Natalia Moyano
Contadora con corazón de escritora
IG: @marianataliamoyano
¿Qué pasaría si nos encontráramos con nuestro “yo” de hace 10 años atrás y nos preguntara qué hicimos en estos años?
¿Cómo imaginamos ese encuentro? ¿Qué le contaríamos?
Muchas veces ponemos el foco en lo que nos falta, en lo que todavía no hemos conseguido, quizás miramos experiencias de otros y pensamos que no tenemos las condiciones necesarias, pero nunca miramos lo mucho que hemos avanzado.
Por un momento, recordemos ¿Cómo éramos hace 10 años atrás? ¿Cuáles eran nuestros sueños? ¿Qué de todo hemos concretado?
Somos nuestra única compañía asegurada para toda la vida, valorarnos, escucharnos y hablarnos con amor y respeto, es la clave para sentirnos verdaderamente felices, más allá de los “logros” del afuera.
A veces no reconocemos nuestros pasos, y en ese afán de “mas y más” en el ritmo rápido y competitivo del afuera, olvidamos nuestro propio ritmo, nuestros tiempos internos.
Volviendo a nuestro encuentro con nuestro yo del pasado, veríamos sus ojos curiosos, por saber que todo lo que hoy es incierto, lo ha concretado.
Le contaríamos cada una de las cosas que hemos logrado, y otras que no estaban planeadas y fueron sorpresas del camino.
También le diríamos lo que no funcionó, lo que no pudimos hacerlo, y le contaríamos que, aunque no funcionó aprendimos mucho, sabemos por donde no ir, y conocimos personas interesantes en ese camino.
Nuestro “yo de hoy” se sorprendería al ver todo lo que hizo en estos años, cómo creció, cómo ante las mismas o peores adversidades la actitud frente a ellas es totalmente diferente.
Nuestro “yo de hoy” vería con alegría y ternura la expresión de asombro de nuestro “yo del pasado” ante todo lo que le contamos.
Cada uno de nosotros somos únicos, irrepetibles, y nuestro único desafío es sacarnos todas las mantas que nos fuimos poniendo y que hoy tapan nuestra verdadera luz, animarnos a ser todo lo que podamos ser.








