A 18 años de la desaparición de Mario Fabián Golemba, el caso vuelve a cobrar fuerza en la agenda pública con declaraciones contundentes de su hermano, Eliezer Golemba, quien aseguró que la investigación tuvo avances determinantes y que la resolución podría estar próxima.
En diálogo con FM de las Misiones, Eliezer destacó que el verdadero punto de inflexión se dio en 2021, cuando la Justicia Federal tomó la causa. Desde entonces, según relató, se desplegó un trabajo exhaustivo que incluyó allanamientos, recopilación de testimonios y análisis técnico de la información.
“Desde ese momento se empezó a investigar de verdad. La gente se quedó con la imagen de los operativos de 2022, pero detrás de eso hubo un procesamiento enorme de pruebas y testimoniales fundamentales para reconstruir lo que pasó”, explicó.
En ese proceso, subrayó el rol de organismos especializados en violencia institucional, que aportaron experiencia y rigurosidad. “La Fiscalía Federal no trabaja sola, está acompañada por procuradurías específicas que elaboran dictámenes y ayudan a determinar qué pruebas son contundentes. Eso hace que todo sea más serio”, indicó.
Incluso, comparó el abordaje con otras causas emblemáticas del país: “Son equipos que trabajaron en casos como el de María Cash o Facundo Astudillo Castro. Eso marca una diferencia enorme respecto a lo que se había hecho antes”.
En ese sentido, fue categórico al hablar del estado actual de la investigación: “Hoy puedo decir que falta muy poco para que toda la sociedad misionera sepa lo que nosotros sabemos. Nosotros ya sabemos lo que pasó”.
“Queremos encontrar a Mario y que los responsables rindan cuentas”
El hermano de la víctima remarcó que el objetivo central de la familia es hallar los restos de Mario y obtener justicia. “Mi objetivo es devolverle a mi madre a su hijo, o lo que quede de él. Fue macabro lo que se hizo en este caso”, sostuvo.
Pero también hizo hincapié en la necesidad de que haya consecuencias judiciales para todos los involucrados: “No solo los que ejecutaron el hecho, sino también quienes encubrieron. Hay muchas más personas implicadas de lo que se cree, incluso algunas que quizás no son conscientes de que cometieron un delito”.
En esa línea, cuestionó duramente el accionar de la investigación en sus primeros años: “No se quiso investigar. Se desviaron líneas, se instalaron hipótesis falsas y se ignoraron testimonios clave. Todo eso está en el expediente”.
Además, dejó entrever que la familia tiene identificados a los responsables: “Nosotros sabemos quiénes son. Me gustaría que puedan mirar a mi madre a los ojos y decirle que no tuvieron nada que ver. No se van a animar”.
Sobre el posible desenlace, evitó dar detalles pero deslizó que podría ser inminente: “No hablaría de esta manera si no tuviera la certeza de que esto está prácticamente por cerrarse”.
Una herida abierta en la familia y en toda la sociedad
El paso del tiempo no borró el impacto del caso en la familia Golemba. Eliezer recordó especialmente a su padre, quien murió sin conocer la verdad. “Se murió buscando a su hijo. Cuando entendió lo que había pasado, no lo soportó”, relató con dolor.
Respecto a su madre, explicó que hoy permanece alejada de la exposición mediática: “Decidimos que no intervenga más. Que tenga tranquilidad, que esté con sus nietos. Nosotros seguimos dando la pelea”.
También habló de la fuerza que los sostuvo durante todos estos años: “Sale de la impotencia, del desgaste, pero también de la fe, de la familia y de la gente que nunca nos soltó. Siempre hubo una señal, una pista, algo que nos decía que teníamos que seguir”.
El rol de la sociedad y el compromiso de no olvidar
A 18 años de la desaparición, Eliezer destacó el acompañamiento social y mediático que permitió mantener viva la causa. “La gente entendió quién era Mario: una persona común, trabajadora, con proyectos. Eso generó empatía y también conciencia de que esto le puede pasar a cualquiera”, afirmó.
En este nuevo aniversario, no habrá actos formales. Sin embargo, la memoria sigue presente en cada publicación, mensaje y muestra de apoyo. “Hoy la difusión en redes y en los medios es suficiente. La memoria está intacta”, aseguró.
Finalmente, dejó un mensaje que trasciende lo personal y se convierte en un llamado colectivo: “No podemos normalizar la injusticia. Tenemos el deber, como sociedad, de encontrar la verdad y que haya justicia. Porque lo que pasó con Mario puede pasarle a cualquiera”.

La desaparición de Mario
Mario Golemba tenía 27 años y vivía en Picada Indumar, en Dos de Mayo. Fue visto por última vez el 27 de marzo de 2008, cuando regresaba desde Oberá, donde había viajado para atenderse con una nutricionista. Según la reconstrucción, ese día partió a las 7:10, a las 10:12 avisó que había encontrado el consultorio, cerca del mediodía confirmó que ya había sido atendido y, a las 13:05, envió el último mensaje en el que indicaba que volvería en el colectivo de la tarde. Nunca regresó.
A partir de entonces, se perdió todo rastro. Con el correr de los años, la causa derivó en la hipótesis de una posible desaparición forzada, con sospechas de que el joven pudo haber sido víctima de apremios ilegales en una dependencia policial de Dos de Mayo.
En 2022, ya bajo la órbita de la Justicia Federal, se realizaron allanamientos y excavaciones en comisarías, chacras, viviendas y terrenos baldíos entre Oberá, Dos de Mayo y Campo Grande. Los operativos, con participación de Gendarmería Nacional y tecnología especializada, tampoco arrojaron resultados positivos. La búsqueda incluso se extendió hacia Brasil. Pese a ello, la causa —recaratulada como desaparición forzada— continúa sin imputados ni responsables identificados, aunque con medidas en curso.
Eliezer Golemba afirmó también en una reciente entrevista al medio periodístico Caico que “A Mario lo secuestraron, a Mario lo desaparecieron (…) Papá tenía razón: a Mario no se lo tragó la tierra. A Mario lo secuestraron, a Mario lo desaparecieron”, afirmó.
Además, sostuvo que el cambio al fuero federal fue determinante: “Luego de la denuncia hecha por los nuevos abogados en el año 2021, la Justicia Federal hizo lo que la Justicia Provincial no quiso hacer. Hoy puedo afirmar que estamos ante la inminente definición del caso. Pronto la Justicia ordenará las medidas necesarias para esclarecer esta historia”.
Eliezer también destacó el acompañamiento recibido durante estos años: “Gracias a la ayuda de la familia y amigos, al trabajo de los abogados Rafael Pereyra Pigerl y Varela Vignoles, al equipo de la Fiscalía, a los organismos nacionales y las fuerzas federales, y principalmente, al pueblo misionero, que mantuvo intacta la memoria del caso, hoy puedo afirmar que el tiempo del silencio se está terminando. Falta poco. Será justicia”.
Actualmente, la causa sigue abierta y mantiene vigente una recompensa que, con el paso del tiempo, se incrementó de 100 mil pesos en 2008 a 5 millones de pesos para quienes aporten información certera sobre su paradero.
A casi dos décadas de su desaparición, el caso continúa atravesado por la falta de certezas judiciales, aunque con expectativas renovadas en torno a una posible definición.




