
La presencia de niños y adolescentes al volante de motocicletas, automóviles y cuatriciclos constituye una problemática para la seguridad vial, especialmente cuando no cuentan con la edad ni la habilitación legal para conducir. Los riesgos de estas prácticas volvieron a quedar expuestos días atrás en San Vicente, donde tres menores de edad protagonizaron un siniestro con dos cuatriciclos.
En ese episodio, una adolescente de 14 años conducía uno de los vehículos junto a otra menor de la misma edad, quien cayó y posteriormente fue atropellada por un segundo cuatriciclo manejado por un niño de apenas 9 años.
El caso reavivó el debate sobre el acceso de los menores a vehículos motorizados y, principalmente, sobre la responsabilidad de los adultos que permiten estas situaciones.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, la jueza de Faltas de Posadas, Bettina Balbachán, analizó la problemática, explicó las edades legales para obtener una licencia de conducir y puso especial énfasis en el papel de las familias para prevenir siniestros viales.
La magistrada reconoció que en su actividad cotidiana se encuentra con infracciones protagonizadas por conductores de muy corta edad.
“Me pasa cada vez que tomo un acta de infracción que ingresa y veo un documento de 52 millones y digo: ‘Dios mío’. Es inevitable para mí, además de mi función laboral, como mamá y sabiendo el número de documento de mis hijos, notar que estamos hablando de una criatura al volante”, expresó.

Padres e hijos deben asumir sus responsabilidades
Balbachán explicó que, cuando se detecta a un menor conduciendo sin habilitación, debe presentarse acompañado por sus padres o alguno de sus responsables para efectuar el descargo correspondiente.
En estos casos, una de las medidas que suele disponer es la participación conjunta de adultos y adolescentes en instancias de capacitación vial.
“Cuando se le toma el descargo a ese menor al volante, el mismo se presenta con sus padres o uno de ellos y acreditan la situación, se hace un descargo y generalmente cuando dicto alguna sentencia con un menor, mando a hacer un curso conjunto padres e hijos, porque evidentemente hay cuestiones que están fallando en las casas”, señaló.
Para la jueza, la problemática no puede reducirse a una infracción de tránsito, ya que también refleja determinadas conductas familiares que terminan facilitando el acceso de los adolescentes a vehículos que todavía no están autorizados a manejar.
En ese sentido, cuestionó que algunos adultos consideren una habilidad destacable que sus hijos aprendan a conducir antes de alcanzar la edad permitida.
“Los padres dejan de ser un poco padres, para convertirse en amigos. Le prestan el auto, la moto y como que está divertido decir que ‘mi hijo ya maneja y tiene 14 años’, es audaz”, sostuvo.
La funcionaria planteó que, más allá de las multas y otras medidas previstas por la normativa, es necesario analizar por qué un niño o adolescente puede salir de su vivienda conduciendo un vehículo sin autorización.
“¿Qué nos está pasando como sociedad, para que una criatura salga con un vehículo, para que haya tenido acceso a manejar o aprender a manejar un vehículo?”, se preguntó.
Y agregó: “Cualquier control, cualquier sanción parece insuficiente y nos lamentamos cuando ocurren las tragedias”.

¿Desde qué edad se puede conducir una moto o un automóvil?
Durante la entrevista, Balbachán también explicó cuáles son las edades mínimas establecidas para obtener una licencia de conducir, que varían de acuerdo con el tipo de vehículo.
“Los jóvenes pueden obtener la licencia para conducir un vehículo a partir de los 18 años. Ahora, desde los 17 años podés llegar a obtener una licencia con autorización presencial de ambos progenitores en el centro de emisión de licencias”, detalló.
En el caso de las motocicletas, la edad mínima puede ser inferior, dependiendo de la cilindrada del rodado.
“En el caso de las motos se arranca antes, depende de la cilindrada, ¿no?; y comenzando desde la menor cilindrada pueden obtener la licencia a los 16 años”, precisó.
La magistrada remarcó que el cumplimiento de estos requisitos es fundamental, aunque insistió en que la prevención de los siniestros viales requiere mucho más que fiscalización.
Según explicó, los controles, la conducta individual, la responsabilidad de los adultos y las condiciones de infraestructura deben funcionar de manera complementaria para mejorar la seguridad vial.
“No se trata solo de controles, de hecho los controles están detectando estas faltas e infracciones, pero ¿qué pasa en el instante previo al control? ¿Cómo salió ese menor de la casa?”, planteó.

“Lo que primero debe cambiar en relación a los jóvenes son los adultos”
Otro de los aspectos que destacó Balbachán fue la influencia que tienen las conductas de los mayores sobre los hábitos de los adolescentes.
En ese sentido, advirtió que las prácticas de conducción irresponsables también se transmiten mediante el ejemplo cotidiano, como circular sin cinturón de seguridad, no utilizar casco, conducir utilizando el teléfono celular o incumplir otras normas de tránsito.
“Lo que primero debe cambiar en relación a los jóvenes son los adultos. Los adultos que marcan ese camino que van haciendo los jóvenes. Enseñamos mucho más con el ejemplo y con lo que hacemos”, afirmó.
Para la jueza, la decisión de entregar las llaves de un vehículo a un menor que no está habilitado para conducir constituye un momento determinante, porque expone tanto al propio adolescente como a otras personas a situaciones de riesgo.
Al ser consultada sobre qué les diría a los padres que permiten conducir a sus hijos pese a conocer que no tienen la edad correspondiente, respondió que esa decisión puede marcar la diferencia entre prevenir un hecho o permitir que ocurra.
“Les diría que esa también es una decisión, que ese es el instante previo al que todo lo demás suceda. Ese es el momento en donde tenemos la alternativa de que las cosas sean de otra manera”, reflexionó.
Finalmente, Balbachán insistió en que permitir que un menor conduzca sin licencia también implica transmitirle una conducta contraria al respeto de las normas.
“Cuando le damos el vehículo a un menor, le estamos enseñando a transgredir las normas, porque no tiene licencia, le estamos enseñando que los riesgos no importan y no le estamos enseñando tampoco a cuidarse ni a él, ni al otro”, concluyó.




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