
Por Ricardo Falcón y Horacio Grondona, enviados especiales
Hay lugares que se visitan para conocer y otros que, además, invitan a viajar en el tiempo. El Museo de Motos de Eldorado pertenece a esta última categoría. Detrás de cada vehículo hay una historia, una persona, una época y una parte de la identidad de la ciudad.
Escapadas recorrió este espacio, que fue inaugurado el 29 de septiembre de 2025, pero su historia comenzó mucho antes. Durante 31 años, Omar Ocampos trabajó para convertir una pasión personal en un proyecto capaz de reunir y preservar verdaderas piezas históricas.
La visita permite encontrarse con motos que van desde modelos de los primeros años del siglo XX hasta máquinas mucho más recientes. Entre ellas sobresale una verdadera reliquia: una Wanderer de 1922, que lleva más de cien años sobre sus ruedas. Lejos de querer devolverle un aspecto nuevo, Ocampos eligió conservarla tal como llegó. “La moto más antigua está con todo el desgaste, pero no vale la pena sacarle la historia a una moto que tiene más de 100 años”, explica.

Ocampos reconoce que le gustan todas las motos de la colección, pero no solamente por sus características mecánicas.“Me gustan todas porque tienen sus historias, porque tienen un valor muy importante”, cuenta.
Algunas fueron particularmente difíciles de conseguir. Otras llevaron años de trabajo para completar cada una de sus piezas.
La colección también habla de paciencia. “Las motos no se arman solas. Hay algunas que llevaron 15 años para completarlas”, relató.

Detrás de ese esfuerzo también hay una familia. Ocampos está al frente del proyecto, pero reconoce que es el resultado del acompañamiento de muchas personas. Su esposa Mara, sus hijas Mica y Priscila, sus hermanos y colaboradores fueron fundamentales para que su sueño pudiera convertirse en realidad.
Un homenaje a Malvinas
Uno de los sectores más especiales del museo está dedicado a la Guerra de Malvinas. Allí se encuentra una réplica de la Zanella Surumpio que formó parte de la flota de motocicletas utilizadas por el Ejército Argentino. Conseguirla fue un desafío que llevó doce años. Es una moto sencilla, que no fue diseñada específicamente para una guerra: “Es bueno tener acá nuestro tributo a nuestros héroes de Malvinas”, remarcó.

El rincón de Fangio
Otro de los sectores que sorprende es el espacio dedicado a Juan Manuel Fangio.
Para llegar hasta allí hay que subir por una rampa que simula una calle y atravesar un semáforo acondicionado para que los más chicos puedan aprender el significado de cada color.
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El espacio recrea el taller del quíntuple campeón mundial y cuenta con una réplica de un Ford A de 1929, asociado a los primeros pasos de Fangio en el automovilismo, además de una Chevrolet y otros vehículos históricos. Entre las piezas hay una bicicleta similar a la que Fangio le habría regalado a su padre después de obtener su primera victoria.

La entrada al museo es libre y gratuita, una invitación abierta para que todos puedan recorrer un lugar donde cada motocicleta tiene algo para contar. Porque en Eldorado, algunas historias no están escritas solo en libros, también están guardadas en motores, ruedas y carrocerías que se ponen en marcha con el inicio de las visitas.
269
Es el total de unidades de la colección de Omar, entre las que se encuentran 157 motos, unas 100 bicicletas y 12 autos clásicos y antiguos. La sede está sobre avenida San Martín 3037, en un lugar que tiene su propia historia, ya que allí funcionó la Panadería Ester Hermanos, una de las primeras de Eldorado. La propiedad pudo convertirse en la sede definitiva del museo gracias a la donación de Guillermo Ester y Diego Ester. Así, esas paredes reúnen diferentes historias.
Tehuelche, sello nacional
Entre las piezas que despiertan especial interés aparece también una Tehuelche, motocicleta de fabricación nacional que forma parte de la historia de la industria argentina.
Fue diseñada y fabricada en el país y nació a partir del trabajo de dos italianos que llegaron a la Argentina y comenzaron desarrollando compresores en un gran galpón de Buenos Aires.
En este caso, la Tehuelche incorporó un motor de cuatro tiempos y tuvo protagonismo en competencias de la época, llegando a obtener triunfos en distintos campeonatos sudamericanos.





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