandoneón. Cambió entonces su caballo por su primer bandoneón, trueque que definió irrevocablemente su vida y destino de músico”.Estando en el servicio militar en Buenos Aires – así cuenta Ramón -, se conoce con la comunidad litoraleña, naciendo así la amistad con Isaco Abitbol, compañero con el que asistían a los espectáculos de Pichuco Troilo, de quien Abitbol era amigo. Méndez fue presentado a Ernesto Baffa, primer bandoneonista de Troilo, que se convierte enseguida en su maestro. Así como Ramón Domínguez, director de la Orquesta de Radio Nacional quien le enseña a escribir música. “Con esa preparación -relata Méndez -, pronto empezó mi actividad artística para las multinacionales EMI-ODEON, CBS, COLUMBIA, con las que grabé más de 250 temas en 40 discos”.Compuso junto a importantes talentos como Osvaldo Sosa Cordero, escritor correntino, Santiago Adamini, presidente de SADAIC, . Hugo de la Silva, Director de la Radio Nacional y Canal Siete, José Carlo, primer Violinista del Teatro Colón, Armando Nelly, escritor y músico correntino, Carlos Grismado, Isaco Abitbol y otros.¡Que trío!: Pablo Alarcón, García Satur y Ramón Méndez Trabajó como actor y musicalizó en la película “Los Mensú” con Pablo Alarcón y García Satur. Colaboró además con la preparación e investigación histórica del libro “Gato moro y su tiempo”, del doctor Alvaro Lafuente, ya que conoció a Esquer Zelaya muy de cerca, libro premiado con la distinción Faja de Honor de la Asociación de Escritores Tradicionalistas, y presentado por Ramón Méndez en Lima, Perú.Primavera de 2013, el gran premioR.M. brindó y brinda su vida a la cultura y costumbres del litoral y así va recogiendo merecidos reconocimientos: en Ituzaingó , un sector de la plaza se llama Plazoleta Chamamecera Ramón Méndez; en Ita Ibaté una calle de la ciudad lleva su nombre y en Virasoro fue homenajeado en la fiesta del Tarefero con una estatuilla. En Misiones es honrado y distinguido constantemente por su trayectoria.Pero hace poco tiempo, en septiembre, por haber creado un tema en el cual lo menciona, Ramón Méndez conoció a Leopoldo Federico, bandoneonista, ídolo del músico del Itaembé. “Gracias a ese poema conocí al más grande bandoneonista argentino”, sostuvo. Pero la vida de Ramón Méndez se alegró más aún cuando por gestión de Federico y de manos de Mario del Tránsito “Coqui” Marola, recibió el premio de SADAIC con el nombre del creador de Kilómetro 11: Mario Cocomarola, el taita del chamamé. En las consideraciones por la adjudicación del premio (entregado en el escenario del teatro Juan de Ver de la capital correntina), consta que es por el estilo propio de Ramón Méndez . Un disco con historia y con 24 temas propios Con más de 50 años de permanencia en el camino de la música, el bandoneonista, autor y compositor Ramón Méndez sigue trabajando. Y se encuentra presentando ahora su nuevo disco “Grito Americano” con la producción de Abraham Helú, resaltando siempre con fidelidad el sentir y el honor de “Ser Litoraleño”.La cinta perdidaEste Grito Americano fue gestado en la década del 80, y por esa incomprensibles jugadas del destino, la cinta se perdió al fallecer el entonces productor.Veinte años después y de manera increíble, cual hija pródiga, la cinta vuelve a los brazos de Ramón Méndez, quien confía una vez más en Abraham Helú para que este material llegue a manos de todos.Este disco resalta el “Grito Americano”, como es llamado el ancestral del paisano litoraleño… el Sapucai. Esa explosión del alma que es capaz de trasmitir sensaciones que nacen de recóditos rincones del espíritu humano y que resultarían de otro modo inexpresables.




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