La Escuela 729, ubicada en el paraje Fortaleza, está a poco de alcanzar un hito importante en su historia a través de un proyecto solidario: con el apoyo de una fundación, varios “padrinos” y la mano de obra de las familias, inaugurará un nuevo salón para que los chicos asistan a clases en condiciones más seguras.
A esta escuela, con más de tres décadas de historia en el corazón de la provincia, asisten 36 estudiantes de nivel primario, que están a cargo de apenas dos docentes y, cada semana, comparten tres aulas, donde se dictan en simultáneo clases de distintos cursos de todo ese ciclo educativo.
Uno de esos espacios era el edificio viejo de la escuela, que se encuentra en condiciones muy precarias por su antigüedad, por lo que la fundación Conectando Puntos y la Asociación de Padrinos de Escuelas Rurales (APAER) se movilizaron junto al equipo docente y las familias para construir un nuevo salón.
Adoryan Denis Quintana, director de la escuela, dialogó con PRIMERA EDICIÓN acerca de este proyecto, que comenzó el año pasado y es sinónimo de un gran paso para la escuela.
Un salón que unió esfuerzos
La Escuela 729 funciona hace 32 años, creada en 1994 como aula satélite y, a partir de 1997, se convirtió finalmente en escuela de nivel primario. El director Quintana contó que, hasta el año pasado, en la 729 siempre hubo un solo docente, a cargo de las tareas administrativas y de enseñarle a todo el grupo de estudiantes.
En julio del año pasado se incorporó un nuevo docente y, antes de la construcción, el director contó que trabajaban divididos en tres aulas: una de ellas era el edificio viejo de la escuela, que también se utilizaba como comedor y salón de usos múltiples.
El edificio tiene más de 30 años de historia y, además de estar hecho de madera que sintió ese paso del tiempo, “ya no está en condiciones” de recibir a los chicos porque “teníamos, y tenemos todavía, una invasión de murciélagos”, dijo Quintana, quien agregó que “no era lo más higiénico y saludable para trabajar con los niños”.
Eso lo motivó a contactarse con Manuel Isaac, quien a través de APAER ya era padrino de la escuela desde 2024. Intercambiaron fotos, conversaron sobre el tema y la propuesta fue construir un nuevo salón.
Así, la fundación Conectando Puntos, a cargo de Isaac y sus dos hermanos, gestionó los fondos para la compra de los materiales, pero aún restaba resolver un punto: quién haría la obra. Las familias de los estudiantes fueron las que se pusieron al hombro ese desafío.
“Sin dudarlo me dijeron: ‘Vamos a construir sí maestro’ y arrancamos en septiembre del año pasado con la obra”, recordó Quintana.
Desde entonces, la obra es la prioridad para esta comunidad educativa. De acuerdo al director, estuvieron “trabajando fines de semana o los días que los padres podían hacerlo, ya que al tener sus chacras tienen también que cumplir, porque de eso viven”.

Presente y futuro
La obra está casi por finalizar: falta revocar las paredes y colocar el piso, dos tareas para las que aún deben comprar los materiales, pero según Quintana, es el primer paso de un proyecto de mejoras que va a continuar.
Es que, además de esta obra, la escuela tiene otras necesidades que atender. La más urgente se ubica en los baños, que “tienen casi 20 años y los pocos mantenimientos que se hicieron fueron por parte de los docentes y padres. Ahora necesitamos cambiar todos los caños de agua y nuevas mochilas”, señaló Quintana.
Otro pedido para la fundación fue el de un equipo de sonido, ya que el actual dejó de funcionar después de 20 años de uso. “Es algo muy importante, principalmente en los actos escolares”, agregó Quintana.
Para lo que viene, la confianza del directivo en el aporte de los padres sigue intacta. “La obra fue llevada a cabo por los padres de la comunidad, desde el principio. Nos falta todo lo antes mencionado, pero sé que ellos sin inconvenientes lo van a terminar todo como corresponde, ya que lo hacen por sus hijos”, concluyó.





