Laura Kuperman
Educadora Canina.
376 4-636-551
Aun quienes se consideren buenos guardianes de perros pueden dañar, muchas veces sin saberlo, a sus compañeros caninos. Confinarlos en solitario, privarlo de las necesidades básicas o atormentarlos física o emocionalmente son formas de maltratar a un perro.
Usar collares inadecuados o de estrangulamiento o púas ocasionan dolor y causan daños graves, como latigazo cervical, lesiones de la médula espinal, aplastamiento de la tráquea con asfixia, fractura de los huesos de la laringe, dislocación de los huesos del cuello, hematomas en el esófago y daño a la piel.
Obligar a los perros a usar disfraces no es divertido, es estresante, incómodo y humillante. Algunos disfraces pueden incluso dificultar la visión, moverse o respirar libremente. Esos disfraces “novedosos” fomentan actitudes irrespetuosas hacia los animales. Los perros reconocen cuando se ríen de ellos y no lo disfrutan.
Llevar a los perros a lugares que son estresantes o peligrosos, entornos con ruidos fuertes, luces brillantes, conciertos y espectáculos de fuegos artificiales. Lugares concurridos como mercados, restaurantes o bares.
Muchas personas los obligan a pasar la mayor parte de sus vidas aislados, sin nada que hacer por muchas horas incluso cuando viajan. Los encierran en jaulas sin poder caminar, mirar por la ventana, estirarse o hacer sus necesidades.
Los perros no solo anhelan el contacto con los demás, lo necesitan y el confinamiento, el aislamiento y la falta de estimulación tienen efectos desastrosos en la salud y la felicidad de los perros.






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