Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio
En San Pedro, unas 120 familias agricultoras participan de una experiencia que busca integrar la producción de las chacras con la restauración de la Selva Paranaense. Desde 2023, el INTA trabaja junto a la Fundación Vida Silvestre Argentina y la Municipalidad en un corredor biológico donde las áreas de bosque conviven con sistemas productivos familiares.
El trabajo combina sistemas agroforestales, acceso al agua y fortalecimiento de distintas actividades productivas. “Este proyecto tiene la particularidad de poder tener una mirada de la conservación y de la restauración, pero con una perspectiva también que incorpore la realidad de la gente y todos sus aspectos productivos”, explicó Luis Grondona, extensionista del INTA y jefe de la Agencia de Extensión Rural San Pedro.
De 24 a 120 familias
La experiencia comenzó con 24 familias y progresivamente amplió su alcance. Actualmente unas 120 participan del proceso, existen más de 160 hectáreas de sistemas agroforestales en instalación y se avanzó en la restauración de más de 400 hectáreas en el corredor de Cruce Caballero, Paraje Alegría y Tobuna.
Dentro de este proceso, el aporte del INTA se concentra en tres grandes componentes: el fortalecimiento de las producciones, el acceso al agua y la instalación y seguimiento de sistemas agroforestales. La intervención parte además de las decisiones de las propias familias respecto de las actividades que desean fortalecer.
Aves, cerdos, bovinos, apicultura, piscicultura, yerba mate y horticultura forman parte de las alternativas elegidas. Para cada una se desarrolla una propuesta técnica específica, acompañada por asistencia, capacitación y un pequeño financiamiento previsto por el proyecto para mejorar la producción seleccionada.
Agua y sistemas agroforestales
Otro componente importante es el acceso al agua. Más de 110 familias mejoraron sus sistemas mediante trabajos de protección de vertientes, almacenamiento y distribución. Según Grondona, familias que antes disponían de 300 o 400 litros diarios alcanzaron, luego de las intervenciones, disponibilidades de entre 1.000 y 1.700 litros. El agua se transforma así en un recurso fundamental tanto para la vida cotidiana como para sostener las actividades productivas.
Los sistemas agroforestales constituyen otro eje central de la propuesta. En este aspecto, el INTA aporta tecnologías y conocimientos desarrollados y validados para integrar producción y conservación dentro de una misma parcela.
La instalación de estos sistemas implica trabajar desde la sistematización y conservación del suelo hasta la selección de plantines, las prácticas de plantación, la incorporación de árboles nativos y la elección de especies. A esto se suma un seguimiento año tras año para acompañar la consolidación de las parcelas.
En los yerbales, los árboles nativos incorporados ya se encuentran en crecimiento. Todavía es temprano para medir sus efectos sobre variables como suelo o humedad, evaluaciones previstas a partir del quinto año, pero el proceso abre además la posibilidad de avanzar hacia una yerba mate con características diferenciadas.

Capacitación y trabajo
La asistencia técnica se complementa con un intenso proceso de capacitación. Cada año se desarrollan entre diez y once instancias sobre diferentes temáticas. En yerba mate se abordan manejo y sistematización de suelos, cosecha, poda, valor agregado y comercialización. También se realizan actividades específicas sobre sanidad animal, pasturas, animales de granja y horticultura, de acuerdo con las producciones seleccionadas por las familias.
Para Grondona, uno de los aprendizajes más importantes es precisamente la construcción de un equipo territorial integrado por técnicos del INTA, Vida Silvestre y el municipio. Actualmente participan activamente entre diez y doce profesionales con una agenda común de trabajo.
“Así como nosotros le hemos aportado a este proyecto todos los aspectos productivos, con la Fundación hemos logrado también entender e incorporar la perspectiva ambiental para que esos procesos productivos tengan esta doble mirada entre producción y ambiente que pueden ir de la mano”, destacó.

La experiencia refuerza una línea que la Agencia de Extensión Rural San Pedro viene construyendo desde su creación: pensar el desarrollo rural del nordeste misionero reconociendo que el monte forma parte del paisaje, pero también de los propios sistemas productivos de la agricultura familiar. “Los que efectivamente llevan a la práctica la restauración son la gente, las familias agricultoras que están en cada una de sus chacras”, sintetizó Grondona.






Discussion about this post