Hay una Argentina que se levanta cada mañana, ficha en un reloj, tiene obra social y sabe que, si se enferma, su sueldo seguirá ahí. Pero hay otra, que ya representa a 4 de cada 10 trabajadores, para la cual el derecho laboral es una ficción teórica, algo que lee en los diarios pero que no ve en sus bolsillos. Sin embargo, su distribución dista de ser uniforme. Por el contrario, el fenómeno presenta fuertes niveles de concentración territorial, productiva y social, lo que configura un mercado laboral fragmentado, con segmentos donde el trabajo no registrado no es la excepción sino la regla.
Así lo muestra el informe “Panorama del empleo informal y la pobreza laboral”, elaborado por el IIEP-UBA/CONICET, que analiza la evolución reciente del empleo informal y su vínculo con los ingresos y la pobreza. Según el estudio, en el cuarto trimestre de 2025, la tasa de informalidad se ubicó en 43%, lo que implica que millones de trabajadores se desempeñan sin aportes jubilatorios, cobertura de salud ni protección legal. Sin embargo, ese promedio nacional sintetiza realidades profundamente dispares según el territorio, la actividad económica y las características de la fuerza laboral.
Geografía de la exclusión
La informalidad en Argentina no se reparte con equidad. El mapa que dibuja el informe muestra una fractura territorial violenta. En el Noroeste (NOA), Noreste (NEA) y Cuyo, la informalidad no solo es elevada, sino que supera el 50% del empleo, consolidándose como la forma predominante de inserción laboral. En estos territorios, el trabajo en negro deja de ser marginal para convertirse en un rasgo estructural del mercado de trabajo. Allí, la excepción es estar en blanco.
En contraste, la Patagonia presenta niveles considerablemente más bajos, con tasas que se ubican más de 15 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional. También el Gran Buenos Aires y la región pampeana registran valores relativamente inferiores, aunque igualmente elevados en términos absolutos.
El análisis por aglomerados urbanos refuerza esta fragmentación. Mientras ciudades como Gran San Juan (60,9%), Santiago del Estero-La Banda (58,8%) o Gran Tucumán-Tafí Viejo (58,4%) exhiben niveles críticos, en el otro extremo aparecen casos como Ushuaia-Río Grande (18,5%), Río Gallegos (26,1%) o la Ciudad de Buenos Aires (24,8%). Esta dispersión evidencia que la informalidad no responde únicamente a dinámicas nacionales, sino también a condiciones productivas, institucionales y sociales propias de cada región.

Sectores dominantes: la norma de la precariedad
La concentración de la informalidad también responde a la estructura económica.
Existen actividades donde el empleo no registrado alcanza niveles extremos. Tal es el caso del servicio doméstico, con una tasa de 79,8%, y la construcción, con 72,6%, dos sectores donde la informalidad es prácticamente la norma.
Estos rubros, además, concentran trabajadores con menores niveles educativos y mayor vulnerabilidad social, lo que refuerza el carácter estructural del fenómeno. En el caso del servicio doméstico, la informalidad está fuertemente feminizada; en la construcción, se concentra en varones con baja calificación.
En el otro extremo, el sector público (6,9%) y los servicios financieros y profesionales (22,5%) presentan niveles significativamente menores, lo que muestra la existencia de segmentos del mercado laboral donde la formalidad es predominante.
Sin embargo, más allá de los extremos, el informe identifica al comercio como el principal núcleo de la informalidad en términos absolutos. Con una tasa de 54,7% y un peso relevante en el empleo total, este sector explica una parte sustancial del trabajo no registrado en el país.

El tamaño sí importa: la trampa de la microempresa
Otro factor determinante es el tamaño de las unidades productivas. En empresas de hasta cinco trabajadores, la informalidad alcanza al 68,2%, mientras que en establecimientos de más de 40 empleados desciende al 12,5% .
La diferencia no solo es significativa, sino que revela un patrón estructural: a menor escala productiva, mayor precariedad laboral.
Además, el informe señala que más de tres cuartas partes del empleo informal se concentra en microestablecimientos, lo que responde tanto a su elevada incidencia como a su peso en el total del empleo.
Este dato introduce un elemento clave para el análisis: la informalidad no es solo un problema laboral, sino también un rasgo de la estructura productiva argentina, caracterizada por una fuerte presencia de unidades económicas pequeñas y de baja productividad.
Perfiles más expuestos
La informalidad no afecta a todos por igual. Su incidencia se concentra en determinados grupos sociales. Los jóvenes de entre 16 y 24 años enfrentan las mayores dificultades de inserción: el 67,4% trabaja en la informalidad, una cifra que refleja las barreras de entrada al mercado laboral formal.
También se observan brechas de género. Las mujeres presentan una tasa de informalidad superior a la de los hombres, en parte vinculada a su mayor participación en sectores altamente precarizados, como el trabajo doméstico. El nivel educativo, por su parte, marca diferencias decisivas. Entre quienes no completaron el secundario, la informalidad alcanza el 67,5%, mientras que entre los trabajadores con estudios universitarios desciende al 17,8%.
En otras palabras, los trabajadores con menor capital educativo tienen hasta cuatro veces más probabilidades de insertarse en empleos informales.
Ingresos más bajos y mayor desigualdad
La informalidad no solo implica la ausencia de derechos laborales, sino también una penalización económica significativa.
Según el informe, los trabajadores informales perciben, en promedio, ingresos 38% menores que los formales con características similares, lo que evidencia una brecha estructural en el mercado de trabajo.
Esta desigualdad se refleja en la distribución del ingreso. En el quintil más bajo, más del 80% de los trabajadores son informales, mientras que en el quintil más alto la incidencia se reduce a apenas 8,5%.
La informalidad, en este sentido, no solo acompaña la desigualdad: la reproduce y la profundiza.
Un problema persistente
Más allá de las fluctuaciones recientes, el informe advierte que la informalidad se mantiene en niveles elevados desde hace años. En particular, la tasa de informalidad entre los asalariados -que representa una parte sustancial del fenómeno- permanece prácticamente estancada desde hace más de 15 años, lo que refuerza su carácter estructural.
En ese contexto, el mercado laboral argentino aparece atravesado por una dinámica dual: sectores, regiones y grupos con mayores niveles de formalidad conviven con amplios segmentos donde el empleo en negro es predominante.
El informe completo aquí👇
Informe-Informalidad-Marzo









