Después de 22 años de espera, la Justicia falló a favor de Paula Marina Pisak. La resolución se conoció el 16 de abril, cuando la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Misiones reconoció la mala praxis y violencia obstétrica que denunció tras el nacimiento de su primera hija, en 2004, en una clínica de Jardín América.
El fallo, confirmado en segunda instancia, marca un antecedente histórico a nivel nacional, porque incorpora la perspectiva de género para evaluar estos casos, menciona la Ley de Parto Respetado y reconoce de manera expresa la violencia obstétrica dentro de una demanda civil por daños.
La historia de Pisak trascendió a nivel nacional porque las secuelas de la intervención marcaron su vida de un modo difícil de resumir: quedó con una discapacidad auditiva y de movilidad permanente, perdió su trabajo como docente y tuvo que reinventarse para recuperar su autonomía.
Pero esa parte de la historia continuó con dos décadas de proceso judicial, con revictimizaciones y un desgaste físico y emocional que no aparecen en las 51 hojas de la resolución, pero sí en la voz de Pisak.
“El desgaste y que mes a mes esperes una sentencia que no llega te enferma, mi cuerpo no solo está agotado sino enfermo de las consecuencias propias de lo vivido”, contó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN la activista contra la violencia obstétrica, quien también se refirió a lo que significa esta resolución: el cierre que pidió durante años de una etapa atravesada por el dolor.
¿Qué sentiste exactamente cuando te confirmaron el fallo?
Incertidumbre, no pude reaccionar con felicidad. Fue el jueves 16 de abril que recibo un mensaje de uno de mis abogados que decía: ‘Hola Paula, ganaste la apelación, se extendió la responsabilidad hacia el médico que había sido omitido’, luego el documento de 51 páginas. Estaba sola en la cama, quería tener la rapidez mental de recorrerlo y conocer su contenido, pero sin anteojos, solo vislumbraba partes. El anestesista arguye que el evento neurológico no estaba relacionado a su actuar médico, el obstetra y la clínica planteaban enfermedades que jamás oí… Volver a leer lo vivido esas horas duele como el primer día porque yo recuerdo los detalles, la desesperación, la muerte suspirando a mi lado, como si nadie fuera responsable de mis secuelas. Y allí vuelvo a verme panzona, con los 40 grados misioneros, volviendo caminando sola de mi control esa tarde, sana, plena, feliz.
¿Qué parte de todo lo vivido sentís que no entra en la sentencia?
Los años perdidos de agonía y desvelo, mi juventud, todo lo que no pude hacer con mi primera hija, todos los miedos que debí silenciar al desear volver a ser madre, con un sistema médico que se negaba a brindarme atención por temor a la experiencia anterior. Igualmente nada alcanza para dimensionar la vida que atravesé, la discapacidad adquirida, la maternidad en esa condición y el futuro que me robaron.

Cuando se habla de esta resolución como un “fallo histórico”, ¿creés que va a sentar un precedente?
Creo que lo único positivo de tanta espera fue leer que los vocales de la sala I incorporaron al dictamen la perspectiva de género, así también consideraron y reconocieron la atención deshumanizada, el trato irrespetuoso, el incumplimiento de los protocolos como formas de violencia obstétrica, que afectaron no solo mi integridad física sino también la psicológica. Tras casi 21 años de recorrido como sobreviviente y activista creo que este fallo tiene una gran importancia jurídica justamente por eso, ya no solamente son daños o mala praxis los que se citan. Aquí se nombra y da entidad a la violencia obstétrica y esto sienta un precedente que será útil en otras causas en Argentina.
Pero a su vez siento que es poco, nadie podrá devolverme tantos años de desgaste que representa sostener una causa, mi vida y salud mental siempre inestables, así también mi economía, porque pese a ser profesora, al convertirme en una mujer con discapacidad, hasta mis horas cátedras se esfumaron, mientras que trabajé hasta el último día de mi embarazo, con 42 horas recorriendo colonias y pueblos a los cuales llegaba caminando o haciendo dedo.
¿Qué te fue quitando la causa con el paso de los años?
Todo. La causa al principio me llenó de miedo, estuve mucho tiempo sin poder salir a la calle por temor a mi vida pues había amenazas, luego mi salud mental, insomnio y depresión, pensar y repensar cada año si éste sería el que daría fin al proceso, pero llegaba la feria y otro año se sumaba. Tuve que enfocarme en estudiar y capacitarme porque si no lo más factible sería quedar en una cama día y noche. Ayudar a otras mujeres, dar charlas, acompañar ayudó mucho, era como una curita a mi alma. Y por cada parto respetado que me comentaban algo volvía a brillar en mí. Así entendí que este era el camino correcto.
¿Hubo momentos en los que pensaste en abandonar?
No, nunca se me cruzó por la mente, jamás. Siempre dije, a mí me verán aquí en las marchas y las calles como las abuelas de Plaza de Mayo. Ya no lo hacía por mí sino por mis hijas y todas las generaciones de futuras gestantes. Justamente Norita Cortiñas había conocido mi historia y apoyaba la causa. Nos íbamos a ver en uno de los encuentros por la Semana del Parto Respetado en el 2024 frente al Congreso y yo no pude viajar, pocos días después falleció. Por eso ayer le decía a esa compañera que, desde donde esté, ella también estaría festejando conmigo.
Muchas veces se habla de tu historia desde la “fortaleza” y la “lucha”. ¿Hubo momentos en que sentiste exactamente lo contrario?
Mil veces me sentí tan vulnerable y débil, pero yo no tenía opciones, desistir era imposible. Debía aferrarme a mi verdad y seguir en pie, más aún cuando fui conociendo a otras mujeres con sus historias y pérdidas. Yo había tenido la “suerte de sobrevivir”, muchas otras o sus hijos/as no, por ello creo que mi motor con el tiempo fueron ellos/as, la certeza de que algo debía cambiar en los nacimientos, pues las cifras de muertes maternoinfantiles eran abrumadoras y no sucedían justamente por enfermedades preexistentes, sino por desidia, maltrato, falta de atención, negación de cesáreas, obligación a parir o maniobras peligrosas en los partos.
Con el paso del tiempo y notar que esta problemática se había instaurado con más fuerza en la agenda política, las redes se iban fortaleciendo a lo largo del país con grupos de mujeres ya no solo conformada por quienes padecieron violencia obstétrica, sino también por profesionales dispuestas a colaborar y bregar por los cambios necesarios- Así nace mi tribu, una red inmensa y conectada gracias a la tecnología.
Contaste que hace un año caíste en depresión, ¿tuvo que ver la causa?
Claro que fue la causa la culpable. El desgaste y que mes a mes esperes una sentencia que no llega te enferma, mi cuerpo no solo está agotado sino enfermo de las consecuencias propias de lo vivido. Al principio la mayor parte de los ingresos familiares era para solventar terapias: neurólogos, kinesiólogos, fisiatra, psicólogos, otorrinos, fonoaudiólogos. Viajes, separaciones de mis hijas, estrés por la cobertura mínima de la obra social hasta que dije “basta, hoy intento enfocarme en lo que me haga bien anímicamente”, pues en cuanto a mi salud nada puedo hacer.

Nombrás a tu “tribu” como un sostén clave. ¿Qué hicieron por vos que no hizo la Justicia?
Las tribus lo son todo, siempre se habla de su importancia a la hora de parir o con el puerperio, tener una red de sostén que acompañe los procesos con amor y contención. Yo no la tuve en esa instancia pero la conocí cuando más necesité, en el momento en que utilicé mi voz para que la sociedad despierte y no siga naturalizando el maltrato que padecía nuestro género. Así fue que conocí al feminismo en Misiones, aquí no importaba quien eras o tu orientación partidaria, ellas simplemente están, sin horarios, sin cuestionamientos, solo apoyando, primero en las marchas que organicé, petitorios o denuncias públicas, luego fue creciendo y conocí compañeras de todo el país.
¿Qué encontraste en otras mujeres que atravesaron situaciones similares?
El mismo hastío, ver el poder del ambo blanco en el sistema judicial. Los profesionales de la salud se creen intocables, para ellos una tiene que aprender a ser sumisa, calladita, entregarse y aguantar, ese es su ideal, y recordar que si algo sale mal no es su culpa, es propio o posible de cualquier intervención. Aclaro, no son todos, pero sí una gran mayoría. Me duele que sean tantas las mujeres que hayan perdido a sus hijos por falta de atención, las hacen volver a sus hogares y minimizan sus dolores.
¿Qué cambió en vos como persona después de estos 22 años?
Tuve que aprender a forjar un carácter fuerte, a insistir, a llorar a escondidas porque sino mi familia viviría en un entorno de eterna tristeza. A mostrarme capaz, pues la discapacidad lo primero que hace en la sociedad es causar lástima y nos infantilizan. Yo logré romper este estereotipo e incluso pude liderar toda una institución en el país como el COFEDIS (Consejo Federal de Discapacidad). Aprendí a ser perseverante pero también a desconfiar de todo.
¿Hoy el fallo se siente como justicia?
Nada es justo si debemos esperar tanto tiempo para una reparación. Al principio, en mi ingenuidad, creía que el proceso sería celero y con lo que ganara del juicio recorrería el mundo en busca de profesionales que lograran que mi calidad de vida mejorara e incluso volviera a oír. Soñaba con tratamientos experimentales, lo haría todo. Pero hoy lo que queda de esta Paula son tan solo secuelas y cuanto más pasen los años y llegue a la vejez, más cerca vuelvo a estar de una silla de ruedas, de más dolor y menos independencia. Y eso duele.
Un fallo con dedicatoria
En el camino por encontrar justicia, Pisak se convirtió en una defensora de los derechos de las personas con discapacidad a través de la Fundación Ñande Reko Ha, además de una militante activa contra la violencia obstétrica. Eso lo reflejó en su dedicatoria del fallo.
“Hoy quiero dedicárselo a cada compañera que día a día milita por el parto respetado, a las Doulas y Parteras del Amor, a las profesionales del Derecho y la salud que acompañan nuestros procesos con respeto. A las psicólogas, a las sobrevivientes, que aún rotas, con todo el dolor de sus pérdidas, deciden luchar y seguir viviendo”, dijo. Y agregó: “A los familiares que se involucran y soportan revivir una y otra vez lo que padecieron sus hijas o nietxs que hoy ya no están, y por ellxs alzan una bandera. A todas las compañeras que se encuentran privadas de su libertad y fueron criminalizadas por atravesar emergencias obstétricas”.
“Gracias porque ustedes desde recónditos lugares y cuantiosas redes estuvieron a lo largo de estos 21 años demostrándome que no estoy sola y que imperan otras formas de venir al mundo”, cerró.









