
Un pequeño cartel blanco anuncia “Camping El Faisán” al costado de la ruta provincial 4. No dice demasiado. Apenas el nombre y la indicación de un camino de tierra que se interna entre la vegetación. Desde afuera es difícil imaginar qué hay detrás.
Escapadas llegó hasta allí casi de casualidad, durante un recorrido por Bonpland. Tras ingresar por aquel camino, una casa familiar, ubicada al final del trayecto nos avisó que ese era el destino.
Los primeros en recibirnos fueron varios perros que anunciaron nuestra llegada con una batería de ladridos. Después aparecieron José Luis Pérez e Inés Paula Gerlach, los propietarios, quienes nos invitan a sentarnos en la galería.
La charla comenzó allí, entre el movimiento de los faisanes, pavos reales, gallinas y gallos, y el paisaje de una chacra que todavía conserva mucho de aquel espacio que alguna vez encontraron casi vacío. “Acá no había nada edificado, solo un ranchito y pastizal”, recordó José.

Oriundos de El Soberbio, donde durante buena parte de su vida estuvieron vinculados a la apicultura, la pareja vio a la pandemia como un punto de inflexión y la posibilidad de comprar una pequeña chacra para alejarse del encierro y del ruido urbano.
Desmalezaron, construyeron su vivienda y recuperaron los espacios verdes. Poco a poco, el lugar comenzó a tomar forma. Y entonces apareció otra idea: abrir las puertas de la chacra para que otros pudieran disfrutar de ese entorno. Así nació el Camping, en 2022. El predio es atravesado por el arroyo Mártires, uno de los grandes protagonistas del paisaje. El agua corre entre la vegetación y cambia de carácter según la época del año: puede encontrarse tranquila y poco profunda o adquirir mayor fuerza en determinados sectores. Es justamente ese arroyo el que termina de darle identidad al lugar.

Hay árboles, pasto, mesas y bancos de madera, parrillas, electricidad y sanitarios con ducha. Se puede pasar el día o quedarse a acampar. No hay cantina, por lo que la recomendación es llegar con todo lo necesario para la jornada.
El agua invita a refrescarse durante los días de calor. También hay posibilidad de ingresar con kayak y dejarse llevar en algunos sectores del arroyo.
Además, la pesca forma parte de las actividades que se pueden realizar en el lugar.
Pero si hay algo que domina la experiencia es el silencio. O, mejor dicho, los sonidos de la naturaleza: los pájaros, el agua corriendo, el viento entre los árboles y el movimiento de los animales.

Uno puede sentarse a la sombra, preparar un almuerzo, acercarse al arroyo o simplemente extender una toalla sobre el pasto y mirar hacia arriba.
Por eso, llegar aquí es un poco más que buscar un lugar donde pasar el día. Es conocer una historia que pasó por los cuarteles y la fanfarria de los Granaderos, siguió en el El Soberbio y terminó encontrando en Bonpland un nuevo capítulo entre el monte, el agua y los faisanes.
Y cuando el visitante se sienta frente al arroyo y deja de escuchar por un momento el ruido de la ruta, queda claro por qué José Luis y Paula eligieron este lugar.

De granadero a apicultor
José Pérez fue soldado del Ejército Argentino e integró el Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”. Cumplió con el servicio militar obligatorio y formó parte de la categoría 55. En 1978 juró lealtad a la bandera argentina. El diploma que lo acredita está colgado en su casa con orgullo. Después vendrían las colmenas, la producción de miel y el contacto con la naturaleza.
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Cómo llegar
Desde Posadas, se toma la ruta nacional 12 hasta Candelaria y luego la ruta provincial 4 hacia Bonpland. Tras atravesar el casco urbano, se continúa por el mismo camino hacia las afueras, unos dos kilómetros hasta encontrar, a mano izquierda, el acceso al Camping El Faisán. Ingresando por el portón, a unos 100 metros, se llega a un entorno rural y rodeado de monte misionero.

Camping y Balneario Municipal
A pocos minutos del centro de Bonpland, a un kilómetro de la terminal de ómnibus, sobre la ruta provincial 4, el Camping y Balneario Municipal aparece como una de esas escapadas sencillas que todavía conservan el espíritu de los tradicionales balnearios misioneros.
El camino de acceso conduce hacia un espacio rodeado de árboles y vegetación, donde el arroyo Mártires se convierte en el gran protagonista.
El agua, las sombras y el sonido constante de la corriente invitan a quedarse, especialmente durante los días de calor.
El predio ofrece una propuesta rústica y familiar, con sectores para pasar el día, mesas, parrillas, sanitarios, duchas y espacio para acampar.
También cuenta con sectores junto al arroyo y una cascada que completa el paisaje.
No hace falta demasiado para disfrutarlo: una reposera, algo para compartir y ganas de pasar unas horas al aire libre.
El camping propone justamente eso: desconectarse sin alejarse demasiado del pueblo.
Entre el verde, el agua y el canto de los pájaros, el Balneario Municipal de Bonpland mantiene además un lugar especial en la memoria de los vecinos, que durante generaciones encontraron allí un espacio para refrescarse, reunirse en familia y disfrutar de la naturaleza misionera en estado puro.





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