Los últimos registros disponibles muestran que en Misiones mueren entre 130 y 150 mujeres al año por cáncer de cuello uterino, una cifra que preocupa porque se trata de una enfermedad prevenible y con altas probabilidades de recuperación si se detecta a tiempo.
Marcela Kober, directora del Instituto Misionero del Cáncer, recordó además que la provincia es la segunda en tasa de mortalidad a nivel país por esta patología y que, en comparación con otros lugares, los casos suelen aparecer en mujeres más jóvenes.
Teniendo esos datos en el horizonte, este año se retomará el test de Virus del Papiloma Humano (VPH) en el sistema de salud pública, luego de más de dos años de pausa por cambios en las políticas sanitarias nacionales y la disolución del Instituto Nacional del Cáncer.
La medida forma parte del relanzamiento del programa de prevención del cáncer cervicouterino en la provincia, y viene acompañada de capacitación para el personal de salud.
Kober dialogó con PRIMERA EDICIÓN durante la quinta Jornada de Actualización Multidisciplinaria que se realizó ayer en Posadas, donde abordaron el circuito de atención y detección de estos casos para retomar el testeo a nivel provincial y optimizar el registro de casos.
En esos dos años, la especialista afirmó que aunque las pruebas de VPH se detuvieron, el cáncer de cuello uterino “es un problema de salud pública y privada” en la provincia por los problemas en el diagnóstico, pero también por la falta de registros unificados.
Toma conjunta y registro actualizado
Con el regreso del test de VPH, el sistema de salud vuelve a contar con las dos herramientas principales para detectar el cáncer de cuello uterino: el papanicolau (PAP), que se mantuvo activo en los últimos dos años, y el tamizaje de VPH, que permite identificar el virus antes de que genere lesiones.
Ambas pruebas se complementan para mejorar la detección del VPH, que causa el 99% de los cánceres de cuero uterino. Si en el tamizaje de VPH el resultado es positivo, quiere decir que la infección del virus está presente en el cuello uterino. Entonces, se lee el PAP, tomada en el mismo momento, que determina si hay alguna lesión asociada o no a esa infección.
Por eso, “la toma conjunta, para las mujeres mayores de 30 años, es un testeo que trata de detectar tanto lesiones precancerígenas como el cáncer en etapa temprana”, precisó Kober. En el caso de las mujeres menores de 30, el examen recomendado es únicamente el PAP.
La directora del IMC también se refirió a la realidad estadística de la provincia respecto a esta patología. Recordó que no hay un registro provincial formalizado, que nuclee cifras del sistema de salud público y el privado, y que la disolución del Instituto Nacional del Cáncer también impactó en ese aspecto.
Por esa razón, la formación de los profesionales de salud que sea plantea en esta etapa abarca cómo realizar el estudio de tamizaje, qué indicadores tener en cuenta, pero también cómo convertir esos testeos en datos que más adelante puedan ayudar a conocer la realidad sanitaria.
“Una clave es el registro, que tampoco estuvo 100% frenado, pero sí se puede optimizar. Es decir, buscamos no solo testear y controlar que cada paso sea como debe hacerse, sino que también eso esté registrado y que a través de esas cifras podamos tener conocimiento de qué cuestiones son las que nos faltan o que tenemos que reforzar”, aseguró la especialista.
Vacunación e incidencia joven
Aunque es un cáncer que se puede prevenir, en Misiones sigue siendo un problema serio y que aparece en mujeres más jóvenes que en el resto del país.
Uno de los problemas sigue siendo la vacunación. “Hay zonas en la provincia que están en rojo en cuanto a la cobertura de la vacuna, que es una sola dosis, y que no solo previene el cáncer de cuello uterino”, aseguró Kober.
A esto se suma que: muchas mujeres llegan tarde a los controles y que la incidencia es mayor en mujeres jóvenes. En la provincia los casos suelen aparecer alrededor de los 40 años, mientras que a nivel nacional el promedio está entre los 50 y 55.
“Siempre las causas del cáncer son multifactoriales. La principal es la infección por el VPH, pero otros factores que nos impactan mucho son, por un lado, la poca difusión de que existe una forma de prevenir antes de que ocurra la infección y los factores socioeconómicos de nuestra población”, agregó Kober.





