Con la caída de las temperaturas y el ingreso paulatino al invierno, mayo marca el inicio de una de las tareas más importantes para la producción frutícola: la poda de invierno. En gran parte de Argentina, especialmente en las regiones templadas y frías, este período coincide con el reposo vegetativo de los árboles de hoja caduca, una etapa ideal para intervenir sobre la estructura de las plantas y mejorar su rendimiento futuro.
La práctica no solo tiene impacto en la producción de fruta, sino también en la sanidad, la ventilación y la longevidad de los montes frutales. Técnicos y viveristas coinciden en que una poda realizada en el momento adecuado permite ordenar el crecimiento, estimular la fructificación y reducir problemas sanitarios durante la próxima campaña.
Aunque el calendario puede variar según la región y el comportamiento climático de cada año, mayo suele ser el punto de partida para trabajar sobre especies tradicionales como manzanos, perales, higueras, ciruelos y vides.
El reposo vegetativo, la clave
Durante el otoño tardío, los árboles frutales de hoja caduca comienzan a perder sus hojas y reducen su actividad metabólica. Ese estado de latencia es el que habilita las tareas de poda con menor estrés para la planta.El descenso de las temperaturas y la reducción de horas de luz generan condiciones ideales para intervenir sin afectar el desarrollo vegetativo ni la futura brotación.
En términos productivos, la poda tiene varios objetivos: eliminar ramas secas o enfermas, mejorar el ingreso de luz y aire, controlar altura y volumen de la planta, estimular la formación de fruta, y renovar madera productiva. Además, permite reducir el riesgo de enfermedades fúngicas y facilita futuras labores culturales y de cosecha.
Qué especies podar en mayo
Entre los frutales más trabajados durante esta época se encuentran los denominados “de pepita”, como manzanos y perales.
En ambas especies, la poda de invierno resulta fundamental para mantener el equilibrio entre crecimiento y producción. En zonas productivas del Alto Valle, Cuyo y algunas áreas templadas del Litoral, mayo suele marcar el inicio de estas tareas. También el membrillero entra dentro del grupo de especies que pueden podarse durante el reposo invernal.
En el caso de los frutales de carozo -durazneros, ciruelos, damascos y cerezos- las recomendaciones cambian según el clima regional.
El duraznero, por ejemplo, suele podarse entre fines del invierno y principios de primavera, aunque en regiones frías las tareas pueden adelantarse hacia mayo, siempre antes de la brotación.
El ciruelo y el damasco admiten poda invernal tradicional, mientras que en el cerezo generalmente se priorizan podas livianas o sanitarias, debido a la sensibilidad de la especie a enfermedades de madera.
Otro caso importante es el de la vid. En las provincias vitivinícolas, mayo representa el inicio de la poda de invierno, una práctica decisiva para regular carga de fruta y vigor de las plantas.
La higuera también puede trabajarse durante esta etapa, principalmente para controlar tamaño y favorecer nuevos brotes productivos.
Diferencias regionales
Uno de los aspectos centrales que remarcan los especialistas es que no existe una fecha única para todo el país. Argentina presenta una enorme diversidad climática: mientras en Patagonia o zonas serranas el frío llega temprano y la poda puede extenderse hasta agosto, en regiones más cálidas del NEA y NOA la brotación suele adelantarse, acortando la ventana de trabajo.
En Misiones, por ejemplo, las temperaturas más elevadas y la humedad obligan a prestar especial atención al estado fisiológico de la planta antes de iniciar las tareas.
Si los árboles ya presentan yemas hinchadas o señales de brotación temprana, muchos técnicos recomiendan retrasar la poda para evitar afectar el crecimiento inicial.
También se aconseja evitar jornadas húmedas o lluviosas, ya que los cortes recientes favorecen el ingreso de hongos y bacterias.
En los sistemas frutales comerciales, la poda representa una de las labores más estratégicas del año.
Un manejo incorrecto puede provocar: exceso de crecimiento vegetativo, menor producción, fruta de menor calidad, y problemas sanitarios. Por el contrario, una poda equilibrada permite mejorar calibre, coloración y sanidad de los frutos.
En especies como manzano y peral, por ejemplo, el objetivo suele centrarse en mantener estructuras abiertas y bien iluminadas. En duraznero y ciruelo, en cambio, se busca renovar ramas productivas debido a que la fruta se genera principalmente sobre madera joven.
En vid, la poda define directamente el potencial productivo de la próxima campaña.
También se aconseja: eliminar ramas cruzadas, retirar madera seca, y evitar heridas innecesarias.
En explotaciones comerciales, muchas veces se complementa la poda con aplicaciones preventivas de fungicidas cúpricos o cicatrizantes.
Otra recomendación habitual es no exagerar la intensidad de poda, especialmente en plantas jóvenes o debilitadas.






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