Natalia Moyano
Contadora con corazón de escritora
IG: @marianataliamoyano
Hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar, los dos llegarán y están separados uno de otro por un espacio de tiempo. Solo es cuestión de tiempo y estrategia para que nuestra siembra se transforme en cosecha. En este mundo de inmediatez, los tiempos que le damos a nuestra siembra, son cada vez más cortos, y si los resultados no llegan en ese corto tiempo que le asignamos, pensamos que algo estamos haciendo mal o que no servimos para esto.
Lo cierto es que cada cosa tiene su tiempo y su proceso, y entender esto nos evita frustraciones y nos invita a vivir el momento presente, desapegándonos del resultado.
Siembra y cosecha son dos momentos diferentes y muy relacionados entre sí, no hay uno sin el otro.
La siembra es momento de tomar decisiones, y llevado a nuestra vida ¿Qué vida queremos construir? ¿Cómo deseo ser y estar en este mundo? ¿Cómo elijo servir a los demás usando mis dones?
En este tiempo de siembra, lo más importante es observarnos a nosotros mismos, para detectar desde dónde estamos tomando estas decisiones ¿lo hacemos desde el miedo o para buscar validación o lo hacemos desde un estado emocional de pleno recurso?
Auto observarnos y preguntarnos nos ayuda a darnos cuenta desde dónde hacemos lo que hacemos, y esta es la piedra sobre la cual se construye todo lo demás. La cosecha es el momento donde todo se concreta, donde cada esfuerzo cobra sentido y llega lo que tanto hemos esperado.
La cosecha es también el momento de agradecer por todo lo que estamos recibiendo, y es cuando nos damos cuenta que el haber buscado la forma, haber actuado con coherencia y consistencia, siempre trae cosecha, más tarde o más temprano. Como todo en la vida son ciclos, de la misma forma lo es la siembra y la cosecha.
Recordar esto, nos ayuda a mantener un equilibrio, para no perder la esperanza mientras sembramos y no olvidar nuestra humildad cuando cosechamos.








