Lo que comenzó como uno de los momentos más difíciles de su travesía terminó convirtiéndose en una historia de solidaridad y esperanza. Sebastián Gastón Fajardo, el ciclista misionero que días atrás sufrió el robo de su bicicleta y de todo su equipo de acampe en Puerto Madryn, volvió a sonreír gracias al apoyo de la comunidad y al gesto de un comercio local que le permitió retomar su viaje.
Con más de 23 años recorriendo rutas y experiencias acumuladas en países como Colombia, Ecuador, Venezuela y Bolivia, Fajardo se encontraba realizando una nueva aventura por el sur argentino cuando fue víctima de un robo que lo dejó prácticamente sin nada.
El hecho ocurrió en la zona costera de Puerto Madryn, frente a una conocida rotonda. Según relató el propio viajero, todo sucedió en cuestión de minutos.
“Me crucé a un negocio a comprar y me robaron la bicicleta. Compré un poco de fiambre y salí, y ya no estaba más”, contó con resignación.
La pérdida fue total. En el rodado transportaba su carpa, utensilios de cocina, ropa y su teléfono celular, elementos indispensables para continuar el viaje. Sin medios de comunicación y sin recursos, logró llegar a Trelew gracias a la ayuda de un camionero que lo acercó durante la noche.
Ya en la ciudad, encontró refugio en las instalaciones de la terminal de ómnibus y recibió la asistencia de trabajadores de la parada de taxis cercana, quienes colaboraron para que pudiera atravesar los días más difíciles. A pesar de la situación, nunca perdió su espíritu independiente.
“Yo no le pido plata a nadie. Solamente conseguir una bici, abrazar a las personas, agradecerles y seguir mi viaje”, expresó.
La difusión de su historia generó una inmediata respuesta solidaria. Vecinos de la región comenzaron a colaborar de distintas maneras, impulsando una cadena de ayuda que rápidamente se multiplicó.
El momento más emotivo llegó cuando Federico Lemarchand, responsable de la bicicletería Lemarchand, decidió donar una bicicleta rodado 29 para que Sebastián pudiera continuar su travesía. El nuevo rodado incluso supera las características de la bicicleta que le había sido sustraída.
El sueño de llegar a Alaska
La entrega significó mucho más que recuperar un medio de transporte. Para el ciclista misionero representó la posibilidad de volver a perseguir su sueño: recorrer la Ruta 40 hasta Ushuaia y, posteriormente, emprender un ambicioso viaje con destino final en Alaska.
“Es una locura linda, pero a la vez divertida”, había definido sobre su proyecto de vida, resumido en una filosofía simple que lo acompaña desde hace años: “Despacito se llega lejos”.
Con el rumbo nuevamente marcado hacia la cordillera y la próxima parada fijada en Esquel, Sebastián volvió a ponerse en marcha. Esta vez, impulsado no solo por su pasión por viajar, sino también por el profundo agradecimiento hacia una comunidad que demostró que la solidaridad puede transformar la adversidad en una nueva oportunidad.





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