Tener trabajo ya no garantiza estabilidad económica. En Misiones, al igual que en el resto del país, cada vez más trabajadores formales se ven obligados a buscar un segundo empleo para sostener sus ingresos. Según estimaciones recientes, 9 de cada 100 empleados registrados en la provincia están en esa situación, reflejando una problemática que va más allá de la desocupación y pone el foco en la calidad del empleo.
El fenómeno no es nuevo, pero se profundizó en el último año. La combinación de salarios deteriorados, inflación persistente y aumento del costo de vida empuja a miles de trabajadores a multiplicar sus fuentes de ingreso. Así, el pluriempleo dejó de ser una excepción para convertirse en una necesidad estructural.
“Hoy el salario no alcanza. Hemos perdido más del 40% del poder adquisitivo y los aumentos que se otorgan son insuficientes”, afirmó la secretaria general de ATE Misiones, Miriam López, en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. La dirigente describió un escenario en el que incluso quienes cuentan con empleo formal deben recurrir a changas, ventas o emprendimientos para llegar a fin de mes. La situación se refleja en la vida cotidiana. Empleados públicos que venden comida casera, participan en ferias o comercializan productos de limpieza forman parte de una postal cada vez más habitual. “No es una elección, es porque no llegan”, resumió López.
A nivel nacional, los datos confirman esta tendencia. Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea indica que más de 3,7 millones de trabajadores -casi el 18% de los ocupados- buscan otro empleo o más horas de trabajo. Si a eso se suman los desocupados, la presión total sobre el mercado laboral asciende al 24% de la población económicamente activa, es decir, más de 5 millones de personas.
Este indicador amplía la mirada tradicional centrada en la tasa de desempleo, que en el cuarto trimestre de 2025 se ubicó en 7,5%. Aunque el número parece moderado en términos históricos, oculta una realidad más compleja: el empleo disponible muchas veces no alcanza, ni en cantidad de horas ni en nivel de ingresos. De los 21 millones de ocupados en el país, el 17,8% se encuentra en la categoría de “ocupados demandantes”, es decir, personas que trabajan pero buscan otro empleo. Dentro de ese grupo, casi la mitad son subocupados -con jornadas incompletas- y el resto son trabajadores con empleo pleno que, aun así, necesitan un ingreso adicional.
En el plano regional, los datos muestran que Misiones se ubica en un nivel intermedio de presión laboral, con un 12,8% de la población económicamente activa afectada por la combinación de desocupación y búsqueda de más trabajo.
Sin embargo, la comparación con provincias cercanas evidencia distintas realidades. En Chaco, por ejemplo, la presión laboral asciende al 13,8%, impulsada principalmente por la alta proporción de personas que buscan otro empleo.
En Corrientes, el indicador se ubica en torno al 11%, mientras que en Formosa desciende al 4,5%, uno de los niveles más bajos del país, aunque esto no necesariamente refleja una mejora, sino posibles situaciones de desaliento laboral o menor participación en el mercado de trabajo.
El problema también está vinculado a la informalidad. Entre quienes no buscan otro empleo, cerca del 39% trabaja en condiciones informales, lo que equivale a 6,7 millones de personas. Esto refleja un mercado laboral fragmentado, donde la estabilidad y los ingresos suficientes son cada vez menos frecuentes.
En Misiones, el impacto se siente con especial intensidad en el sector público. Según datos sindicales, una familia tipo necesita alrededor de 2.200.000 de pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas en la región, un monto muy por encima de los ingresos de la mayoría de los trabajadores estatales. Ante este panorama, desde ATE impulsaron iniciativas como ferias para que los empleados puedan comercializar productos y generar ingresos extra.
Sin embargo, advierten que se trata de paliativos frente a un problema estructural. “Esto no es algo aislado del Estado, le pasa a toda la sociedad”, remarcaron.
El avance del pluriempleo también responde a cambios en la composición del trabajo. En los últimos años creció la cantidad de monotributistas, mientras que el empleo asalariado formal en el sector privado se redujo. Este desplazamiento hacia formas laborales más flexibles, pero menos protegidas, contribuye a la inestabilidad de los ingresos.
A nivel sectorial, las mayores tasas de búsqueda de empleo adicional se registran en actividades como el servicio doméstico, la hotelería y la construcción, sectores caracterizados por salarios bajos y alta rotación. En contraste, áreas como la minería o las finanzas muestran menor presión, asociada a mejores niveles salariales. La dimensión generacional y de género también es relevante. Los jóvenes y las mujeres son quienes más recurren a la búsqueda de ingresos complementarios, reflejando desigualdades persistentes en el acceso a empleos de calidad.
En este contexto, especialistas coinciden en que el desafío no pasa únicamente por crear empleo, sino por mejorar su calidad. La estabilidad, la formalidad y los salarios adecuados aparecen como condiciones clave para revertir una tendencia que se viene consolidando desde hace años.






