Nancy Calderón
Coach The John C. Maxwell
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Vivimos en una época en la que la inteligencia artificial está cada vez más presente en nuestro trabajo, en nuestras decisiones y hasta en la manera en que buscamos información.
Hoy podemos pedirle a una herramienta que escriba, organice, analice o nos ayude a encontrar respuestas en pocos segundos. Sin embargo, hay algo que ninguna tecnología puede hacer por nosotros conocernos, comprender lo que sentimos y elegir cómo queremos actuar frente a lo que nos sucede.
Por eso, en la era de la IA, desarrollar nuestra inteligencia emocional se vuelve todavía más importante. No se trata de competir con la tecnología, sino de aprender a utilizarla sin perder aquello que nos hace humanos.
Una persona puede tener acceso a mucha información y, al mismo tiempo, reaccionar impulsivamente ante una crítica, tomar decisiones desde el enojo o no saber cómo conversar con alguien que piensa diferente.
La verdadera diferencia está en cómo gestionamos lo que sentimos. Liderar nuestra inteligencia emocional comienza por aprender a reconocer nuestras emociones.
A veces decimos “estoy mal”, “estoy cansado” o “estoy de mal humor”, cuando en realidad detrás puede haber frustración, miedo, inseguridad o preocupación.
Ponerle un nombre a lo que sentimos nos ayuda a comprender qué necesitamos y evita que respondamos automáticamente.
También es importante aprender a hacer una pausa antes de contestar un mensaje, tomar una decisión o tener una conversación difícil.
Unos minutos para respirar, ordenar las ideas y preguntarnos qué queremos lograr pueden cambiar completamente nuestra manera de actuar. En el ámbito laboral, esto adquiere un valor especial. La IA puede ayudarnos a ser más rápidos y eficientes, pero no reemplaza la empatía, la escucha, la capacidad de generar confianza ni la responsabilidad de nuestras decisiones.
Un buen líder necesitará cada vez más combinar herramientas tecnológicas con habilidades humanas: saber escuchar, comunicar con claridad, reconocer errores, adaptarse a los cambios y acompañar a otras personas en momentos de incertidumbre.
La tecnología seguirá avanzando y seguramente nos sorprenderá muchas veces. Pero mientras más herramientas tengamos a nuestra disposición, más necesario será aprender a gobernarnos a nosotros mismos. Liderar en la era de la inteligencia artificial no significa saberlo todo sobre tecnología.
También significa saber quiénes somos, qué sentimos, cómo tratamos a los demás y qué decisiones elegimos tomar cuando nadie puede decidir por nosotros.






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