Hay vidas que se miden en años y otras que se reconocen por los caminos que dejaron abiertos. La de Clotilde Elisa Pigerl pertenece a estas últimas. Cuando decidió estudiar una carrera universitaria, Misiones todavía no era provincia y las oportunidades para una mujer que aspiraba a desarrollarse profesionalmente lejos de su hogar eran limitadas. Sin embargo, aquella joven nacida en Santa Inés encontró la manera de seguir adelante. Se convirtió en escribana, fue pionera en la Justicia Federal y dedicó más de siete décadas a una profesión que, incluso después de cumplir los 90 años, seguía definiendo como su pasión.
Clotilde falleció este sábado 17 de octubre, a los 95 años, dejando una trayectoria profundamente ligada a la historia institucional de Misiones, al crecimiento de Oberá y a la consolidación del notariado provincial.
Su historia había quedado retratada en abril de 2025 en una entrevista recuperada por PRIMERA EDICIÓN, donde habló de sus comienzos, de los obstáculos que encontró para estudiar y de una vocación que nunca abandonó. “Escribanía fue y es mi pasión”, resumió entonces. Una frase sencilla que, después de tantos años de ejercicio, parecía explicar buena parte de su vida.
Una joven de Santa Inés que quiso estudiar
Clotilde nació el 10 de diciembre de 1930 en Santa Inés, municipio de Garupá. Fue hija de Otto y María, inmigrantes alemanes que formaron su familia en Misiones, cuando la región todavía conservaba muchas de las dificultades propias de un territorio en formación.
Sus primeros años de educación transcurrieron en su lugar de origen y en el Colegio Alemán de Crespo, Entre Ríos. Posteriormente regresó a Misiones para completar sus estudios secundarios en el Colegio Santa María de Posadas. Al acercarse el final de esa etapa, su padre le planteó una decisión que marcaría su futuro: continuar una carrera docente o elegir otra profesión. Clotilde optó por la escribanía.
En aquel tiempo, la región no contaba con una universidad que le permitiera cursar esa carrera cerca de su familia. Para estudiar debía marcharse a otra provincia, afrontar viajes complicados y adaptarse a una vida lejos de su casa. En 1949 se trasladó a Santa Fe y comenzó el camino que la llevaría a obtener su título de escribana pública el 18 de marzo de 1952.
No fue una experiencia sencilla. Décadas después recordaría las dificultades que suponía para una joven viajar sola, recorrer caminos de tierra y encontrar alojamiento en una ciudad desconocida.
Durante sus estudios vivió primero en un colegio religioso y después en el pensionado católico San José, instituciones que, según contó, le brindaron la contención necesaria para continuar su formación. Aquella decisión no solamente definió su futuro profesional. También anticipó una característica que marcaría el resto de su vida: la convicción de que estudiar y prepararse era una forma de construir independencia y abrir posibilidades.

La primera mujer en un lugar reservado a los hombres
Con su título universitario regresó a Misiones y comenzó a adquirir experiencia junto al escribano Miranda, de Eldorado. Pero su trayectoria pronto tomaría otro rumbo.
En 1954 fue designada secretaria del Juzgado Federal de Misiones, a cargo del juez Horacio Amuchástegui, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar un cargo en ese ámbito judicial de la provincia. El nombramiento tenía una relevancia particular para la época. La participación femenina en determinadas funciones profesionales e institucionales todavía era excepcional y muchos espacios de decisión permanecían dominados por hombres.
Clotilde formó parte de una generación de mujeres que comenzaron a modificar esa realidad mediante su presencia y su trabajo cotidiano.
Su recorrido también estuvo vinculado con otra necesidad de aquella Misiones que crecía: contar con instituciones universitarias que evitaran a los jóvenes tener que marcharse a otras provincias para estudiar.
En enero de 1956 presidió una comisión promotora de estudios universitarios en el Nordeste, una iniciativa relacionada con el proceso que posteriormente permitió ampliar la oferta de educación superior en la región.
La joven que había tenido que viajar a Santa Fe para conseguir un título participaba ahora de los esfuerzos destinados a acercar la universidad a su propia tierra.
Oberá, la ciudad donde construyó su historia
En agosto de 1957 se casó con el abogado Héctor Ramón Pereyra Granado. Ese mismo año, la creación de la Justicia provincial y la organización de nuevos juzgados llevaron a la pareja a establecerse en Oberá. Allí desarrollaron buena parte de sus vidas, formaron una familia y consolidaron una actividad profesional que se prolongaría durante décadas.
Fueron padres de siete hijos: Silvia, Graciela, Laura, Rafael, Roberto, Susana, fallecida, y César.
El 19 de junio de 1958 Clotilde se matriculó en el Colegio Notarial de Misiones y el 11 de mayo de 1962 juró como titular del Registro Notarial Nº 27, con asiento en Oberá. La escribanía se convirtió en uno de los lugares desde los cuales acompañó el crecimiento de la ciudad y la vida de sus habitantes.
A lo largo de los años intervino en operaciones, trámites y decisiones patrimoniales de numerosas familias. Conoció historias que comenzaban con una generación y continuaban con las siguientes.
En la entrevista publicada por PRIMERA EDICIÓN en 2025 recordó que había realizado escrituras para abuelos, tíos, padres e hijos de una misma familia. Esa continuidad permite comprender una dimensión de su oficio que trasciende los documentos: la relación de confianza que se construye cuando una comunidad encuentra durante décadas a la misma profesional detrás de un escritorio.
Para entonces, Clotilde decía sentirse conocida, respetada y tratada con un cariño especial por los habitantes de Oberá.
Setenta años de profesión y las ganas intactas de aprender
Quienes creen que una trayectoria tan extensa necesariamente termina convertida en rutina encuentran en Clotilde una historia diferente. A los 94 años continuaba ejerciendo la escribanía y participando de actividades de actualización profesional, tanto en Misiones como en Buenos Aires.
Había comenzado su carrera cuando los protocolos se escribían a mano, las copias se realizaban con papel carbónico y cada documento demandaba horas de trabajo minucioso. Después llegaron las máquinas de escribir eléctricas, las computadoras y las nuevas herramientas digitales. Clotilde atravesó todas esas transformaciones sin perder el interés por aprender.
En sus recuerdos aparecía incluso el trabajo que significaba copiar documentos extensos, especialmente aquellos relacionados con operaciones inmobiliarias complejas. Lejos de rechazar los avances tecnológicos, valoraba las posibilidades que habían abierto para facilitar las tareas notariales.
Su manera de entender la profesión combinaba experiencia, actualización permanente y respeto por el trabajo.
También transmitió esa vocación dentro de su familia. Varios de sus hijos siguieron carreras jurídicas y algunos continuaron vinculados con el notariado, prolongando una tradición profesional que había comenzado con aquella joven que decidió estudiar escribanía cuando todavía no existían universidades en Misiones.
Una vida que fue mucho más que su profesión
La escribanía ocupó un lugar central en su historia, pero no fue el único espacio en el que dejó huellas. Clotilde también ejerció como maestra rural, participó de iniciativas educativas y mantuvo una relación cercana con las instituciones de su comunidad.
Su trayectoria fue reconocida por el Consejo Federal del Notariado Argentino y despertó interés por lo que representaba para la historia de la profesión y para la participación de las mujeres en ámbitos institucionales. En 2025, cuando tenía 94 años, seguía hablando con entusiasmo de su trabajo y de la familia que había construido.
Uno de sus hijos, el diputado provincial Rafael Pereyra Pigerl, la recordó públicamente por su fortaleza personal, su espíritu pionero y el lugar que ocupó en la vida de sus seres queridos. No es solamente la despedida a una profesional de extensa trayectoria. Es también el reconocimiento a una madre y a una mujer que acompañó buena parte de la historia de su familia y de su comunidad.
Los restos de Clotilde Elisa Pigerl de Pereyra serán velados en el domicilio familiar, ubicado en José Ingenieros 46, en Oberá. Según informó la familia, la despedida comenzará este sábado a las 17.30 y se extenderá hasta las 11 del domingo 18 de octubre. Sus familiares invitaron a amigos y seres queridos a acompañarlos en este último adiós.
El legado de una pionera
Clotilde Elisa Pigerl nació en una Misiones que todavía era territorio nacional y llegó a conocer una provincia profundamente distinta de aquella en la que había crecido. Vio consolidarse instituciones, abrirse universidades, multiplicarse las oportunidades educativas y aumentar la presencia femenina en profesiones donde, cuando ella comenzó, las mujeres eran una excepción. Fue testigo de esas transformaciones, pero también participó en algunas de ellas.
Su historia permite recordar que los cambios sociales no siempre se producen mediante grandes acontecimientos. A veces comienzan con decisiones individuales: una joven que se anima a estudiar lejos de su casa, una profesional que ingresa en un espacio hasta entonces reservado a los hombres o una mujer que continúa aprendiendo cuando muchos consideran que ya ha cumplido todas sus metas.
Durante más de siete décadas, Clotilde sostuvo una vocación que atravesó transformaciones tecnológicas, cambios institucionales y distintas generaciones. Murió a los 95 años, después de una vida ligada al derecho, la educación y la comunidad obereña.
Su legado no reside solamente en haber sido la primera en ocupar determinados lugares, sino en haber demostrado, con su propia trayectoria, que esos lugares también podían ser ocupados por otras mujeres.






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