En medio de rutinas cada vez más exigentes, cansancio acumulado y una sensación de alerta que para muchas personas ya se volvió parte de la vida cotidiana, la médica clínica y especialista en medicina del estrés, Evelin Zamorano, puso el foco en una de las respuestas biológicas más frecuentes del organismo frente a la sobrecarga sostenida: la alteración del cortisol, conocida popularmente como “la hormona del estrés”.
Durante una nueva edición del micro “Pausa Antiestrés” por FM de las Misiones, la profesional invitó a prestar atención a una pregunta tan simple como reveladora: si el cuerpo realmente está en calma o si, por el contrario, permanece atrapado en un estado de alerta permanente.
Según explicó, muchas veces el estrés es asociado únicamente a lo emocional o mental, cuando en realidad se trata de un proceso biológico con impacto concreto sobre distintas funciones del organismo. En ese marco, señaló que el cortisol cumple un rol central, aunque aclaró que no debe ser entendido como algo negativo en sí mismo.
“El cortisol no es malo”, remarcó la especialista, al explicar que se trata de una hormona necesaria para despertarse, contar con energía y poder responder frente a determinadas situaciones. Sin embargo, advirtió que el problema aparece cuando ese mecanismo deja de ser puntual y pasa a mantenerse elevado o desregulado de manera crónica, algo que puede traducirse en múltiples síntomas físicos y emocionales.
Entre las señales más frecuentes, Zamorano mencionó el hecho de despertarse agotado, como si no se hubiera descansado, una situación que muchas personas suelen adjudicar únicamente al ritmo diario. También marcó como indicador habitual el deseo constante de consumir azúcar o café para poder sostener la jornada, junto con una mayor irritabilidad o sensibilidad emocional.
A eso se suman dificultades para dormir o despertares reiterados durante la madrugada, especialmente entre las dos y las tres de la mañana, además de tensión corporal persistente o contracturas frecuentes. Para la médica, uno de los mayores problemas es que este conjunto de síntomas suele ser naturalizado y asumido como parte inevitable de la vida diaria.
En esa línea, sostuvo que muchas de esas manifestaciones en realidad hablan de un sistema nervioso que no logra abandonar el “modo alerta”, es decir, un estado de activación sostenida que, si no se atiende a tiempo, puede profundizarse.
La especialista también advirtió sobre otras formas menos evidentes en las que puede expresarse el estrés crónico. Más allá del agotamiento o la mala calidad del sueño, señaló que también puede aparecer como falta de motivación, desconexión emocional o una sensación persistente de apatía, signos que a menudo no son asociados de inmediato con un cuadro de sobrecarga.
Por eso, insistió en la necesidad de no minimizar las señales tempranas. “El estrés a veces empieza con pequeños signos y si no los escuchamos ahí sí se manifiesta de manera mucho más potente hasta llegar a la enfermedad”, advirtió.
Cómo recuperar equilibrio
Ante la consulta frecuente sobre si el cortisol puede regularse de manera natural, Zamorano respondió que sí, aunque subrayó que no existe una solución mágica ni única. En cambio, señaló que la clave está en un abordaje integral vinculado con la medicina del estilo de vida, la regulación del estrés y determinados apoyos terapéuticos.
En ese punto, mencionó algunas herramientas que pueden colaborar con la regulación del sistema, como ciertas plantas medicinales utilizadas como adaptógenos, entre ellas la ashwagandha o Withania somnifera, así como nutrientes que suelen ser relevantes en contextos de estrés crónico, entre ellos el magnesio y los ácidos grasos omega-3. Aun así, este tipo de recursos no reemplaza la consulta profesional y debe evaluarse caso por caso, ya que suplementos y hierbas pueden no ser adecuados para todas las personas y pueden interactuar con tratamientos o condiciones preexistentes.
Pero más allá de esos apoyos, la médica hizo especial hincapié en una herramienta simple, accesible y muchas veces subestimada: la respiración consciente. Según explicó, se trata de una de las formas más rápidas de disminuir la activación del sistema nervioso simpático, responsable de la respuesta de lucha o huida que suele permanecer encendida en contextos de estrés prolongado. El estrés sostenido puede asociarse a problemas de sueño, tensión muscular, fatiga, irritabilidad y falta de motivación, aunque esos síntomas no significan por sí solos “cortisol alto” y pueden requerir evaluación clínica si persisten.
“El cuerpo no distingue entre un problema laboral, una preocupación constante, una amenaza real o algo que te estés imaginando constantemente que podría llegar a pasar”, explicó. Y agregó que, para el sistema nervioso, todos esos escenarios pueden ser interpretados como una situación de peligro.
A partir de esa lógica, sostuvo que si no se generan momentos de pausa y desaceleración, el organismo no logra regresar por sí solo al equilibrio, quedando atrapado en una dinámica de tensión permanente.
Una técnica simple para bajar la activación
Como herramienta práctica, Zamorano compartió un ejercicio breve de respiración pensado para aplicar antes de dormir o en momentos de tensión. La técnica consiste en inhalar por la nariz durante cuatro segundos, sostener el aire durante dos y exhalar lentamente por la boca en seis segundos, repitiendo la secuencia cuatro veces.
De acuerdo con la profesional, este tipo de práctica puede ayudar a modificar la respuesta del sistema nervioso y colaborar con una mayor regulación emocional.
En el cierre de su intervención, la médica insistió en que el objetivo no debería ser empezar a ocuparse de la salud únicamente cuando aparece una enfermedad, sino aprender a reconocer las señales previas que da el cuerpo y actuar antes de que el malestar se vuelva crónico.
sintetizó.





