La escena se repite en pasillos, aulas y bibliotecas: estudiantes agotados, con ansiedad ante los exámenes, lejos de sus familias y tratando de sostener una carrera en medio de la incertidumbre económica. En ese contexto, la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) decidió dar una respuesta concreta y urgente: creó su primer espacio integral de salud mental, que ya en sus primeros días muestra una demanda “altísima”.
“El principal objetivo es acompañar al estudiante y promover la permanencia dentro de la universidad”, afirmó Belén Olivera, secretaria general adjunta de Asuntos Estudiantiles, al presentar la iniciativa que funciona en el campus de Miguel Lanús.
La propuesta combina atención psicopedagógica, acompañamiento psicológico (próximo a incorporarse), talleres y, en breve, atención médica clínica con derivaciones específicas.
“El principal objetivo es acompañar al estudiante y promover la permanencia dentro de la universidad”, explicó Olivera quien recordó que el espacio ,que combina atención profesional con un ámbito de contención cotidiana, fue pensado como una respuesta directa a las problemáticas que atraviesan los jóvenes. “No es solo un lugar para recibir acompañamiento psicológico, sino también un espacio donde puedan sentarse a estudiar, prepararse un mate o un café y sentirse contenidos”, señaló en diálogo con FM de las Misiones.
El peso invisible del estrés universitario
Las primeras actividades dejaron en evidencia una problemática que crece en silencio: el estrés académico. “Lo que más dicen los chicos es el estrés al momento de enfrentar un examen, pero también el estrés de adaptarse a una nueva vida”, detalló Olivera.
La adaptación universitaria, especialmente para quienes llegan desde el interior, aparece como uno de los factores más críticos. “Tenemos que aprender absolutamente todo: desde manejar la economía hasta cruzar una calle, entender cómo funciona el aula virtual o el sistema universitario. Todo eso se acumula”, señaló.
Esa acumulación, sin una red de apoyo, puede derivar en abandono. “Sin contención es muy difícil continuar y quedarse dentro de la universidad, por eso creamos este espacio”, enfatizó.
Jóvenes en el límite: entre la vocación y la incertidumbre
El grueso de quienes ya se acercaron al espacio tiene entre 18 y 26 años, aunque la universidad alberga estudiantes de hasta 30 años o más. Se trata, en muchos casos, de jóvenes que atraviesan su primera experiencia lejos de casa.
Pero el contexto actual profundiza las tensiones. “No estamos en un buen momento dentro de la universidad pública”, reconoció Olivera, al tiempo que vinculó la situación con el escenario económico. “La parte económica es uno de los factores que más afecta al estudiante”.
A esto se suma la incertidumbre institucional que impacta en lo cotidiano: dudas sobre el normal dictado de clases, fechas de exámenes o continuidad de las cursadas. Todo forma parte de un mismo ecosistema de presión.
Acceso abierto y respuesta inmediata
El espacio está destinado a todos los estudiantes de la UNaM, sin distinción de facultad o sede. “Cualquier alumno regular puede acceder, solo necesita inscribirse previamente y presentar su certificado”, indicó Olivera.
La atención se organiza mediante turnos, especialmente en el caso de psicólogos y psicopedagogos, aunque también habrá actividades abiertas como talleres y charlas.
El horario será amplio: “La idea es que el espacio esté abierto de 8 de la mañana a 8 de la noche”, precisó.
Además, ante la fuerte demanda, no se descarta complementar con atención virtual. “Si se desbordan los turnos, se puede evaluar la consulta online, pero la prioridad es la presencialidad”, aclaró.
Un sistema de acompañamiento que busca sostener trayectorias
La iniciativa se suma a otras políticas que la UNaM viene desarrollando para sostener a su población estudiantil, especialmente a quienes llegan desde el interior. Entre ellas, los albergues universitarios y el comedor.
“Buscamos garantizar igualdad de oportunidades, sobre todo para los estudiantes que más lo necesitan”, sostuvo Olivera.
En ese esquema, la salud mental aparece como una pieza clave que durante años quedó relegada. Hoy, con cifras crecientes de ansiedad, estrés y abandono, la universidad decide ponerla en el centro.
“La respuesta fue inmediata”
Apenas lanzado, el espacio evidenció la magnitud de la necesidad. “Tuvimos muchísimas consultas, tanto para acompañamiento psicopedagógico como psicológico”, afirmó Olivera.
El impacto también se vio en la participación en talleres y charlas. “La respuesta de los chicos fue genial, superó nuestras expectativas”, agregó.
La creación de este espacio marca un punto de inflexión: reconocer que el bienestar emocional no es un complemento, sino una condición necesaria para estudiar.
“Hoy es muy importante poder contar con esta ayuda, teniendo en cuenta el contexto y la importancia de la salud mental”, concluyó Olivera.
En tiempos donde sostener una carrera universitaria implica mucho más que aprobar materias, la UNaM apuesta a algo esencial: que nadie tenga que elegir entre su salud mental y su futuro académico.









