Desde hace poco más de seis meses, la ONG Remar abrió un centro de contención dirigido a hombres con consumos problemáticos donde en la actualidad llevan adelante su proceso de recuperación doce personas.
Según contó a PRIMERA EDICIÓN Gabriel Ojeda, el encargado del local de ventas benéficas de esta organización cristiana sin fines de lucro que tiene 26 centros en Argentina y trabaja en 72 países, “Remar cuenta con centros comunitarios tanto para hombres como para mujeres, donde no solo realizamos un trabajo de desintoxicación al cual llamamos primera fase, sino que también llevamos al individuo a resocializarse y entender que a través de algún oficio o tarea puede enfrentar una nueva etapa de su vida sintiéndose útil para la sociedad, a esta etapa le llamamos segunda fase. Remar no es un centro de rehabilitación o un programa clínico con médicos o consejeros, donde recibe una desintoxicación medicada.
En cambio, es una comunidad con personas dedicadas íntegramente a la ayuda humanitaria, que en su mayoría han sido primeramente ayudados a salir de situaciones precarias y que deciden amparar a otros que se encuentran en situación de emergencia”.
El centro que funciona en Eldorado (en el kilómetro 18, Avenida Independencia 623 ex Callao) es de segunda fase, “significa que en Eldorado transitan la segunda etapa del período de recuperación del tratamiento de consumo problemático. La primera fase corresponde al ingreso, cuando se comienzan con las actividades en granja. En la segunda fase ya se asignan otras actividades.
La sede de Remar más cercana a Misiones que ofrece primera fase es Resistencia, Chaco. Pero estamos haciendo todo lo posible para poder abrir la granja (primera fase) también en Eldorado”, contó.
Según detalló, “en todas las sedes viven en comunidad, no hablamos de internación sino de comunidad”, explicó y detalló que “la contención que recibimos es espiritual por parte de nuestros pastores, copastores y hermanos con los que convivimos. Cuando vemos a alguien cabizbajo, preguntamos cómo está, cómo está la familia… no contamos con profesionales de salud mental, nuestro centro es de contención cristiano”.
Se deriva a otras sedes
En la casa comunitaria de Eldorado viven solo hombres. No obstante, Remar tiene en el país centros de acogida de niños, mujeres y también de matrimonios.
Según precisó Ojeda, “cuando ingresa una persona con problemas de consumo se la deriva a la sede más cercana que cuente con lugares para hacer la primera fase del tratamiento” y detalló que en estos meses que llevan en Eldorado, “se derivaron a muchos jóvenes de Eldorado, Montecarlo e Iguazú al centro de Resistencia”.
El tratamiento dura 18 meses y, cuando termina, las personas pueden elegir quedarse para seguir ayudando a otros.
Autosustentable
Los centros Remar brindan tratamiento en forma gratuita. Para su autosustento, la organización vende casa por casa y en el local ubicado sobre Lowe 107, a 50 metros de la plaza central, aceite de oliva y especies de la marca La Elvira, además de bolsitas de residuos.
También venden artículos usados que reciben en donación: prendas de vestir, zapatos, electrodomésticos, muebles, etc.
“Toqué fondo cuando mi hija me dijo que le daba vergüenza”
Como muchos, Gabriel Ojeda (35) comenzó su historia de consumo a los 18 años, “al principio uno piensa que puede controlarlo, que solo es por el fin de semana, pero cuando te das cuenta estás totalmente atrapado y sentís que ya no podés salir”, relata con la crudeza que solo otorga la experiencia. Comenzó con el alcohol y el cigarrillo. Pero la escalada fue implacable: marihuana, cocaína y sustancias cada vez más letales fueron marcando el ritmo de una vida que se desbarrancaba.
El consumo no solo devastó su salud, sino su entorno más íntimo. La culpa, las mentiras y las fallas a sus seres queridos -su madre, su pareja, sus hijos- se convirtieron en su sombra. “Comenzás a lastimar a tus amigos, a tu madre, a tu pareja, a tus hijos… todo por culpa del consumo”, recordó.
La adicción lo llevó a conocer la cara más amarga de la marginalidad. Durante casi dos años, Gabriel estuvo en situación de calle. En los hogares que, por caridad, le brindaban un techo y un plato de comida, su única obsesión era conseguir dinero para la próxima dosis. “Donde yo llegaba, destruía”, confesó sin esquivar la responsabilidad de sus actos.
Sin embargo, el verdadero fondo no llegó con la pérdida de sus bienes materiales. Gabriel había tenido auto, casa y buenos trabajos, pero la sustancia se lo cobró todo. El golpe más duro fue emocional, propinado por la inocencia y el dolor de su propia sangre: “Mi hija me dijo que tenía vergüenza de mí por cómo me encontraba”.
A partir de ese momento, las puertas se cerraron. La desconfianza de su entorno era total; nadie quería ayudarlo porque todos sabían que pedir auxilio era solo un pretexto para recaudar y conseguir sustancias.
Antes de llegar a la tierra colorada, Gabriel intentó salir del pozo por vías convencionales pero no lo logró. Fue en la soledad de un baldío, tocando fondo, donde encontró una tabla de salvación inesperada, la fe. “Siento que el único camino es Dios y Jesús”, aseguró.
Cómo contactarse
En el número telefónico 3751-506573 se puede solicitar información acerca de la ONG y de cómo internarse. También a ese número se pueden comunicar los interesados en colaborar con donaciones.






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