Al margen de los festejos comerciales que suelen dominar cada 14 de febrero, en las costas argentinas la fecha tiene otro significado. Hoy se celebra el Día del Guardavidas, una jornada que en los últimos años se consolidó como reconocimiento profesional, pero cuya historia está atravesada por el sacrificio y la memoria.
La efeméride nació de una tragedia. Durante décadas, el Día del Guardavidas se conmemoró el 4 de febrero, en recuerdo de Guillermo “El Chino” Volpe, un joven de 22 años que en 1978 perdió la vida en Playa Grande, Mar del Plata, mientras intentaba rescatar a un bañista. Fue la primera muerte registrada en cumplimiento del deber en el país y marcó un punto de inflexión en la organización y profesionalización del sector.
Con el tiempo, el gremio decidió diferenciar homenaje y celebración. Tras un congreso del Sindicato Único de Guardavidas de la República Argentina (SUGARA), se estableció el 14 de febrero como día de reconocimiento profesional, dejando el 4 exclusivamente como el Día del Guardavidas Caído, una jornada de reflexión y ofrendas florales en honor a quienes no regresaron de un rescate.
La decisión no implicó olvido, sino una redefinición simbólica: celebrar la profesión sin diluir la memoria de quienes murieron ejerciéndola.
Hoy, la figura del guardavidas dista mucho de aquella imagen del “bañista atento” en una torre. La actividad se profesionalizó: exige formación en rescate acuático, RCP, primeros auxilios y protocolos de emergencia. Sin embargo, el debate laboral sigue vigente. En distintos puntos del país, el sector reclama el cumplimiento efectivo de la Ley Nacional 27.155, que regula la actividad y establece, entre otras cuestiones, una dotación mínima de dos profesionales por puesto.
Así, el 14 de febrero no es solo una fecha en el calendario. Es el recordatorio de una tarea silenciosa que combina prevención, entrenamiento y exposición permanente al riesgo. Y es, también, una invitación a reconocer que detrás de cada bandera roja o silbato hay una historia de vocación y responsabilidad que empieza mucho antes de que alguien entre al agua.








