Ana Laborde
Profesora de Yoga
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Salimos de la relajación final al terminar la sesión de Yoga y seguimos en el ahora al permanecer sentados sobre la mat, disfrutando de la respiración suave y profunda, conscientes de todas las percepciones. Luego buscamos la lectura habitual y en la página señalada habíamos leído estas palabras de Indra Devi publicadas en los años ‘80: “El hábito de la respiración defectuosa es una de las muchas costumbres a que nos ha llevado nuestra moderna civilización”. Entonces seguimos leyendo:
“Para que una persona goce de buena salud, necesita hacer por lo menos sesenta respiraciones profundas por día. A la respiración pobre hay que atribuirle, directa o indirectamente, una cantidad considerable de dolencias mentales y físicas, desde trastornos nerviosos hasta los más corrientes resfriados. Los hombros caídos, el pecho estrecho, el color pálido, la visión defectuosa, la mala memoria, la fatiga mental, pueden ser consecuencias lamentables de la respiración defectuosa”. Levantamos la vista considerando la época en que fue publicado el libro y que hoy esto nos resulta tan familiar porque nos sucede constantemente. Volvemos a la lectura:
“Para que el cerebro funcione debidamente hace falta que se le suministre tres veces más oxígeno que al resto del cuerpo. Si no recibe la ración que necesita, lo roba al cuerpo. A esto se debe que muchos intelectuales tengan con frecuencia un cuerpo extremadamente pobre y mala salud. Hay millones de personas que padecen a consecuencia de la falta de oxígeno y no lo saben”. Reflexionamos unos instantes y continuamos leyendo:
“Al leer la obra de Gayelor Hauser: ‘Sé más feliz, sé más sano’, me enteré de su teoría acerca de que la respiración rítmica es el procedimiento más rápido para energizar a un cuerpo cansado. También sostiene que la respiración profunda es más importante para nuestra salud que el mismo alimento, por bueno que sea. Una afirmación de esta categoría en boca de un famoso dietista tiene singular importancia”. Asimismo, “la respiración profunda no solo alimenta nuestro sistema, sino que además lo limpia”. Aquí ponemos el señalador, guardamos el libro y nos retiramos reflexionando. Namasté.








