Una investigación del Círculo de Políticas Ambientales (CPA) y Sin Azul No Hay Verde (SANHV) advirtió desde el título, “El Mar como Caja Negra”, sobre la falta de control en el Mar Argentino reflejado en una brecha creciente entre la expansión económica de la pesca y la fiscalización estatal mediante inspectores a bordo, como dispone la Ley Federal de Pesca.
El sector alcanzó en 2025 exportaciones por 2.010 millones de dólares, el segundo mejor registro histórico, pero los mecanismos de control presencial no acompañaron ese crecimiento. La cobertura de inspecciones a bordo cayó del 20% de las mareas en 2023 al 15% en 2025 y se mantuvo en niveles similares durante el primer semestre de 2026.
Según el documento, en 2025 se realizaron 7.437 mareas pesqueras y 6.322 de ellas (el 85%) zarparon sin inspector a bordo. En los primeros seis meses de 2026, la situación apenas varió: el 84,8% de las mareas se realizó sin fiscalización física. Más de ocho de cada diez salidas de pesca no tuvieron supervisión directa del Estado durante la actividad en el mar.
La reducción de la capacidad de control también se observa en la cantidad de inspectores embarcados. El informe precisa que la dotación pasó de 94 personas en 2021 a 64 en 2025, una caída cercana al 34%, mientras aumentaba la cantidad de despachos y mareas.
En 2021, los 94 inspectores debían cubrir 5.272 viajes o “mareas de pesca”. Cuatro años después hubo 64 inspectores para más de 7.400 mareas. La carga teórica de control por inspector se elevó así a 116 viajes, más del doble que al inicio del período analizado.
El juego del calamar
El caso del calamar Illex es el más llamativo. En 2025 fue el producto pesquero argentino de mayor volumen exportado, con 193.385 toneladas y ventas externas por US$ 550 millones, y entre enero y mayo de este año explicó el 45% del valor total de las exportaciones del sector. Y aún así fue una de las pesquerías con menor presencia de inspectores: solo el 9,1% de sus mareas contó con fiscalización a bordo en 2025 y el 8,2% durante el primer semestre de 2026. Es decir, más de nueve de cada 10 viajes de la flota calamarera se realizaron sin control físico estatal. La situación era aún peor en 2023, cuando el porcentaje de inspección fue del 5% (solo había inspector a bordo en una de cada veinte mareas).
“Tampoco se cumple la obligación legal: la normativa exige inspector en todos los buques de 33 metros de eslora o más, pero entre 2023 y 2026 nunca se superó el 56%: prácticamente uno de cada dos buques de gran porte zarpó sin inspector pese al mandato normativo” señaló Consuelo Bilbao, directora Política del CPA.
Descontrol generalizado
La falta de control abarca también a otras pesquerías de peso económico, como el langostino, la merluza Hubbsi y el variado costero, especies que concentran un alto número de mareas y una porción relevante de las exportaciones por valor, pero cuyas tasas de inspección a bordo van desde el 0,1% (caso del “variado costero”, de captura en aguas provinciales, hasta 12 millas desde la costa) y 33%, según la especie y el año.
El trabajo identifica, además, una falla en los instrumentos tecnológicos de seguimiento. El Sistema Integrado de Control a Bordo (Sicon), previsto hace más de 15 años para incorporar cámaras y monitoreo electrónico, no entró nunca en funcionamiento.






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