El sistema jubilatorio argentino se encamina hacia una tormenta, con una ecuación simple pero devastadora: mientras la expectativa de vida sube, la cantidad de personas que ingresan al mercado laboral formal para sostener a los pasivos cae en picada.
Según la especialista Florencia Markarian, estamos ante un escenario donde la tasa de natalidad se desplomó casi un 50% en apenas diez años.
En este sentido, remarcó en la FM 89.3 Santa María de las Misiones que el sostenimiento de la caja previsional no depende solo de la recaudación impositiva directa, sino fundamentalmente de los aportes de los trabajadores activos. “Se necesitan aproximadamente cuatro trabajadores activos por cada pasivo”, explicó Markarian.
La tendencia no es solo local; “países como Italia y Polonia enfrentan números similares”, pero “en Argentina el impacto se potencia por la informalidad laboral y la falta de planificación a largo plazo”.
El fenómeno del retraso en la maternidad también juega su papel. Actualmente, muchas mujeres eligen ser madres después de los 30 o 34 años, lo que estira los tiempos de renovación generacional. “Si una persona decide formar su familia a partir de los 40 años, son 20 años más hasta que esos hijos empiecen a aportar”, advierte la abogada. Esto genera un bache temporal donde la población envejecida crece sin un respaldo de aportantes jóvenes suficiente para cubrir sus necesidades básicas.
El fin de la jubilación como único ingreso
La realidad ya es una muestra de lo que vendrá. Con una canasta básica para jubilados que ronda los $824.000, frente a haberes que en muchos casos apenas alcanzan los $450.000, la jubilación dejó de ser un sustento para convertirse en un “complemento”. Markarian es tajante al respecto: “Llegados los 60 o 65 años, uno no va a poder vivir solo con una jubilación”.
Ante este panorama, la recomendación profesional empieza a virar hacia la previsión individual. La idea de formar un fondo de retiro propio o realizar inversiones privadas ya no es un lujo, sino una necesidad para quienes hoy están en su etapa activa. El Estado, por su parte, parece reaccionar únicamente con parches legislativos que buscan elevar la edad jubilatoria, sin atacar el problema de fondo de la base de aportantes.
Reformas en el horizonte
El debate legislativo que se avecina contempla el aumento de la expectativa de vida, pero con el ojo puesto en extender los años de servicio. Sin embargo, se barajan opciones para flexibilizar el acceso: “La idea es no depender exclusivamente de los 30 años que exige la ley, sino modificarla y poder acceder con los años de aporte que uno tenga, estableciendo una base mínima”, señaló Markarian.
El cambio, más que previsional, deberá ser social y profundo para evitar un colapso total en las próximas dos décadas.




