Claudia Olefnik
Artista plástica
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Hay una pregunta que muchas personas se hacen alguna vez: ¿es posible vivir más de una vocación?
Durante mucho tiempo pareciera que nos enseñaron que había que elegir un solo camino. Como si la vida pudiera dividirse en casilleros perfectamente ordenados: el trabajo por un lado, las pasiones por otro. La profesión para sostener la realidad. El arte, apenas como un pasatiempo.
Pero la vida suele ser mucho más compleja. Agustina Zambrano es abogada. Su trabajo exige precisión, estudio, responsabilidad y una profunda comprensión de las personas y de los conflictos que atraviesan. Sin embargo, cuando termina esa jornada, aparece otro universo completamente distinto: el de los pinceles, el color y la contemplación. Lejos de contradecirse, ambos mundos parecen complementarse.
Entre expedientes y libros jurídicos también hay espacio para las flores que nacen sobre un lienzo. Entre el rigor de las leyes aparece la libertad de una pincelada. Y quizá sea justamente ese equilibrio el que hace que una actividad enriquezca a la otra.
Muchas veces imaginamos al artista como alguien que vive exclusivamente de crear. Pero basta recorrer la historia del arte para descubrir médicos, arquitectos, docentes, ingenieros, abogados y comerciantes que encontraron en la creación un lenguaje indispensable para comprenderse a sí mismos.
El arte no siempre reemplaza una profesión. A veces la acompaña. Y eso no le resta autenticidad. Al contrario. Demuestra que la creatividad puede crecer en cualquier lugar donde exista sensibilidad.
Las flores que Agustina pinta no hablan solamente de la naturaleza. También hablan del tiempo que una persona decide regalarse para escuchar aquello que el ritmo cotidiano muchas veces intenta silenciar. Quizás no se trate de elegir entre una profesión y otra. Quizás el verdadero desafío sea permitir que convivan.
Porque hay personas que trabajan de una cosa… …y viven también gracias al arte.





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